viernes, 14 de junio de 2013

Declaración de Guerra




Declaración de Guerra (La Guerre est Déclarée, Francia, 2011) es el sólido segundo largometraje de la guapa actriz y ocasional cineasta Valérie Donzelli, quien también funge aquí como coguionista, junto a su exmarido y actor coprotagónico Jérémie Elkaïm.
Declaración de Guerra es un filme rabiosamente personal: Donzelli y Elkaïm fueron pareja hace tiempo y sufrieron juntos la tragedia de enfrentar una grave enfermedad de su hijo –un raro tumor cerebral, nada menos- que los llevó a declarar la guerra del título no sólo al maléfico cáncer infantil, sino a todo lo que conlleva una lucha de esta naturaleza: problemas económicos, estres constante, soledad, cansancio, rutina… Y es que Donzelli nos dice que, sí, puede ser que ganes una guerra –la de la enfermedad- pero, ¿y las otras?
Cuando se conocen en un bar y experimentan de inmediato un irrefrenable “coupe de foudre”, Romeo (Elkaïm) le dice a  Julieta (Donzelli) que, por sus trágicos nombres románticos, tendrán que compartir un destino terrible. Y, de alguna manera, así es: un par de años después, a su hijo Adán (César Desseix), de 18 meses, se le diagnostica un tumor cerebral que resulta, para acabarla de sufrir, no sólo maligno, sino además, muy raro. Seguirán hospitalizaciones, una intervención quirúrgica, quimioterapia, radioterapia, más lo que acumule en las semanas, en los meses, en los años.
No he visto la opera prima de Donzelli, La Reine de Pommes (2009), pero ante la evidencia que se muestra en Declaración de Guerra, la guapa actriz no sólo es una buena cineasta sino que, además, no tiene el mínimo temor de correr todos los riesgos estilísticos posibles al contar su muy convencional historia –porque, por más trágica que sea, no deja de ser convencional-, así que echa mano de todos los recursos habidos y por haber, desde voz en off a la Truffaut hasta la irrupción del musical a la Demy, pasando por algún juego mágico-godardiano o las interrupciones abstractas de la narrativa que, cual desliz a lo Stan Brakhage, nos muestra el ineluctable avance del cáncer en las células del simpático bebé.
Otro punto a favor es la ecléctica pero siempre efectiva banda sonora, que saquea impunemente a Bach, Morricone, Delerue, Offenbach y, en una escena clave y desgarradora, al invierno (Allegro non molto) de las Cuatro Estaciones de Vivaldi, en uno de los más grandes momentos fílmicos que sufrí/gocé el año pasado, cuando la cinta fue exhibida en el 16to. Tour de Cine Francés.

1 comentario:

Mozzter dijo...

Gran drama. Los personajes tratando de darle buena cara a la pesadumbre, en vez de revolcarse en la miseria. Yo creo que esta es la mejor que vi (de lo que vi, valga la rebuznancia) en el ciclo de cine frances 2012. Incluida la favorita de muchos, Rust & Bones.