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domingo, 30 de septiembre de 2012

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCL



En realidad, supe muy poco. La cartelera comercial de este fin de semana es -what-a-shock!- muy pobre y lo único decente que se puede revisar es Una Familia Muy Normal (Mine Vaganti, Italia, 2010), el octavo largometraje del cineasta ítalo-turco (casi) desconocido en México Ferzan Özpetek -a quien, por cierto, la Cineteca Nacional ya le dedicó una retrospectiva el año pasado. 
Una Familia Muy Normal es, a diferencia del resto del filmografía de Özpetek, una regocijante, divertida y generosa comedia de enredos familiares, centrada en un muchacho, Tomasso (el ubicuo Riccardo Scarmarcio), que regresa a la casa familiar en la pequeña ciudad de Lecce, después de haber estudiado economía en Roma. 
Se supone que retorna al edén paterno para hacerse cargo del negocio familiar -una exitosa fábrica de pasta- al lado de su hermano mayor Antonio (Alessandro Preziosi), pero en realidad Tomasso viene a Lecce a hacer varias confesiones a toda la familia: no estudio economía en Roma sino literatura, no quiere hacerse cargo del negocio de pasta sino escribir una novela y, pa' rizar el rizo, además es gay. Curiosamente, la homosexualidad enclosetada de Tomasso es sólo uno de los muchos secretos que ocultan todos los miembros de esta "familia muy normal". Mi crítica, en el Primera Fila del viernes pasado de Reforma.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Pídala Cantando/L




Una lectora asidua de este blog me pidió, hace semanas, un top-10 personal de cintas silentes -sin agregar a Chaplin que, según la peticionaria, ya lo tiene más o menos conocido. Van, pues, dos listas a continuación. La primera, la que salió de la más reciente votación de la revista británica Sight and Sound. Es decir, las diez mejores películas de la época silente, según la votación de 846 críticos, programadores e historiadores de cine de todo el mundo -uno de ellos, yo.
La segunda lista, en realidad es una addenda. Al revisar el top-10 silente de Sight and Sound no me atreví a borrar ninguna lista sino, en todo caso, a agregar otras diez películas silentes que, creo, compiten con esaa diez ya anotadas (y, obedeciendo el deseo de la susodicha lectora, nada de Chaplin):

1. Amanecer: La Canción de las Almas (Sunrise: A song of two humans, EU, 1927), de F. W. Murnau.

2. El Hombre de la Cámara (Chelovek s kino-apparatom, URSS, 1929), de Dziga Vertov.

3. Santa Juana de Arco/La Pasión de Juana de Arco (La passion de Jean d'Arc, Francia, 1928), de Carl Theodor Dreyer. 

4. El Crucero Potemkin/El Acorazado Potemkin (Bronenosets Potyomkin, URSS, 1925), de Sergei Eisenstein.

5. El General/La General (The General, EU, 1926), de Buster Keaton y Clyde Bruckman.  

6. Metrópolis (Metropolis, Alemania, 1927), de Fritz Lang. 

7. Luces de la Ciudad (City Lights, EU, 1931), de Charles Chaplin. 

8. Sherlock Holmes/Sherlock Jr. (Sherlocl Jr., EU, 1924), de Buster Keaton.

9. Avaricia (Greed, EU, 1924), de Joseph von Stroheim.

10. Un Perro Andaluz (Un chien andalou, Francia, 1929), de Luis Buñuel; e Intolerancia (Intolerance, EU, 1917), de D. W. Griffith. 

La addenda, por orden cronológico:


1. El Gabinete del Dr. Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, Alemania, 1920), de Robert Wiene. 

2. Nosferatu (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, Alemania, 1922), de F. W. Murnau.

3. La Esfinge de los Hielos/Nanook el Esquimal (Nanook of the North, EU, 1922), de Robert Flaherty. 

4.  La Última Risa/El Último de los Hombres (Der letzte Mann, Alemania, 1924), de F. W. Murnau. 

5. Madre (Mat, URSS, 1926), de Vsevolod Pudovkin. 

6. Napoleón (Ídem, Francia, 1927), de Abel Gance. 

7. El Vendaval/El Viento (The Wind, EU, 1928), de Victor Sjöström. 

8. Un Sombrero de Paja de Italia (Un Chapeau de Paille d'Italie, Francia-Alemania, 1928), de René 
Clair.

9. La Caja de Pandora (Die Büchse der Pandora, Alemania, 1929), de G. W. Pabst.

10. El Pan Nuestro de Cada Día/Citadina (City Girl, EU, 1930), de F. W. Murnau. 



jueves, 27 de septiembre de 2012

Biarritz 2012... en un vistazo.



No, no estoy al otro lado del charco. Brincos diera. Pero está en marcha la 21a. edición del Festival Biarritz Amérique Latine y como ya he podido ver buena parte del material en competencia -y, si tengo oportunidad, podré ver en estos días otras cintas que están haciendo cola para ser revisadas-, he aquí una lista de películas presentada por allá, en orden de preferencia. Como de costumbre, mi juicio positivo va de cuatro a un asteriscos; el negativo, de uno a dos cruces. 

 La Demora (México-Uruguay, 2012), de Rodrigo Plá. Selección Largometrajes: ** 1/2

Los Viajes del Viento (Colombia-Holanda-Argentina-Alemania, 2009), de Ciro Guerra. Focus Colombia: ** 1/2

La Sirga (Colombia-México-Francia, 2012), de William Vega. Focus Colombia: ** 1/2

 Nacer, Diario de Maternidad (Colombia, 2011), de Jorge Caballero. Selección Documentales: **

Juan de los Muertos (España-Cuba, 2011), de Alejandro Brugués. Selección Largometrajes: **

Dos de Tres (México, 2012, 12 minutos), de Paulina Rosas. Selección Cortometrajes: **

Mila Caos (Cuba-Alemania, 2011; 18 minutos), de Simón Jaikiriuma Paetau. Selección Cortometrajes: **

¡Vivan las Antípodas! (Argentina-Holanda-China-Holanda, 2011), de Victor Kossakovsky. Selección Documentales: * 1/2

Morir de Pie (México, 2010), de Jacaranda Correa. Selección Documentales: * 1/2

miércoles, 26 de septiembre de 2012

El Precio de la Codicia



Hay un rolling-gag formidable en El Precio de la Codicia (Margin Call, EU, 2011), sólida opera prima dirigida por J. C. Chandor. Estamos en una compañía financiera global que parece Lehman Brothers, camina como Lehman Brothers y hace ¡cuac! como Lehman Brothers así que, aunque no se llame Lehman Brothers, sabemos que de esa compañía se trata. 
Pues bien, en esa poderosísima compañía multinacional, no hay nadie que sepa interpretar una gráfica de resultados financieros: no el cínico hedonista jefecillo Will Emerson (Paul Bettany), no el solitario jefe del Departamento de Riesgos Sam Rogers (Kevin Spacey), no el doriangrayesco jefesote Jared Cohen (Simon Baker) ni, mucho menos, el caca-mayor, el jefe-de-jefes John Tuld (Dick Fuld se llamaba su similar de Lehman Brothers), bien interpretado por un luciferino Jeremy Irons. Llegado el momento, de hecho, Tuld le pedirá al doctorado en ingeniería Peter Sullivan (el co-productor Zachary Quinto) que le explique toda la bronca como si fuera un niño pequeño. Es más, como si fuera un chucho: un golden retriever, para ser preciso. 
El rolling-gag no podría ser más incisivo -toda esas personas que arruinaron el futuro (y el presente) de millones de personas en el mundo eran incapaces de interpretar adecuadamente una pinche serie de gráficas- pero, verá usted, el chiste no me hizo mucha gracia. Pero era previsible: El Precio de la Codicia no es una sátira -aunque esas escenas coqueteen con el tono-, sino un desesperanzador thriller financiero que funciona, a ratos, como una película de desastres a la antigüita. Todos los personajes saben que viene un desastre, todos saben que es inevitable, todos saben que muchos sufrirán... La diferencia es que aquí no hay ningún héroe a la vista.
El guión, escrito por el propio cineasta debutante J. C. Chandor, está basado libremente en el escándalo Lehman Brothers, cuando en cierto día de 2008 los ejecutivos de ese grupo financiero dieron la orden de vender de manera inmediata todas sus inversiones "tóxicas", después que cierto rocket scientist, el analista sobre-calificado Peter Sullivan, les demostrara que el sistema estaba a punto de estallar por una serie de irresponsabilidades financieras cometidas con la anuencia de todos los jefes. Tomada la decisión, la única duda es: ¿todos obedecerán las órdenes? ¿Habrá alguien que se salga del huacal? ¿Lo hará el veterano con algo de conciencia Sam Rogers? ¿El recién despedido Eric Dale (Stanley Tucci), quien fue el que primero se dio cuenta del desastre por venir? Y en cuanto a la aún guapa ejecutiva de buenas piernas Sarah Robertson (Demi Moore), ¿aceptará ser el chivo expiatorio o se rebelará de último minuto?
Chandor demuestra que sabe cólocar la cámara donde debe y el eficaz montaje de Pete Beaudrau no deja que ninguna escena se alargue, por lo que la funcionalidad de la puesta en imágenes deja que brille aún más la propia historia y, por supuesto, el extendido reparto que la interpreta. De hecho, es un espectáculo aparte ver las interacciones entre los distintos actores que, sospecho, debieron haber disfrutado enormemente sus papeles: la forma en la que Jeremy Irons le informa a Demi Moore que ella pagará los platos rotos y la reacción que ella tiene, los dos discursos que les receta a sus subalternos un agotado Kevin Spacey al inicio y al final del filme, el monólogo acaso demasiado obvio pero necesario de Stanley Tucci cuando recuerda que alguna vez fue ingeniero e hizo una cosa -un puente- que sirve de verdad para algo, la descarnada justificación "paretiana" de Jeremy Irons para recordarle a Kevin Spacey que siempre habrá pobres y ricos en la misma proporción y no hay manera de evitarlo... Y menos, piensa uno, con esta bola de cínicos que no saben leer ni una pinche serie de gráficas. ¡Que les lleven un golden retriever!

martes, 25 de septiembre de 2012

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLIX


El Precio de la Codicia (Margin Call, EU, 2011), de J. C. Chandor. Para los que afirman que las actuaciones no son importantes en el cine, vean lo que hace un reparto de esta categoría (Kevin Spacey, Paul Bettany, Jeremy Irons, Demi Moore, Stanley Tucci, Simon Baker) con un guión bien escrito y una realización que no pasa de discreta y funcional de parte del debutante J. C. Chandor. La historia, escrita por el propio cineasta, sobre el derrumbe de Lehman Brothers en 2008, es genuinamente absorbente. Mi crítica, in extenso, mañana mismo en el blog.

 Adiós Mundo Cruel (México, 2010), de Jack Zagha Kababie. Una modesta pero efectiva comedia tintanesca que se beneficia de un buen reparto y un insólito respeto por sus personajes y los espectadores. En un cine nacional tan acostumbrado al chiste racista/clasista, el humor generoso y relajiento de Adiós Mundo Cruel no es un mérito menor. Mi crítica, en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.


Los Últimos Cristeros (México-Holanda, 2011), de Matía Meyer. Cuando vi la película en Morelia 2011 expresé mi hartazgo por oooooootra entrega más del slow-cinema tan en boga. Sin embargo, me prometí a mí mismo que tenía que vover a ver esta cinta de Meyer al momento de su estreno comercial, pues la puesta en imágenes era, con todo y mis objeciones, irreprochable. Así que este fin de semana volví a revisarla para ver si cambiaba de opinión o la reafirmaba. 
Digamos que la maticé. Por un lado, sigo lamentando que un episodio tan importante en la historia de México -y tan poco visto en el cine nacional- haya merecido un tratamiento de esta naturaleza, en el que prácticamente todo el contexto histórico es dado por sentado. Así, hay una entrevista en off a un anciano cristero al inicio del filme, hay la lectura de un ofrecimiento de amnistía en algún momento, hay un par de corridos ("Soldado Raso" y "El martes me fusilan") que ayudan a explicar lo que estamos presenciando, y nada más. Lo que vemos de principio a fin es a un quinteto de cristeros desarrapados y olvidados -la fecha es 1935 y la Guerra Cristera había terminado, oficialmente, en 1929- que si no los matan las balas de los invisibles "pelones", bien podrían morirse de tiricia. 
La puesta en imágenes es, eso sí, impecable. La cámara de Gerardo Barroso Alcalá se da vuelo siguiendo en bien ejecutados travellings el movimiento de los "soldados de Dios" en la sierra (¿de Jalisco?: supongo) o se queda fija mientras los cristeros se alejan de ella caminando o huyendo. Algunas imágenes valen por sí mismas -los descansos alrededor del fuego o de un arroyo, cierto lastimoso corrido fatalista que entonan con harto sentimiento-, pero no son suficientes, desde mi perspectiva, para trascender lo que resulta un interesante pero fallido filme histórico que se niega una y otra vez a contar una historia. 

sábado, 22 de septiembre de 2012

Diez notas sobre el cine de Nicolás Pereda

 Foto: Getty Images, tomada de Terra


1. Podemos decir misa, pero el cine del chilango-canadiense Nicolás Pereda (México, 1982) es insoslayable. Independientemente del juicio que tengamos sobre cada una de sus películas, es innegable que no hay otro cineasta mexicano de su generación que haya filmado tanto -cinco largometrajes, un mediometraje, un cortometraje- en tan poco tiempo -cinco años, de 2007 a 2012- y con tanto éxito en el circuito festivalero, tanto en México -Mejor Película para ¿Dónde Están sus Historias? (2007) en Morelia 2007, Mayahuel a Mejor Cinta Mexicana para Perpetuum Mobile (2009) en Guadalajara 2010-, como en América Latina -Mejor Filme en la sección "Cine del Futuro" del BAFICI 2011 para Verano de Goliat (2010), Mejor Película y Premio de la Crítica en Valdivia 2010 para la misma Verano de Goliat- y en Europa -Premio Horizontes en Venecia 2010 para la susodicha Verano de Goliat.

2. ¿Cómo ha podido Pereda hacer tantas películas en tan poco tiempo? En primera instancia porque, al parecer, Pereda es un voluntarioso hombre-orquesta (director-guionista-editor-entrevistador-extra-chalán-correveydile de sus propias obras) que, además, cuenta con un equipo tan compacto como fiel (el cinefotógrafo Alejandro Coronado, los actores Gabino Rodríguez, Teresa Sánchez y Luisa Pardo) e, intuyo, un talento especial y/o las conexiones necesarias para levantar un proyecto tras otro, sea con dineros privados, sea con presupuesto proveniente de instituciones culturales mexicanas -como el IMCINE o el CONACULTA, en el caso de su última cinta, Los Mejores Temas (2012)-, canadienses -el Canada Council of Arts, presente en casi todo su cine- y, de otras partes, como el infaltable Fondo Huber Bals del Festival de Rotterdam, en el caso del ya mencionado Los Mejores Temas. Es decir, Pereda se mueve como pez en el agua en el ecosistema cultural/festivalero que, como ya vimos, lo trata muy bien. La compañía que ha producido la mayor parte del cine de Pereda se llama, por cierto, En Chinga Films. En efecto, así trabaja el joven cineasta.

3. ¿Nicolás Pereda es profeta en su tierra? No mucho. Si exceptuamos las elogiosas páginas que le dedicó Jorge Ayala Blanco en su más reciente libro de ensayos La Justeza del Cine Mexicano -pp. 269-282-, y alguna crítica que Carlos Bonfil escribió para La Jornada sobre Verano de Goliat o Rafael Aviña en el Primera Fila de Reforma sobre esta misma cinta -y, bueno, el burro al último: algunas líneas que yo mismo he pergueñado en este blog sobre otras películas de Pereda-, la obra del más prolífico cineasta mexicano de su generación ha sido más estudiada y elogiada en el extranjero que en nuestro país. Así, en Moving Image Source, Michael Sicinski le dedicó un estudio profundo y balanceado, el influyente y ubicuo crítico/programador Robert Koheler publicó un largo ensayo sobre Pereda en Cinema Scope #43 (pp. 13-16), el propio magazine Cinema Scope enlistó al director chilango/canadiense como uno de los 50 mejores cineastas del mundo menores de 50 años y el Anthology Film Archives neoyorkino le dedicó una retrospectiva completa (sí, una retrospectiva ¡y Pereda tiene solamente 5 años haciendo cine!) en julio del año pasado. (Pregunta retórica: ¿habrá otro cineasta mexicano del nuevo siglo que haya merecido una retrospectiva completa en Nueva York?).

4. El cine de Pereda hay que verlo en el orden en el que fue realizado. No sólo porque algunas de sus obras están conectadas directamente -Perpetuum Mobile es una continuación de Juntos (2009) y, de hecho, la escena final de esta segunda cinta se menciona en un diálogo de la primera como el sueño de uno de los personajes- sino porque, incluso, alguna de las películas luego forma parte de otra. En concreto, el testimonio de un par de chamacos que aparece en el cortometraje Entrevista con la Tierra (2008) se inserta en un momento clave de Verano de Goliat.
Incluso, aunque no existieran estas conexiones ya descritas, es necesario ver los filmes de Pereda en el orden en el que fueron realizados, porque así es como van apareciendo, frente a nuestros ojos y de manera transparente, las ligas que hay entre cada filme, sea por un estilo similar en la puesta en imágenes, sea por las preocupaciones temáticas/formales que se repiten/depuran de una película a otra. Más aún: cada cinta de Pereda se puede entender como una suerte de sucesivas iteraciones -algunas más logradas que otras- de una misma historia con casi los mismos personajes en casi las mismas circunstancias.
Así, en su opera prima ¿Dónde Están Sus Historias? Gabino Rodríguez encarna al inarticulado Vicente, quien vive cuidando a su anciana abuela (Juana Rodríguez) en algún pueblito macuarro del centro de México. Cuando sus tíos llegan de visita con la intención de velar a la abuela -dizque se está muriendo- para luego vender sus tierras, Vicente viaja al DF en donde su madre Teresa (Teresa Sánchez) trabaja como criada en una casa de clase media acomodada. La cinta muestra familias quebradas tanto en la ciudad como en el pueblo: los tíos rapiñescos esperando la muerte de una anciana silenciosa, la distante Teresa que no tiene tiempo de visitar a su madre, los patrones de Teresa que al no poder tener hijos le hace una propuesta peculiar a su criada, el joven protagonista que no parece tener una idea clara de qué hacer con su vida y al que seguimos en interminables tracking shots por el campo, por la ciudad, por el mercado...
En Juntos Gabino Rodríguez se llama Gabino -de aquí en adelante todos sus personajes llevarán su nombre real-, tiene una novia llamada Luisa (Luisa Pardo) y un inseparable amigo, Paco (Francisco Barreiro), que vive con él en calidad de arrimado en un pequeño departamento en el que no funcionan la tubería ni el refrigador. Un descuido de Paco provoca que "Junto", el perro pastor belga de Gabino, se salga del departamento, por lo que de inmediato se irá a otear desde la azotea a ver si lo encuentra. Al final de la película, Gabino, Luisa y Paco viajarán a las afueras de la Ciudad de México a buscar al nunca visto chucho en un desenlace que no des-enlaza nada, pues la película más que avanzar, acumula episodios en los que la inarticulación/alienación de los tres personajes hace imposible cualquier comunicación efectiva.
Perpetuum Mobile nos muestra a Gabino y a Paco trabajando -es un decir- en un pinchurriento negocio de mudanzas. Los sucesivos jales que tienen los dos amigos los hacen testigos de una serie de vidas quebradas: un muchacho (José María de Tavira) es echado de su departamento por su casera y no puede encontrar apoyo en su mamá, una pareja de jóvenes se separa amistosamente, otra pareja de ancianos intenta hacerlo pero el hombre convence a la mujer que no se vaya... En este filme, Gabino se ve más relajado, más dueño de sí mismo, aunque su mamá (Teresa Sánchez, por supuesto) no deja de reprocharle que no se cambie, que no alimente los pájaros, que no sea más despierto, que no sea como su hermano mayor que sí estudió (Tenoch Huerta)... Al final, Gabino y su madre tendrán que hacer una mudanza imprevista, postrera.
En Verano de Goliat Teresa y Gabino, otra vez como madre e hijo, están ahora en la zona rural, concretamente en Huilotepec, Morelos, ahí donde se filmó el corto documental "ficcionado" Entrevista con la Tierra. No se tratan de los mismos Gabino y Teresa: en esta ocasión el muchacho es un soldado que ha vuelto a su tierra a vivir con su explosiva mamá, quien acaba de ser abandonada por el marido. Nuevamente, Gabino se muestra seguro, siempre y cuando no tenga a su mamá enfrente, que lo trata como si fuera un crío que no entiende razones.
Finalmente, en Los Mejores Temas, su cinta más reciente, el padre que no aparece por ninguna parte en las anteriores películas, el marido que ha abandonado a la mujer en Verano de Goliat, regresa a la casa para pedir perdón, pedir posada y, como no quiere la cosa, pedir apoyo para iniciar un negocio. ¿Son los mismos Gabino y Teresa de Verano de Goliat?: es casi seguro que no, aunque sí podrían ser la misma madre y el mismo hijo del díptico Juntos-Perpetuum Mobile. Después de todo: por ahí aparecen el amigo borrachales Paco y la fiel novia Luisa -aunque ya nadie menciona al hermano mayor Miguel, que aparecía fugazmente en Perpetuum Mobile.

5. Queda claro: Pereda repite y se repite, sean actores, nombres de personajes, dinámicas familiares, problemas cotidianos, diálogos específicos... Un refrigerador descompuesto aparece en Juntos y en Perpetuum Mobile; un diálogo entre los novios empleitados Gabino y Luisa termina y, de inmediato, empieza de nuevo en Perpetuum Mobile; una discusión sobre un negocio entre Gabino y su padre recién aparecido Emilio (José Rodríguez López) vuelve a suceder con algunas variaciones en Los Mejores Temas; Gabino (el actor, no el personaje) ensaya un diálogo que luego veremos actuado y, luego, Gabino (el personaje, no el actor) memoriza una carta que su mamá quiere que le recite al hombre que la abandonó -y después, el propio Gabino (¿el actor, el personaje?: sepa la bola) le repetirá la misma carta a la habitual actriz no profesional Juanita Rodríguez-, todo ello en Verano de Goliat; Gabino repite una y otra vez, como mantra, "los mejores temas" románticos que están contenidos en un disco pirata que vende en el metro y luego el papá solovino se suelta con la misma perorata en impasible plano medio en Los Mejores Temas; y así hasta que llega la exasperación porque, sospecho, a veces se trata precisamente de eso. ¿O no? Por lo menos eso sentí, exasperación, en el mediometraje documental Todo, en fin, el silencio lo ocupaba (2010), "el antimaking of" (Ayala Blanco dixit) sobre el performance del "Primero Sueño" sorjuanesco, ejecutado por la actriz, activista -y tía del cineasta- Jesusa Rodríguez. Repetición que es representación. Representación que se logra a través de innumerables, incesantes repeticiones.

6. ¿Qué influencias muestra el cine de Nicolás Pereda? Pueden detectarse/discutirse algunas influencias más o menos claras en sus obras: el encierro y la alienación del cine de Tsai, la mezcla de ficción y documental del cine de Costa, la reflexión sobre el propio cine del  Miguel Gomes. Por lo menos.

7. ¿Qué tan original es Nicolás Pereda? Creo que, en el fondo, estamos ante un cine bastante convencional que se rige por las estrictas normas del llamado "cine de arte" (en lo personal, a mí me gusta más el término "cine festivalero": cine hecho para ganar premios en festivales). En un reciente ensayo publicado en su sitio, David Bordwell enlistó 18 convenciones usadas en el llamado "cine de arte" y la obra de Pereda encaja a la perfección en por lo menos 12 de ellas y como sigue:
1) Cómo la historia es presentada es tan importante como la historia misma. Una preocupación central en el cine de Pereda es la forma, más que el fondo. Es decir, más la manera en la que se muestra la historia que la historia misma que, exceptuando su redonda opera prima ¿Dónde Están sus Historias?, siempre resulta muy elemental.
2) Hay que estar preparado para llenar huecos. Digamos, ¿por qué Teresa y Gabino deciden ir a enterrar a la abuela en algún bosque cercano del DF en lugar de velarla como se debe en el final de Perpetuum Mobile? ¿Qué pasó con la cámara de video desaparecida en ¿Dónde Están sus Historias??Sepa. Tampoco importa demasiado.
3) Muchas de las explicaciones son dejadas a la imaginación del espectador. ¿Por qué Teresa se comporta como un animal herido, gateando entre el lodo, hacia el desenlace de Verano de Goliat? Ey, no lo sé.
4) Esté preparado a registrar el espacio como espacio. Y yo agregaría: el espacio vacío como espacio vacío.
5) El caracter de un personaje se revela -o se oculta- a través de las rutinas. Así están los personajes de Pereda: atrapados en sus rutinas.
6) Una película de arte presenta conflictos pero nunca -o casi nunca- los resuelve. Si exceptuamos ¿Dónde Estáns sus Historias? -su obra más cercana a lo mainstream-, todo el cine de Pereda obedece a esta definición.
7) Tenga paciencia. ¿No será "paciencia" el segundo apellido de Nicolás Pereda?
8) Algunos filmes de arte son bastante lacónicos. Yo agregaría: la actuación, en general, de los repartos dirigidos por Pereda, está dominada precisamente por el laconismo.
9) La vida es una cosa que sucede después de otra, no una cosa que sucede a causa de otra. Olvídese de la relación causa-efecto: en el cine de Pereda, las anécdotas -o el esbozo de ellas- se suceden unas después de otras. No necesariamente hay relación entre ellas.
10) Este tipo de películas se beneficia cuando uno las ve en más de una ocasión. En efecto, al volver a ver Perpetuum Mobile, la película ganó en mi apreciación. Más aún cuando vi la relación directa que tiene con Juntos, su anterior largometraje.
11) Hollywood tiende a repetir elementos importantes de la trama tres veces; el cine de arte, no. En el cine de Pereda, incluso menos, porque la historia no importa tanto. 
12) Siempre habrá imágenes, escenas, sonidos, que resistirán una explicación. A lo largo del cine de Pereda muchos elementos visuales/dramáticos quedan en la oscuridad. ¿A quién golpean Gabino y su amigo en la escena fuera de foco de Verano de Goliat, por ejemplo?

8. A todos puntos anteriores yo agregaría la constante intrusión del documental en la ficción y viceversa. La desaparición de toda frontera entre la historia que sucede en la película y el trabajo que hacen actores y técnicos en la filmación. Así, de repente, Gabino Rodríguez (¿como Gabino el personaje o como Gabino el actor?) se refiere, en Verano de Goliat, a una muchacha que ve por la calle como alguien con la que trabajó en La Niña en la Piedra (Sistach, 2006). Y luego, en Los Mejores Temas, hacia la mitad del filme, el actor que interpeta al papá de Gabino es sustituido buñuelianamente por el tío del cineasta, quien interactúa con los actores en una suerte de detrás de cámaras de la propia película que estamos viendo. Para no hablar de la fusión total de documental y ficción en el corto Entrevista con la Tierra o las entrevistas con los habitantes de Huilotepec que vemos en Verano de Goliat, con el propio Pereda como entrevistador en off.

9. ¿Mi Peredómetro personal? En orden de preferencia: ¿Dónde Están sus Historias?, Los Mejores Temas, el díptico Juntos-Perpetuum Mobile, Entrevista con la Tierra, Verano de Goliat y Todo, en fin, el Silencio lo Ocupaba.

10. Aún no he visto un filme de Pereda que me entusiasme como, digamos, la obra documental de Everardo González o Juan Carlos Rulfo, ni como la obra de ficción de, por ejemplo, Carlos Reygadas o Fernando Eimbcke. Pero esto es un problema mío, no de Pereda, supongo. De cualquier forma, sigo esperando una obra mayor de él. Los Mejores Temas presenta, creo, signos de que muy pronto podríamos ver un filme suyo de esta categoría. Por lo pronto, hay que esperar a ver su nueva película. En una de esas, mientras yo escribí esta laaaaaarga entrada, ya terminó otra cinta.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Puebla 2012... en un vistazo



No estaré por esos lares poblanos, pero para quien haya decidido viajar al 3er. Festival Internacional de Cine Puebla 2012, he aquí una lista, en orden de preferencia personal, de varias de las películas que estarán en competencia, con críticas incluidas en algunos casos. Como es costumbre, los asteriscos -de cuatro a uno- implican un juicio positivo; las cruces, de una a dos, uno negativo.

El Cielo Abierto (México, 2011), de Everardo González. Documental Mexicano: ** 1/2

Agnus Dei: Cordero de Dios (México-Francia, 2011), de Alejandra Sánchez. Documental Mexicano: ** 1/2

Alucardos, Retrato de un Vampiro (México, 2011), de Ulises Guzmán. Documental Mexicano: ** 1/2

Un Mundo Secreto (México, 2012), de Gabriel Mariño. Opera Prima Digital: ** 1/2 

Nos Vemos, Papá (México, 2011), de Lucía Carreras. Película inaugural: ** 1/2

El Ingeniero (México, 2011), de Alejandro Lubezki. Documental Mexicano: **

75 Habitantes, 20 Casas, 300 Vacas (Argentina, 2011), de Fernando Domínguez: Documental Extranjero: **

 El Fantástico Mundo de Juan Orol (México, 2011), de Sebastián del Amo. Opera Prima Digital: **

 Malaventura (México, 2011), de Michel Lipkes. Opera Prima Digital: * 1/2

 Morir de Pie (México, 2010), de Jacaranda Correa. Documental Mexicano: * 1/2

 Félix: Autoficciones de un Traficante (México, 2011), de Adriana Trujillo. Documental Mexicano: * 1/2

La Castración (México, 2011), de Iván Löwenberg. Opera Prima Digital: * 

 El Lenguaje de los Machetes (México, 2011), de Kyzza Terrazas. Opera Prima Digital: *

 El Salvavidas (Chile, 2011), de Maite Alberdi. Documental Internacional: *

jueves, 20 de septiembre de 2012

De-BD Verse/V


Más vale tarde que nunca. Lo tenía por ahí, haciendo cola, entre los screeners solicitados y, por falta de tiempo, aun no vistos. Se trata del BD de Heaven Strewn (EU, 2011), la meritoria opera prima de Jeremy Gurzi (o J. T. Gurzi, según la Internet Movie Database), un sólido drama de amistad masculina que se transforma en un acezante thriller con inevitable desenlace fatalista.
Jasper y Mickey (Rob Tepper y Wyatt Denny, respectivamente) son amigos inseparables desde la infancia aunque, ya en sus treintaytantos años, han seguidos caminos diferentes. Jasper vive con su novia embarazada, escribe -o intenta hacerlo- para algún diario angelino y parece haber dejado sus años de "vida loca" tras de sí. Mickey, en contraste, vive solo en un cuchitril, se gana la vida -es un decir- falsificando billetes y convence a su camarada de ir a un desierto cercano a Los Ángeles a buscar meteoritos (¿?) porque ha leído en alguna revista que esas rocas, a veces, pues valer bastante marmaja. Jasper se deja arrastrar por Mickey, a pesar de la dudas de su sensata novia Anna (Alexandra Williams). Al estar en la búsqueda de la susodicha piedra, Jasper y Mickey son testigos de una escena que cambiará el rumbo del fime -y, por supuesto, las vidas de los personajes.
Filmada de manera independiente en locaciones californianas y con recursos obviamente limitados, Heaven Strewn es, de cualquier manera, un logrado ejercicio fílmico -notable el manejo del encuadre por parte del cinefotógrafo David Myrick- que inicia al estilo de la contemplativa Old Joy (Reichdart, 2006) para transformarse en una suerte de neo-noir diríase coeniano (cf. Sin Lugar para los Débiles/2006) con un trío de malandrines cazando a los dos insensatos amigos.
El BD enviado por la distribuidora Cinema Libre Studio tiene, además del sonido y la imagen impecables que son condición del formato, presumen varios extras: el comentario en audio del cineasta y los actores, una escena borrada, una galería de fotos de producción y, por supuesto, el trailer original. Injustamente, la cinta no tuvo estreno comercial en Estados Unidos -pasó directamente al formato DVD/BD- así que habrá que esperar que llegue por esta misma vía a México o, por supuesto, que sea exhibida en la televisión de paga.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

De Roma con Amor




En un documental biográfico reciente, Woody Allen: A Documentary (Weide, 2012), el director de Manhattan (1979) revela, entre otras cosas, de dónde salen sus ideas: de un cajón de la habitación en donde duerme. Según este documental, Allen escribe cada idea que le viene a la mente en donde sea  –en un pedazo de papel, en alguna servilleta- y, cuando llega a su departamento en Nueva York, guarda esas palabras escritas para ver si, en algún momento, le sirven de algo.
Es más que obvio que de esta manera construyó su largometraje número 42, De Roma con Amor (To Rome with Love, España-EU-Italia, 2012), filmado en la Ciudad Eterna. De ese cajón de ideas-trebejos, Allen sacó las cuatro historias que conforman su nueva cinta: otro homenaje fellinesco –esta vez a la premisa de El Sheik Blanco (Fellini, 1952), con la parejita de recién casados que llegan a Roma-, la enésima crónica de un amor enfermizo/frustrado/frustrante –el segmento protagonizado por Alec Baldwin y ¿su alter ego juvenil? Jesse Eisenberg-,  la meditación sobre el sentido del arte y el misterioso genio de los artistas –el director de ópera jubilado (el propio Allen) que se topa con un gran cantante de ópera que sólo puede cantar en la regadera (el auténtico tenor Fabio Armiliato)- y un cuentito fílmico que bien podría haber aparecido en forma de jocoso relato/ensayo en The New Yorker: un tipo cualquiera, común y corriente (Roberto Benigni), se convierte de improviso en una celebridad porque sale en la televisión, y sale en la televisión ¡porque es una celebridad!
En sentido estricto, ninguna de los segmentos tiene que ver uno con otro, a no ser que los cuatro están ubicados en Roma y que los cuatro han salido del susodicho cajón woodyalleniano. Pero es por esto último, precisamente, por lo que Roma con Amor vale la pena. Aunque se trata de una cinta sin duda menor  y hasta redundante en la filmografía alleniana -editada incluso con cierto descuido que se nota en su duración excesiva (112 minutos), para los estándares del cineasta-, esta misma redundancia la hace valiosa. Me explico: de principio a fin, saltando al contentillo entre una historia y otra, cada segmento tiene que ver, directa o indirectamente, con toda la obra anterior de Allen y con sus meditaciones públicas, literarias y fílmicas, sobre lo que siempre le ha interesado: el amor, el sexo, la muerte, el arte y los artistas. De Roma con Amor es, pues, otro mosaico más en la vasta e ineludible obra de uno de los más grandes autores en la historia del cine americano.    
Si bien es cierto que el homenaje fellinesco bien se lo podría haber ahorrado –y haber dejado el filme en unos 85 minutos, como solía hacerlo en los años ochenta-, incluso este segmento está dirigido con prestancia, funcionalidad y buen humor por Allen, con una salerosa Penélope Cruz en el papel de una prostituta que, por una confusión, tiene que ser la mujercita recién casada de cierto marido provinciano que ha llegado a Roma.
Los otros tres segmentos son más cercanos a los intereses de Allen, por más que dos de ellos –el del artista “natural” y el del frustrado triángulo amoroso- sean subproductos de películas mejores (en el primer caso de Balas sobre Nueva York/1994; en el segundo, de casi toda la filmografía alleniana). La parte más original de la película, la del pobre diablo vuelto celebridad de la noche a la mañana, le permite a Allen deslizar su moraleja final, cual continuación escéptica/lúcida del famoso chiste de las viejitas de Dos Extraños Amantes (1977): si la vida es corta, cruel y sin sentido, algo tan (in)merecido como la fama puede hacerla más llevadera. Si lo sabrá Woody Allen.

martes, 18 de septiembre de 2012

Ted




En los años 80, un solitario niño de 8 años llamado John Bennet (Bretton Manley) pide como deseo de Nochebuena que su osito de peluche que acaba de recibir como regalo cobre vida. No anda por ahí ningún ángel distraído del tipo de Clarence (Henry Travers) de ¡Qué Bella es la Vida! (Capra, 1946) pero el resultado es el mismo: el deseo es concedido y el Oso de Peluche –que fue bautizado por John como “Teddy”- cobra vida propia, cual Pinocho de nuestra época.
El tiempo pasa y John ha crecido para convertirse en Mark Wahlberg. Ted, por su parte, sigue igual –los osos de peluche no crecen-, pero ahora tiene una voz barriobajera, fuma mota como si se fuera a acabar, no hace otra cosa más que ver televisión (sea Bob Esponja o la cult-movie ochentera Flash Gordon/Hodges/1980, de tantos recuerdos para mi generación) y le da por invitar prostitutas cochinotas –en más de un sentido- al departamento. Ted es, pues, el perfecto amigo desmadroso y desobligado que todos tenemos/tuvimos o que todos deseamos ser en algún momento. El problema para John es que esa amistad indisoluble con Ted por casi tres décadas lo tiene estancado existencialmente, pues se ha convertido en una suerte de ni-ni (ni estudia ni –casi- trabaja) que no tiene una sola ambición, ni siquiera la de casarse con Lori (Mila Kunis), su dulce, comprensiva y  despampanante novia ejecutiva. 
Ted (Ídem, EU, 2012), primer largometraje del creador/escritor de series televisivas cómicas/animadas Seth MacFarlane (de “El Laboratorio de Dexter” a “Padre de Familia”, pasando por “Johnny Bravo” o “American Dad”) es, por supuesto, una fantasía. Pero no porque tenga como personaje co-protagónico (¿o copro-tagónico?) a un oso de peluche parlante, sino porque representa el sueño perfecto de toda una generación ya madurita que se niega a crecer, tener ambiciones ni, mucho menos, responsabilidades.
Así, el treintañero John es un empleado bolsón y desobligado de una empresa de renta de automóviles, se intoxica un día sí y otro también con su amigo de toda la vida, tiene discusiones interminables sobre las virtudes de, digamos, Flash Gordon, y este comportamiento inmaduro y adolescente no evita que el susodicho vaquetón tenga como novia a, nada menos, Mila Kunis. Supongo que muchos espectadores de este filme –me incluyo- estaríamos dispuesto a vivir, por lo menos, un fin de semana como lo hace el John Bennett de Mark Wahlberg. He aquí la elemental fantasía masculina que representa Ted y la explicación de su éxito económico. (Al momento de escribir estas líneas, tiene una taquilla mundial de más de 200 millones de dólares y el filme tuvo un presupuesto de 50 millones de billetes verdes).
Hay otro elemento adicional: la cinta funciona razonablemente bien en el terreno de la comedia. Por supuesto, no todos los gags dan en el blanco –por ejemplo, el escatológico sobre el excremento de la prostituta, no; la pelea entre Ted y un pato ¿llamado James Franco?, sí-, las interminables referencias pop y/o cinefílicas obligan a que el espectador tenga un nivel de información muy particular, y muchos de los chistes verbales o visuales presumen una vulgaridad rampante, pero todo lo anterior es, por supuesto, un listado de características, más que de defectos.
Como cineasta, MacFarlane se muestra por lo menos competente –me queda la impresión que con una edición más justa hubiera resultado una cinta más efectiva-, y tiene su mejores momentos al dirigir a sus actores, especialmente a Mark Wahlberg y a sí mismo, pues el propio MacFarlane le presta su voz al ingobernable borrachales, lascivo, mariguano y entrañable Ted. De hecho, la interacción entre estos Dos Tipos de Cuidado (Rodríguez, 1953) llega a ser, al final, hasta conmovedora.
Por supuesto, es obvio que MacFarlane quiere tanto a Ted que le resulta imposible hacerlo a un lado: se trata del perfecto id freudiano, que estará ahí, para siempre, aunque John Bennett se case con la señorita Kunis. Medio enfermizo el asunto, si uno lo piensa un momento. O enfermizo y medio.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLVIII



Play, Juegos de Hoy (Play, Suecia-Dinamarca-Finlandia, 2011), de Ruben Östlund. Exhibida hace unos meses en el Foro de la Cineteca, vuelve ahora en limitado estreno comercial. De lo mejor del año. Escribí de ella in extenso por acá.

Ted (Ídem, EU, 2012), de Seth MacFarlane. El primer largometraje del creador/escritor de varias series cómicas/animadas -"El Laboratorio de Dexter", "Johnny Bravo", "Padre de Familia", "American Dad"- es una vulgar y desvergonzada fantasía masculina que, como tal, funciona bastante bien. Mi crítica in extenso el próximo martes.

El Fantástico Mundo de Juan Orol (México, 2012), de Sebastián del Amo. Una suerte de libérrima biopic del llamado "Rey del Churro", bien interpretado por Roberto Sosa. La cinta tiene sus virtudes y sus problemas pero creo que las primeras le ganan a los segundos. Mi crítica, en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Morelia 2012/Programación



Finalmente, el Festival Internacional de Cine de Morelia dio a conocer los siete títulos que componen la sección competiva mexicana de ficción.

Los largometrajes mexicanos que componen esta sección son:

1. Fogo, de Yulene Olaizola. Mi crítica, aquí.
2. Halley, de Sebastian Hofmann.
3. Las lágrimas, de Pablo Delgado Sánchez.
4. No quiero dormir sola, de Natalia Beristain Egurrola.
5. Restos, de Alfonso Pineda Ulloa.
6. Rezeta, de Luis Fernando Frías de la Parra.
7. Táu, de Daniel Castro Zimbrón.

Addenda de octubre de dos títulos de ficción en competencia:

8. I Hate Love, de Humberto Hinojosa.
9. No hay nadie allá afuera, de Heraldo Fajardo.



En cuanto a la sección documental se refiere, la competencia está muchísimo más nutrida, como sigue: 

1. El alcalde, de Diego Enrique Osorno, Carlos F. Rossini, Emiliano Altuna. Mi crítica, aquí.
2. El árbol, de Gastón Andrade Juárez.
3. Aún nos queda el recuerdo, de Mariano Rentería Garnica.
4. Carrière, 250 metros, de Juan Carlos Rulfo, co-dirección Natalia Gil Torner.
5. Cuates de Australia, de Everardo González. Mi crítica, aquí.
6. Diario a tres voces, de Otilia Portillo Padua.
7. Estela, de Bruno Varela.
8. Flor en otomí, de Luisa Riley.
9. Inori, de Pedro González Rubio. Mi crítica, aquí.
10. Jalmá, de Fernando de la Rosa.
11. Miradas múltiples, de Emilio Maillé.
12. Mitote, de Eugenio Polgovsky.
13. Música ocular, de José Antonio Cordero.
14. No hay lugar lejano, de Michelle Ibaven.
15. ¿Olvida usted algo?, de Dalia Huerta Cano.
16. Paal, de Christoph Müller, Victor Vargas Villafuerte.
17. El paciente interno, de Alejandro Solar Luna. Mi crítica, aquí.
18. Paradero Norte, de Daniel Ulacia.
19. Partes de una familia, de Diego Gutiérrez.
20. El pintor de Verónicas,  de Oswaldo Toledano.
21. La revolución de los alcatraces, de Luciana Kaplan.
22. Skin Destination, de Adriana Trujillo.
23. Sophie Calle, de Victoria Clay.
24. El sueño de San Juan, de Joaquín del Paso, Jan Pawel Trzaska.
25. Todo se vale, de Edin Alain Martínez.

Un par de impresiones, a bote pronto:
1) Con Guadalajara 2013 con menos cine mexicano en competencia -porque las películas nacionales estarán en la sección oficial, compitiendo con el resto de los filmes de América Latina-, Morelia 2012 se ha convertido en el espacio natural para presentar en sociedad el cine hecho en este país. 
2) El hecho de la disparidad de números en las dos secciones (25 documentales contra 7 ficciones -y, bueno, Fogo es una suerte de ficción documentalizada) hace aún más evidentes la fortaleza del documental frente a la ficción, en cuanto a cine nacional se refiere. La misma historia desde inicios de este siglo, por lo menos.