viernes, 21 de junio de 2013

Los Guardianes



Exhibida en Ambulante 2013, Los Guardianes (The Gatekeepers, Israel, 2012), segundo largometraje del cinefotógrafo convertido en director Dror Moreh (biopic documental Sharon/2008, sobre el Primer Ministro israelí Ariel Sharon), fue nominada con toda justicia al Oscar 2013 como Mejor Largometraje Documental aunque fue derrotado, previsiblemente, por la mucha más cálida y amigable Buscando a Sugarman (Bendjelloul, 2012). 
Es una pena, porque el Oscar habría significado una mejor distribución para un documental que merece toda la atención posible, no sólo por su impecable realización, sino por su provocador contenido histórico-político. Los guardianes del título son seis de los 13 directores que ha tenido en toda su historia el Shin Bet, el servicio de inteligencia y seguridad interna del Estado de Israel. Estos seis veteranos de la "guerra contra el terrorismo" -o estos "seis terroristas", pues "One Man's Terrorist is Another Man's Freedom Fighter"- hablan en planos medios o primeros planos, bien vestidos, bien iluminados, muy serios, mirando de frente todo el tiempo, esbozando a veces alguna media sonrisa, a ratos encogiéndose de hombros. Cada uno de ellos tomaron, en la época de sus respectivas responsabilidades, decisiones tan trascendentes como discutibles ("Olvídese de la moralidad", dice uno de ellos) para asegurar la derrota del terrorismo -la ejecución a la brava de dos secuestradores de un camión de pasajeros, el asesinato de un líder de Hamas a través de un jamesbondesco teléfono celular explosivo, el lanzamiento de una bomba "de precisión" que mató al blanco elegido pero también eliminó a "9-14 inocentes"-, sin darse cuenta que, con esas "tácticas sin estrategia", nunca llegarían realmente a triunfar: cada ataque con un F-16 israelí se respondía con un bombazo suicida palestino. Por ello, hacia el final, el vehemente Ami Ayalon -director del Shin Bet  de 1996 a 2000- acepta lúcidamente que se ha "ganado cada batalla, pero no la guerra".
Al inicio del documental se nos informa que nunca antes ningún director del Shin Bet había dado una entrevista pública. El hecho que seis de los encargados de la seguridad israelí, desde 1980 hasta el 2011, hayan decidido hablar con tal franqueza de sus tareas más difíciles, sus decisiones, sus triunfos, sus fracasos y (hay que decirlo) sus crímenes, habla por un lado, muy bien de la libertad de expresión en Israel -la película se exhibió comercialmente en el país sin mayor problema- y, al mismo tiempo,el panorama que nos presentan esta sexteta de hombres duros es realmente desolador para el país en el que viven. Con sus matices, Avraham Shalom (director del Shin Bet de 1980 al 86), Yaakov Peri (de 1988 a 1994), Carmi Gillon (de 1994 a 1996), Ami Ayalon, Avi Dichter (2000-2005) y Yuval Diskin (de 2005 a 2011) coinciden en lo mismo: la guerra está perdida y es necesario sentarse a dialogar con quien sea necesario, sin distingos de ninguna especie, "hasta con Ahmadineyad". 
En algún momento, si uno olvida de quiénes son los que están hablando, uno podría creer que se trata de un grupo de radicales anti-israelíes: Diskin afirma que es "antinatural" tener ese poder sobre la vida y muerte de alguien -sea o no sea terrorista-; Dichter de plano desea que se hubiera llegado a un acuerdo con los palestinos desde 1967; Carmi culpa a la ultraderecha y a los líderes religiosos del clima que culminó en el asesinato de Yitzakh Rabin en 1995; y Shalom, con la apostura de un abuelito bonachón pero sin dejar de lado una mirada penetrante, acepta que la forma en que el Estado israelí ha invadido Gaza y la Ribera Occidental "es similar, no idéntica" a la ocupación alemana de sus vecinos en la Segunda Guerra Mundial. Ayalon incluso trae a colación el concepto de "la banalidad del mal" -que acuñó Arendt para referirse al nazi Adolf Eichmann- con respecto a la forma en que, sin más, casi burócraticamente, se pueden disponer de 200 ó 300 vidas. Al final, la aparente paradoja termina en obviedad: después de hacer todo lo que hicieron, los exdirectores del Shin Bet acaban pensando como "izquierdistas".
Moreh echa mano de una buena cantidad de recursos cinematográficos, más allá de sus muy articuladas cabezas parlantes: material documental cine/foto-gráfico de época retrabajado a través de efectos visuales, tomas de satélite (¿reales?, ¿ficticias?) que nos muestran el impresionante alcance letal del Shin Bet, recreación de las torturas que estos hombres aceptan que se han llevado a cabo en cárceles israelíes, además de innumerables fotografías recientes y fragmentos de noticieros, todo ello expertamente editado por Oron Adar. Todas las piezas encajan hacia el final y quienes las han colocado coinciden: la solución está en el diálogo. En negociar. En ceder. En aceptar que la estrategia ha fallado. Y estos duros y viejos guardianes lo saben mejor que nadie. 

2 comentarios:

Christian dijo...

¿Ese Shin Bet es el Mossad o son cosas distintas?

Ernesto Diezmartinez dijo...

Son cosas diferentes. El Shin Bet tiene más poder, de hecho.