sábado, 29 de junio de 2013

El Chico de la Bicicleta



Ganadora en Cannes 2011 del Gran Premio del Jurado y exhibida en su momento en la 53 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, en noviembre de 2011, El Chico de la Bicicleta (Le Gamin au Vélo, Bélgica-Francia-Italia, 2011), octavo largometraje de los hermanos belgas Luc y Jean-Pierre Dardenne, reaparece ¡finalmente! en un modesto estreno cultural en la propia Cineteca y en salas afines. Ni modo: de lo perdido, lo que aparezca.
Como en toda la obra anterior de los Dardenne, estamos en Bélgica, en concreto en la ciudad obrera de Seraing; de nuevo estamos entre los pobres, abandonados y desposeídos; y, para variar, otra vez presenciamos una relación de padres e hijos quebrada y/o enfermiza. En cuanto al estilo visual, nuevamente los Dardenne, en colaboración con su cinefotógrafo de cabecera Alain Marcoen, no se despegan de sus personajes y mantienen la cámara cercana a ellos, como si estuvieran captando una realidad directa, sin afeites, imprevisible. En cuanto al reparto, los actores habituales de los Dardenne (Jérémie Renier, Fabrizio Rongione, Olivier Gourmet en cameo) rodean al extraordinario jovencito no profesional Thomas Doret, quien encarna al chico de la bicicleta del título.
Parece, entonces, que con El Chico de la Bicicleta los Dardennes han hecho más de lo mismo, que se han repetido sin pena alguna, que se han negado a salir de una zona de confort que tan buenos dividendos les ha redituado en Cannes –seis premios, incluyendo dos Palmas de Oro: una para Rosetta (1999) y otra para El Niño (2005). En realidad no es así. O no es así exactamente.
Claro que los Dardenne se repiten –eso es lo que hace cualquier gran auteur fílmico: explorar los mismos temas en un estilo similar-, pero esta repetición ofrece varias novedades. Por principio de cuentas, estamos ante la primera película de los Dardenne ambientada en verano, en una Seraing llena de luz, aire y calor. Luego, tenemos la presencia ¡y personalidad! de la primera estrella de cine que aparece en un filme de estos hermanos belgas: Cécile De France. Y, finalmente, El Chico de la Bicicleta es la película más “amigable” que han realizado los Dardenne en toda su carrera. Si bien es cierto que El Silencio de la Lorna (2008) ya nos anunciaba esta vía –el filme tenía la estructura de una suerte de thriller moral-, con El Chico de la Bicicleta los hermanos han dado un paso más para acercarse al gran público: como ellos mismos lo han declarado, esta película es prácticamente un cuento de hadas moderno.
El cinecrítico de The New York Magazine, David Edelstein, escribió, de hecho, que esta cinta le recordaba a Pinocho. No está nada errado: el centro de El Chico de la Bicicleta está ocupado por un niño de once años, Cyril (Doret), que no desea otra cosa que ser querido. Cuando su desobligado papá (Renier) renuncia a él (“Es demasiado para mí”), Cyril tiene dos caminos frente a sí: aceptar el amor incondicional de la noble y guapísima peluquera (¿y hada madrina de verdad?) Samantha (De France), quien está dispuesta a criarlo como su hijo; o caer en las redes de complicidad de un joven malandrín llamado Wes (Egon Di Mateo), quien lo necesita para perpetrar un robo.
¿Qué elegirá Cyril? ¿Se convertirá en “un verdadero niño” como Pinocho o terminará siendo una baja más en esta sociedad belga tan desarrollada, tan de primer mundo, tan bien organizada, pero de ninguna forma inmune a la ausencia de amor, solidaridad, empatía? Como de costumbre en el cine de los Dardenne, este dilema moral será planteado y (más o menos) resuelto no a través de discursos o mensajes, sino de hechos: los personajes actúan y, al hacerlo, revelan su verdadero ser. 
En el universo de los Dardenne la vida está ahí, en lo que se hace y en cómo se hace: una moral concreta, práctica, visible y vivible. El ser humano de los Dardenne se hace a sí mismo en cada decisión que toma. Y, luego, tiene que vivir con ella. No hay salida. Por lo menos, no una fácil.

2 comentarios:

marichuy dijo...

Yo no era muy fan del cine de estos hermanitos belgas (se me hace de mucha sufridera... y mira que lo mío es el drama), pero El Chico de la Bicicleta me conquistó. Me gustó el ritmo con que narran la historia de este chamaco, la última parte es realmente emocionante, al menos a mí me mantuvo en la orilla de la butaca. Y ese plano final con Cyril pedaleándole duro, no sé si liberado de su obsesión por ser reconocido por el padre, o sólo decidido a esta vez no errarla (y llegar a la cena), me gustó mucho. Y qué gran actuación del niño que hace de Cyril. De mi top ten en 2011.

Saludos

Ernesto Diezmartinez dijo...

Marichuy: Sí, estuvo en mi top-10 del 2102 (la vi hasta enero de ese año).