viernes, 5 de abril de 2013

Ciudadano Buelna




Ciudadano Buelna (México, 2012), el más reciente largometraje del otrora gran maestro del cine mexicano de los 60/70 Felipe Cazals, se presentó con más pena que gloria en el pasado Festival Internacional de Cine en Guadalajara. 
Por desgracia para todos los involucrados, estamos ante una inerte biopic del "Granito de Oro" Rafael Buelna Tenorio (Sebastián Zurita, dando el tipo a la perfección), virtuosamente fotografiada por Martin Boege, pero lastrada por una verborrea pomposa, engolada, repetitiva que proviene del guión escrito por el propio cineasta en colaboración con el guionista sinaloense (por adopción) Leo Eduardo Mendoza.
Si exceptuamos la mencionada fotografía de Boege, la buena presencia del joven Sebastián Zurita –con todo y sus ocasionales tics telenoveleros- y alguna otra actuación profesional –el infalible Damián Alcázar como Lucio Blanco-, Ciudadano Buelna es una retahíla de oportunidades perdidas, caracterizaciones incomprensibles y (auto)saboteos creativos debido, tal vez, a la falta de tiempo y/o dinero. O será que al estar dirigiendo la película el propio Cazals entendió que, acaso, ya no está (¿ni nunca estuvo?) para estos trotes épicos-históricos que, con la excepción de Vámonos con Pancho Villa (De Fuentes, 1936), no se le dan al cine mexicano.
Oportunidad perdida una: hacer una biopic pertinente/trascendente de un personaje que, fuera de Sinaloa, es prácticamente desconocido. La épica personal-ideológica-militar de Rafael Buelna merecía un guión acaso igual de dialogado, pero mucho más incisivo, no de estampita escolar para la secundaria. (Por cierto, ya estaba la obra teatral de Óscar Liera “El Oro de la Revolución”/1984 como muestra de que sí se puede hacer algo de este calibre).
Oportunidad perdida dos: acaso aceptando de antemano su incapacidad (creativa/monetaria/¿ontológica?) para el cine épico –hay por ahí solamente el eficaz barrunto de una batalla que nunca vemos-, Cazals y su equipo optan por escamotear de la pantalla los triunfos militares de Buelna. He aquí, pues, la historia militar nunca vista de uno de los más jóvenes generales que dio de la Revolución.
Oportunidad perdida tres: unas actuaciones/caracterizaciones sueltas, sin cohesión alguna. Da la impresión que Cazals estaba en otra cosa y no pensó en sus actores ni dirigió su trabajo. La primera ofensa es el Gustavo Sánchez Parra del Obregón: ¿en qué mundo paralelo el moreno, seco y serio Sánchez Parra se parece físicamente al blanco, dicharachero y pícaro Álvaro Obregón? Y si esto es absurdo, luego viene el Zapata de Tenoch Huerta –más digno del Potrillo que de Brando o, incluso, de Tony Aguilar- que, con sus ojos tristones, parece más dispuesto a recitar algún poema romántico que a tomar las armas. ¿Y esa barba rala del Carranza de Raúl Méndez? Vamos, hombre: si hay algo característico en la presencia del Barbastenango fue, precisamente, su larga barba blanca.
Usted dirá que todo esto es algo menor –eso me argumentaban varios colegas a los que respeto mucho en el pasado Festival de Guadalajara- y que lo importante es el rescate cinematográfico de Buelna y su historia. No lo creo así: estas ridículas caracterizaciones distraen enormidades y si, además, la historia misma está lastrada por una monótona verborrea digna de parvulitos, ¿qué nos queda?  ¿Algunas batallas bien montadas? Pues ni eso: Cazals no quiso o no pudo hacerlas. Lástima por él. Y, sobre todo, por Rafael Buelna, a quien no le ha hecho justicia la Revolución… ni el cine mexicano. 

11 comentarios:

Dan Campos dijo...

Coincido con que la fotografía es de lo mejor. En lo personal, la más cuidada del cine mexicano en lo que va del año.

Me quedo con la sensación de que Buelna no es el héroe que México merece, sino el que necesita... Siempre cercano a los grandes pero al menos en la cinta casi nunca muestra porque estaba en ese lugar... Y como bien dices, su brillantez táctica solo es platicada ya que sigo sin comprender como es capaz de tomar un fuerte con una polvareda de a caballo.

Ni havlar, a ver que tal le va en taquilla. Y a ver si aguantamos hasta la épica de la batalla de Puebla...

Agustín T. Galván dijo...

Bueno, fue una producción bastante accidentada (dicen). Con productores retractándose y llevándose, cual burócratas (que al parecer eran) en el mes de Hidalgo, sus respectivos materiales que porque eran de ellos y bla bla bla. Entiendo que el producto final sí resiente mucha de esa "ausencia"... Pero igual, no creo (o no he visto) que la falta de recursos deban lastrar la épica de una historia. Hay mucho cine B, con historias más "descabelladas" que lo hacen patente. Sin embargo ¿No será que esa pomposidad - innecesaria en la mayoría de los casos - por hacer esas "estampitas escolares" más que películas, sean el problema?

Una piedra lanzada a una ventana. Nomás.

Guillermo dijo...

Se murio Ebert...

Christian dijo...

Yo no la he visto y ni la quiero ver pero que mala está, dios me libre, ash, que horror!

Ni siquiera he visto el trailer, todo eso lo deduje por la foto de la entrada, se ve pésima!

:P

(jejeje)

Christian dijo...

#ElQueEntendióEntendió

Joel Meza dijo...

Yo la veré sólo para reclamar mi herencia familiar. Y en su honor, al menos en la reseña que eventualmente escriba, me firmaré con los apellidos completos, pa´ que se sepa. Y de ese modo renunciaré, momentáneamente, a mi sueño de algún día ser presentado, mientras piso algún home plate, con mi nombre profesional ("Al bat, Joel Meza" es más beisbolero que "Al bat, Joel Antonio Meza Buelna", ¿no?).

Ah, sí: uno de mis hermanos se parece al Granito de Oro. O al menos a una de las fotos que ví alguna vez en una exposición sobre Buelna. Y en las fotos que he visto de Zurita caracterizado, pos se parece a mi hermano.

Lástima que la película sea lo que es, por lo que leo aquí. De todos modos la veré. Para reclamar mi herencia familiar.

Joel Meza dijo...

Christian, lo malo es que quienes sueltan esas perlas y querríamos que entendieran, sólo avientan esa piedra y ya no vuelven.

Mejor la piedra lanzada por el Duende. La (fallida, porque al final ni se tiene la gracia para conseguirla como se busca esa) pomposidad ha sido uno de los tantos males del cine nacional, sobre todo el "histórico". Chingao, con tantas cosas que se pudieran contar de este país.

Agustín T. Galván dijo...

Lo digo tanto por esta película (sí fallida, aunque también necesaria, pues como se filmó en parte por estos lares, acabo viendo qué tanto "desapareció" del metraje final), y por Hidalgo. De esa última, por cierto, no entendí jamás qué venía al caso esas escenas del juicio y posterior muerte, más ese inserto de la locura de Hidalgo, si al final lo que más importaba era la "historia de ese hombre que luego se convertiría en el padre de la patria"...

Creo que si se quitara todo eso, con ese final del encuentro en el camino, tendríamos una cinta entretenida y no pomposa... Y si se quiere, carajo, hasta serviría para anunciar una secuela... "y esos dos que se saludan en el camino, acaban siendo..."

Guillermo dijo...

Y ahora, Bigas Luna...

La parca anda hambrienta.

Anónimo dijo...

Ernesto, tienes alguna reseña o comentario sobre el cine de Bigas Luna? Algún escrito de Jamón Jamón, por ejemplo?

Max

Ernesto Diezmartinez dijo...

Dan: Le fue mal en taquilla. Era de esperarse.

Agustín: Sí, puede ser. El cine mexicano histórico siempre ha sido pomposo y verborreico. Desde los inicios, con las excepciones debidas, claro.

Max: Sí, debo tener algo de Bigas Lunas. Deja lo busco.