sábado, 20 de abril de 2013

33 Foro de la Cineteca/V



El montaje de Monica Coleman de Contra el Viento (Des Vents Contraires, Francia-Bélgica, 2011), segundo largometraje del actor y ocasional cineasta Jalil Lespert, privilegia los cortes abruptos y directos, lo que se acomoda a la perfección con una narración fílmica impredecible y, a ratos, hasta brusca.
Paul Anderen (magnífico Benoît Magimel) vive en París, es escritor y tiene una esposa médica Sarah (Audrey Tatou) que le reprocha su falta de apoyo con respecto a los dos hijitos de ambos. Después de una agria discusión que tiene frente a sus dos hijos, la mujer sale del departamento hacia su trabajo en un hospital... y desaparece del mapa. Un año después, Paul sigue devastado (¿la esposa huyó con alguien?, ¿simplemente lo abandonó?, ¿fue secuestrada?, ¿alguien la asesinó?) así que, para cambiar de aires, decide regresar a su pueblo natal, Saint Malo, a trabajar en la academia de manejo de su hermano mayor (Antoine Duléry). 
Ahí, en ese pueblito costero, Paul volverá a replantearse su vida y la de sus dos hijos a través de las distintas relaciones que va construyendo -con una jovencita con la que se lía infructuosamente, con un hombre que busca recuperar su licencia de manejo después de haber protagonizado un accidente, con un padre de familia exconvicto (Ramzy Bedia) a quien no le permiten ver a su hijo, con su propio hermano quien le guarda algunos resentimientos, con una inspectora de la policía local (Isabelle Carré)-, aunque la sombra de Sarah cae continuamente sobre él, a través sueños, recuerdos y ciertas llamadas telefónicas cuyo origen desconoce.
Es cierto que hay algunos elementos de la historia -las llamadas telefónicas, por ejemplo- que no terminan nunca de acomodarse, pero el guión firmado por cuatro escritores y basado en un best-seller de Olivier Adam es rico en la definición de sus personajes y en la sutileza de algunos de sus elementos dramáticos. Un sólido melodrama masculino que parece casi femenino: el tema del regreso al terruño con el fin de recuperar la vida y rehacer una familia. 

3 comentarios:

marichuy dijo...

Gracias a tu crítica saldré del letargo que me impone el maldito calor (sí, los chilangos con 28-30 grados ya sentimos el infierno; así somos de exagerados) e iré a ver este film. Lo vi en la cartelera de la Cineteca pero no me decidía, pese a que soy fan de Benoît Magimel desde su magnífica actuación en La Pianista y sus buenos papeles bajo las órdenes de Chabrol. Y además, creo, no es muy común ver un buen drama masculino.

Saludos.

Ernesto Diezmartinez dijo...

En efecto, Marichuy, es interesante ver a un hombre lidiar con un tema que suele ser extraño -por lo menos en el cine.

Abraham dijo...

Yo la llamé edición turbulenta. Por ahí tiene conexiones con Génova de Witterbottom, aunque su plática me recordó aquella de Grace is Gone, que no me acuerdo como le pusieron aquí. Una dirección limpia con algo de atrevimiento, esa escena del antro no sé si sea real u ocurra en la mente ebria del protagonista.

Y ya me acordé de Biutiful, asi que mejor ya me voy antes de deprimirme.