miércoles, 11 de diciembre de 2013

La Habana 2013/IV



La sección competitiva de cortos y mediometrajes de La Habana 2013 es tan abultada como la de largometrajes o la de operas primas. No me toca juzgar la sección de cortos y mediometrajes –FIPRESCI solo evalúa los largometrajes en competencia oficial, sin las operas primas-, pero si por mí fuera, el Coral a Mejor Cortometraje iría –por lo menos hasta el momento- a Meu Amigo Nietzsche (Brasil, 2012; duración: 15 minutos), de Fáustom da Silva.
Lucas es un chamaco que le va mal en la escuela. No sabe la O por lo redondo, como dirían los clásicos y precisamente un libro clásico se encuentra tirado cuando está baboseando en un basurero cerca de su precaria casa. El libro es “Así Habló Zaratustra”, de un tal Nietzsche. El niño empieza a hojearlo pero no le entiende a la mitad de lo que lee. Cuando está a punto de desecharlo, un amigable cartonero le da algo de información: el tipo ese Nietzsche era del este (y no de Brasil, sino de Europa), el libro es complicado, pero lo mejor está en la última página, así que debe leerlo completito. Y si no le entiende a una palabra, no hay problema: que pregunte al primer adulto que encuentre.
Lucas, en efecto, no solo termina el libro. Lo lee, de hecho, tres veces. Y, claro, mejora las calificaciones de manera impresionante. El problema es que tanta lectura de ese tal Nietzsche tiene efectos secundarios. Como eso de afirmar que “Dios está muerto”. La mamá y la maestra toman cartas en el asunto. Pero cuando alguien ha abierto un libro, ¿realmente se puede evitar que piense?
Frente a este divertidísimo e inteligente cortometraje, todos los demás que he visto son meros ejercicios escolares, más o menos afortunados. En el primer caso –de los más afortunados- está O Fim do Filme (Brasil, 2012; duración: 15 minutos), de André Dib, sobre un dependiente de un videoclub que tiene por vicio contar el final de las películas que renta. Una excéntrica muchacha cinéfila le enseñará que saber el desenlace de un filme no es tan importante, porque puede tener múltiples interpretaciones. Y además, se puede platicar sobre eso.
Otro ejercicio afortunado es El Tiple (Colombia, 2013; duración: 17 minutos), de Iván D. Gaona, que tiene como protagonistas a los mismos ancianos de su anterior corto Los Retratos (2011): Pastor Moncada y su señora Verónica Romero de Moncada. Sucede que la doñita está muy enferma, el marido no tiene con qué comprarle sus inyecciones y, por lo mismo, piensa en vender su tiple –su guitarra, pues- para conseguir las medicinas. El final es agradable y ligerito.
De los ejercicios poco afortunados hay dos: Obsessio (Cuba, 2013; duración: 6 minutos), de Frank Luis Velázquez Torres, sobre una adolescente que es torturada por su propia madre para que toque el violín; y Un Lugar (México, 2013; duración: 33 minutos), dirigido por el egresado del CCC Daniel Andrés Touron de Alba, quien con este mediometraje realizó su proyecto de graduación.
El problema de Un Lugar no es que sea un ejercicio personalísimo –está basado en lo que le pasó al padre del cineasta, un exiliado uruguayo que no terminó cierto documental que estaba haciendo sobre el plebiscito de 1989 en el que Uruguay votó por perdonar los crímenes de la dictadura-, sino que ese asunto tan personal no resulta particularmente interesante, cinematográfica y dramáticamente hablando. Es una pena, claro, pero qué remedio: el hecho de algo sea muy cercano a un cineasta no significa que eso le deba interesar al resto de la gente.