martes, 5 de febrero de 2013

Mamá

-"¿Tortura en ZD30? Tortura es criar dos chamacas con fantasma incluido, no mamen..."



Después del prólogo en el que ha quedado planteada la premisa de Mamá (Mama, España-Canadá, 2013), opera prima del cineasta argentino Andrés Muschietti, vemos cómo la delgada pero guapísima rockera gótica Annabelle (la muy chambeadora Jessica Chastain) suspira de alivio al ver que su prueba de embarazo ha salido negativa. Por supuesto, cliché conservador obliga, durante los siguientes minutos del filme, hasta llegar a su muy consistente final, veremos cómo Annabelle demuestra que, incluso contra lo que ella misma dice y piensa, en su rudo interior es una valiente madre de familia hecha y derecha, dispuesta a todo para defender a sus retoños adoptivos. Sólo que frente a ella hay otra mamá más fuerte, poderosa... y enmuinada. 
Cinco años después de que su desquiciado papá (Nicolaj Coster-Waldau, el "Matarreyes" de Game of Thrones, sin barba) intentara asesinarlas en una cabaña olvidada en medio de algún bosque, las dos niñitas de ocho y seis años de edad Victoria y Lilly (Megan Charpentier e Isabelle Nélisse, respectivamente), son encontradas por su tío buena-onda Luke (otra vez Coster-Waldau, pero con barba), quien está de novia con la rockera ya mencionada interpretada por Miss Chastain. Después de cinco años de haberse criado solas, prácticamente como animalitos, solo Victoria conserva la capacidad de comunicación verbal, mientras Lily camina en cuatro patas, salta de un lugar a otro y apenas puede articular palabra alguna. Ha sido un milagro su sobrevivencia, aunque nosotros sabemos, desde el prólogo, cómo ha sucedido este "milagro": la "mamá" del título las ha cuidado y protegido durante todo este tiempo y, por supuesto, cuando el tío y su novia aparecen, la susodicha "mamá" no está muy dispuesta que digamos a que esta pareja de hippies sin oficio ni beneficio le arrebate a sus montaraces hijitas.
Muschietti, qué remedio, deja ver el cobre estilístico en algunos momentos -el teléfono que suena ruidosamente nomás para meter susto al respetable, el fantasma al que podemos ver nosotros pero la heroína no, la típica escena de la pesadilla dentro de otra pesadilla-, no faltan los personajes que toman decisiones inexplicables -el psiquiatra que va a meterse a la cueva del lobo nomás porque sí- y hay varios tropezones en la lógica interna del relato -¿por qué "mamá" le tendría que contar su historia a Annabel en un sueño?, ¿y el fantasma del hermano de Luke, de dónde salió?
Sin embargo, también es cierto que Muschietti demuestra que sabe montar visualmente una historia de horror fantasmal a la antigüita -¡esa elipsis de contenido con "mamá" jugando fuera del encuadre!-, no pierde oportunidad de desarrollar algún elemento dramático significativo -la miope Victoria quitándose los lentes para entrar a jugar con "mamá"- y, sobre todo, tiene la suficiente seguridad -o el suficiente apoyo de sus productores, incluyendo a Guillermo del Toro- como para seguir de frente con ese desenlace agridulce, tan feliz como infeliz, pero consistente y hasta necesario, de acuerdo con lo que han vivido y sufrido estos personajes, los vivos y los muertos. 

1 comentario:

Agustín T. Galván dijo...

Y acá, ni madres de "Mamá".