sábado, 8 de junio de 2013

Retrospectiva Leos Carax/II



 
 
Después de mucho años, volví a ver Los Amantes del Puente Nuevo a raíz de la Retrospectiva Leos Carax, presentada en la Cineteca Nacional, dentro de Distrital 2013.  Y, según mis cuentas, escribí el siguiente texto a mediados de los 90, hace casi 20 años. 
Al re-leer el texto para publicarlo en el blog, me doy cuenta que, tal vez, me pasé de lanza con mi entusiasmo desbordado. Tal vez. Con todo, ahora que he vuelto a ver el filme, creo que Los Amantes... sigue siendo superior a Holy Motors. Ni modo: demándenme.
 
 
Los Amantes del Puente Nuevo (Les Amants du Pont Neuf, Francia, 1991) es el tercer filme del "enfant terrible" del cine francés de hoy, Leo Carax (Boy Meets Girl/1984, Mala Sangre/1986). Seguramente la más accesible de sus primeras tres películas, Los Amantes del Puente Nuevo nos plantea la historia de amour-fou entre el homeless Alex (Denis Lavant, el actor-fetiche de Carax) y la pintora con parche en el ojo y ceguera progresiva Michèle (Juliette Binoche antes de su definitiva internacionalización con Tres Colores: Azul/Kieslowsky, 1994). 
Los dos personajes se encuentran en el legendario "Pont Neuf" parisino, cerrado durante dos años por remodelación, en el cual irán construyendo su amor a contracorriente. Un amor levantado a pesar del infortunio (la ceguera de Michèle, la cojera de Alex), de la agobiante miseria, de un pasado que atormenta y aplasta (el recuerdo de Michèle por un chelista de quien estaba enamorada), y de una ciudad indiferente y lejana.
La historia en sí poco tiene de original. Lo que quita el aliento es la forma de contarla. Y la forma es fascinante, apoyada por el sugerente y ultraelíptico montaje de Nelly Quettier (corte hacia un pescado crudo cuando Alex levanta el parche de Michèle para ver cómo está su ojo enfermo, corte en barrido hacia un grupo de palomas volando que se confunden con los helicópteros del desfile militar del bicentenario después de ver a Alex realizando su impresionante rutina de escupe-fuegos) y la virtuosa y maleable fotografía de Jean-Ives Escoffier (tono de video-documental en los primeros diez minutos cuando nos adentramos en la vida de los homeless parisinos; tono exultante de gloriosa comedia musical de Astaire-Rogers cuando la pareja baila en el derruído Pont-Neuf con las celebraciones versallescas del Bicentenario de la Independencia francesa de fondo; tono paroxístico cuando la cámara toma a Michèle corriendo entre el desfile militar después de matar -¿o imaginar que mataba?- a su examante chelista; tono seco, distanciado, cuando se atestigua el suicidio de Hans -Klaus
Michael Grüber-, el desafortunado vagabundo viudo).  
Los actores encarnan con plena libertad a sus personajes, contagiados por el despliegue apabullante de la narrativa visual camaleonesca del filme. De la alegría a la depresión, de los llantos a la rabia, de los delirios alcohólico-junkies a la desesperación, Lavant y Binoche han creado un par de personajes inolvidables: los dos grandes amantes del cine francés de los noventa.
El filme sorprende, incluso, por su disfrutable happy-end con los amantes reunidos después de la remodelación de su añorado "Pont-Neuf". Porque si les han quitado su hogar y su mundo, si les han arrebatado su antiquísimo puente semidestruído, aún les queda el Sena para habitarlo. Aun les queda el río, apacible y tranquilo. Y, sobre todo, aún les queda (nos queda) su amor.

5 comentarios:

marichuy dijo...

Nunca la he visto en pantalla grande, aun así la recuerdo con emoción y nostalgia. Todo al mismo tiempo. Hay una secuencia que tengo grabada, pero ahora que te leo ya no estoy segura si ocurre o yo la inventé: Juliette Binoche esquiando en el Río Sena. ¿Locura de Léos Carax o invento mío?

Saludos

Ernesto Diezmartinez dijo...

Sí, claro que esquía.

Anónimo dijo...

También yo salí desbordada de entusiasmo del cine, ahora que te leo me pregunto si yo también me pasé de lanza -je-.

Joel Meza dijo...

A m[i me gustó mucho cuando la ví en cine pero leyendo la reseña me doy cuenta que ya he olvidado casi todo...

Ernesto Diezmartinez dijo...

Joel: A verla de nuevo entonces. Vale la pena.