viernes, 28 de diciembre de 2012

La Caza



La Caza (Jagten, Dinamarca, 2012), séptimo largometraje del disparejo pero siempre interesante cineasta danés Thomas Vinterberg (La Celebración/1998, Calles Peligrosas/2004, Submarino/2010) funciona como inevitable pieza de acompañamiento de la película con la que él se dio a conocer internacionalmente, La Celebración
Si en la cinta de 1998 -ariete, por cierto, de esa efímera tomadura de pelo que fue Dogma 95- un anciano y respetado pater-familias era acusado por su propio hijo adulto de un constante abuso sexual en su infancia, desatando una implosion familiar en plena fiesta de cumpleaños del viejo perverso, en La Caza la situación se invierte por completo: un amable, civilizado y profesional profesor de kínder es acusado falsamente de haber abusado sexualmente de una niñita -y, luego, de varios otros niños- lo que lleva al pobre diablo a sufrir el ostracismo, el acoso y el abuso directo de parte de sus compañeros de trabajo, de sus vecinos y hasta de sus amigos más cercanos, pues basta que la sospecha pedófila se anide en la mente de estos primer-mundista daneses para que salga lo peor de sus prejuicios y crueldades. 
El guión escrito por el propio cineasta en colaboración con Tobias Lindholm no deja espacio para la ambigüedad. Es claro que Lucas, el susodicho maestro de preescolar -interpretado por Mads Mikkelsen, Mejor Actor en Cannes 2012 por este papel-, no ha abusado de nadie. La mentira que suelta Klara (Annika Wedderkopp), la niñita que alega haber sido tocada por Lucas, fue producto del despecho, de la confusión y, ¿por qué no?, hasta de la crueldad más casual e ingenua de las que podemos ser capaces los seres humanos, aunque tengamos cinco años de edad y una carita encantadora como Klara. Así pues, Vinterberg nos ubica desde el inicio y hasta el desazonante final paranoico, del lado de Lucas, de tal forma que vemos, sufrimos y experimentamos "la caza" en la que resulta que él es la presa.
La película se vuelve un irritante y, al mismo tiempo, fascinante ejercicio de resistencia por parte del espectador: ¿cuánto tiempo más podrá aguantar Lucas esta situación?, ¿qué más quieren esos amigos/vecinos de él si está claro que no ha hecho nada?, ¿qué está dispuesto a hacer Lucas para recuperar su dignidad mancillada en ese pueblito de la Dinamarca profunda? 
Las pulsiones primitivas están a flor de piel y no lo podemos evitar, parece proponernos Vinterberg. Y las heridas causadas por estas pulsiones, las consecuencias de nuestros errores y crueldades, no desaparecen nunca por completo. En el precario orden existente hitchcockiano (vía Thomas Vinterberg), la más transparente inocencia no es garantía de tranquilidad.

5 comentarios:

Christian dijo...

Cada vez me gusta mas. Ya se me esta pasando la exasperación inicial y ya la estoy valorando por lo que es.

Ademas me cayó bien ese pequeño momento de solaz cinefila que nos regala Vinterberg cuando Lucas regresa al super mercado y le pide "amablemente" al carnicero que le regrese sus cosas. Y tambien la confrontacion con su cuate en la iglesia. En el universo Hanekiano, ni siquiera esos pequeños momentos de regocijo nos hubiera dado ese señor, seguro hubiera sacado un control remoto magico y odioso y toda la accion se hubiera regresado y nos hubieramos quedado con la frustracion toda la pelicula.

Jo

Champy dijo...

JAJAJA

Percibes hasta donde hemos llevado a Haneke? O será el efectivo resultado planeado de sus guiños que donde quiera lo vemos o relacionamos?

Vinterberg disparejo? A mi me parece que los disparejos hemos sido nosotros en su apreciación.

2046

marichuy dijo...

Seré rarita: ahora que las miro en retrospectiva, creo que La Caza me hizo sufrir más que Amour. No que Amour haya sido un canto a la felicidad, pero como que el sufrimiento de Lucas es de una violencia que golpea más duro. El sufrimiento de Georges y Anne en Amour conmueve y duele, sí, pero siento que no golpea tan duro. La Caza provoca una mezcla de sufrimiento y exasperación por ese “aguante” de Lucas ante tanta fregadera.

Y otro de mis grandes momentos fílmicos del 2012: la secuencia en la misa de Navidad. Qué cosa.

Ernesto Diezmartinez dijo...

Champy: Pues en lo personal, a excepción de Festen, Submarino y esta, la otra obra de Vinterberg no me entusiasma. Incluyo Calles Peligrosas. Lo único que no he visto de él es su opera prima.

Marichuy: Ah, sí. Esa secuencia y la del supermercado son muy fuertes. Insoportables por la tensión que provocan.

Champy dijo...

Hoy vi las dos. He cerrado el 2012 temblando.
Haneke me ha hecho temer llegar a viejo...amando. Y Vinterberg nuevamente me hizo asquearme del núcleo social.
Ta cabrón decidir.

2046