miércoles, 17 de abril de 2013

Santo Domingo 2013/II


Desde el fin de semana pasado estamos en República Dominicana, como parte del jurado de la Sección Oficial de la XV Muestra Internacional de Cine de Santo Domingo. Como lo comenté en una entrada anterior, creo que no debo de escribir de las películas que tengo que juzgar, pero sí puedo dar cuenta de los filmes que no voy a calificar -los que pertenecen a la Sección Opera Prima- o lo que se exhiben fuera de concurso -Sección Informativa.
En este último caso se encuentra The Pelayos (España, 2012), del veterano realizador televisivo -y ocasional cineasta- Eduard Cortés. Aunque se supone que está basado en un caso real -un apostador de apellido García-Pelayo creó un sistema para ganar a la ruleta, con lo cual desbancó un casino en España-, la película no es más que una suerte de remake baturro de La Gran Estafa (Soderbergh, 2001). Incluso algunos de los personajes -los hermanos que siempre están peleando, el patriarca humillado (Lluis Homar), el protagonista  cool que ejecuta el plan (Daniel Brühl cual fusión de George Clooney y Brad Pitt), el malévolo administrador del casino (efectivo Eduard Fernández)- parecen derivaciones de la muy conocida saga dirigida por Soderbergh.
The Pelayos no estaría del todo mal si Cortés fuera un cineasta del talento de Soderbergh pero, por desgracia, no hay comparación alguna. Hasta donde entiendo, la película tuvo cierto éxito económico en España, lo cual no deja de tener cierta lógica: en un país en crisis, ¿qué mejor fantasía cinematográfica compartida que volverse millonario sin trabajar y derrotando a un casino?
Más interesante y lograda resultó ser Seis Puntos sobre Emma (España, 2011), que concursa en la Sección Opera Prima. La Emma del título es una guapa muchacha invidente (Verónica Echegui), tan independiente como salerosa, que tiene 29 años de edad y un solo objetivo en la vida: quedar embarazada. Al asistir a un grupo de ayuda para personas con algún tipo de discapacidad, Emma se lía con el psicólogo (Álex García), mientras despierta el interés amoroso de un joven vecino (Fernando Tielve). 
La película tiene la ventaja del buen humor -las reuniones de los discapacitados son muy graciosas-, un reparto uniformemente eficaz -la señorita Echegui, en particular, está muy convincente- y una dirección fluida del debutante Roberto Pérez Toledo. Nada más, pero nada menos. 
Mucho más interesante -y de lo mejor que he visto hasta el momento en Santo Domingo 2013 en cuanto a cine hispanoamericano se refiere- es Joven y Alocada (Chile, 2012), producida por el ubicuo Pablo Larraín, y dirigida por la debutante Marialy Rivas, película en concurso en la Sección Opera Prima.
La ganadora del Mejor Guión en Sundance 2012 es una vital comedia de crecimiento y maduración (¿o inmaduración?) femenina en desmadrosa clave sexosa y juvenil. La protagonista es una muchachita de 17 años llamada Daniela (formidable Alicia Rodríguez) que, a través de su fotolog titulado precisamente Joven y Alocada, confiesa urbi et orbi a toda la blogósfera del mundo mundial, que tiene "el choriflais" en llamas. Por supuesto, sus innumerables seguidores -la mayoría, adolescentes de los dos sexos tan calenturientos como ella- le mandan mensajes, comentarios y propuestas harto cochinotas, contrapunteando así las desfachatadas aventuras familiares/religiosas/bisexuales que vemos en pantalla.
Daniela pertenece a la clase alta chilena y ha sido educada en una conservadora familia evangélica, por lo que sus reflexiones y confesiones fotologueras no se refieren solo a su insaciables ganas de "culiar" -ni modo, así lo dice ella-, sea con el barbilindo corruptible Tomás (Felipe Pinto), con la atractiva Antonia (María Gracia Omegna) o con quien se deje, sino cómo puede -o no puede- conciliar su instintos fornicatorios con esos padres tan estrictamente religiosos y, más aún, con su propia confusión existencial, pues la muchacha no sabe bien a bien qué es lo que quiere.
La cámara de Sergio Armstrong está muy cerca siempre de sus personajes, casi tocándolos, centrando su foco en sus rostros y en sus cuerpos, mientras que a través del energético montaje de Andrea Chignoli y Sebastián Sepúlveda se nos muestra las interminables aventuras/desventuras de Daniela usando un sinfín de recursos visuales: animaciones sexuales explícitas, fragmentos fílmicos silentes, relajientos fotomontajes y más. El desenlace no es tal: lo que hemos visto es un estado de ánimo vuelto película, una confesión fragmentaria de una vida en explosión, un desbordamiento hormonal femenino que uno -desde la edad que se arrastra- solo puede ver con asombro, morbo, fascinación y, ni modo, algo de alarma. Una película notable.

3 comentarios:

Joel Meza dijo...

El choriflais. Los viajes ilustran, sin duda.

Desiree dijo...

Hola! ahora sí podrás comentar las películas de sección oficial? :)

Ernesto Diezmartinez dijo...

Joel: Oh, sí.

Desiree: Mi estimada: algunas críticas están en la última entrada que escribí sobre el Muestra, como Barbara y Elena. Un abrazo hasta Santo Domingo.