miércoles, 12 de septiembre de 2012

MICGénero 2012/VI



En 80 Días (80 egunean, España, 2010) engaña con la verdad. Es decir, desde el inicio hasta que llega el desenlace, pasando por su funcional pero competente desarrollo visual/argumental, la cinta es lo que parece: un convencional melodrama femenino/lésbico en el que dos amigas de la adolescencia se encuentran 50 años después para revivir/replantear una relación de amor/amistad que nunca pudo ser.
Axun (Itziar Aizpuru ) es una amable anciana que vive con su aburrido marido Juan Mari (José Ramón Argoitia) en una pequeña granja en el País Vasco. Cuando se entera que su exyerno Mikel -el exmarido de su hija Josune (Ane Gabarain), quien vive en California y que no quiere saber nada de él- quedó en estado de coma después de un accidente, la santa señora cree que es su obligación visitarlo. En el cuarto donde yace Mikel está otra viejita, la extrovertida Maite (Mariasun Pagoaga), quien tiene en coma a su hermano, a quien visita cotidianamente. Después de un par de días, las dos mujeres se darán cuenta que son las versiones de la tercera edad de unas "mejores amigas" que, cuando adolescentes, eran inseparables.
Medio siglo después, las dos mujeres no podían ser más distintas: una es maestra de música a punto de jubilarse, tiene un temperamento abierto y no teme subir la voz o decir lo que piensa. La otra, es callada, modesta, tímida y está casada con un hombrón al que tiene que servirlo en todo -hasta en abrir cada frasco que necesita el tipo-, además de tener una hija madura, gritona y resentida que no quiere saber de nada de nadie y que vive al otro lado del Atlántico. Otra diferencia: Maite es abiertamente lesbiana; Axun, por supuesto, no sabe nada de "esas cosas", aunque un oportuno flash-back nos muestra que, cuando jovencitas, Maite y Axun llegaron a "probar" cómo dar un beso. Maite sabe que, en algún momento, estuvo enamorada de su amiga. Axun, 50 años después, empieza a darse cuenta de ello. 
Al inicio apuntaba que estamos ante una cinta que engaña con la verdad. El melodrama está realizado con la solvencia necesaria pero sin brillo alguno -los directores son el debutante Jon Garaño y José María Goenaga, quien ha codirigido antes un largometraje animado y otro documental-, pero esta discreción termina actuando a favor de la cinta cuando se acerca el bien resuelto desenlace. Ahí, en esos últimos minutos, uno se da cuenta que, con todo y los convencionalismos y las servidumbres propias de una película que a ratos más parece un telefilme de Hallmark, es posible trascender estas ataduras formales/estéticas para terminar entregando un producto que, sin dejar de ser modesto, es también más que digno. Ahí, decía, en el final, logramos ver con otros ojos a cada personaje del filme, incluso a los secundarios -la hija alejada, el marido silencioso-, quienes  aparecen como figuras mucho más complejas e interesantes. Exactamente como la película misma, que se nos muestra blanda, convencional, hasta simplona y, de improviso, nos muestra una faceta desconocida.

En 80 Días se exhibe hoy miércoles en el Museo de la Mujer a las 14 horas.

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