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domingo, 31 de marzo de 2013

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXXVII



Seis Sesiones de Sexo (The Sessions, EU, 2012), de Ben Lewin. Basado en un artículo escrito por el escritor y poeta Mark O'Brien (espléndido John Hawkes, injustamente ninguneado en el Oscar 2013) sobre su propia experiencia con una "terapista sexual" madura y de no malos bigotes (Helen Hunt), esta cinta es una rara avis proviniendo del mainstream hollywoodense: trata de manera abierta y franca el tema de la sexualidad de un discapacitado físico permanente al mismo tiempo que se permite una mirada tan graciosa como dulce a todo el sexoso asunto. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

Un Viaje Fantástico (Kon-Tiki, Noruega-GB-Dinamarca-Alemania, 2012), de Joachim Rønning y Espen Sandberg. Una emocionante aventura marítima basada en el increíble periplo que seis hombres llevaron a cabo en 1947 desde Perú hasta la Polinesia, tratando de demostrar una herética hipótesis histórica. Mi crítica, aquí.

sábado, 30 de marzo de 2013

Cuéntamela otra vez/XXV



Nominada al Oscar 2013 como Mejor Película en Idioma en Idioma Extranjero y presentada como cinta de apertura en Guadalajara 2013 -y, de pasada, como muestra del cine escandinavo homenajeado en esa edición del festival tapatío-, ha llegado a las salas comerciales defeñas Un Viaje Fantástico (Kon-Tiki, GB-Noruega-Dinamarca-Alemania, 2012), tercer largometraje de la pareja creativa formada por los noruegos Joachim Rønning y Espen Sandberg (churrito Bandidas/2006, Max Manus/2008, no vista por mí).
La película, escrita por Peter Skavlan, sigue con cierta fidelidad la increíble aventura científico-marítima de seis escandinavos -cinco noruegos, un sueco- que, del 28 de abril al 7 de agosto de 1947, viajaron durante 101 días en una balsa construida de madera, atravesando el peligroso Oceáno Pacífico, del puerto peruano del Callao hasta una de las islas de la Polinesia, pues el lider de la expedición, el obsesivo atropólogo noruego Thor Eyerdahl, buscaba comprobar que las islas polinesias habían sido colonizadas por indios provenientes de Sudamérica y no por habitantes de Asia, tal como se pensaba hasta el momento. 
La epopeya fue contada, de hecho, en un documental realizado por el propio Heyerdahl llamado, como el título original de la cinta de 2012, simple y llanamente Kon-Tiki (Ídem, Noruega, 1950). La película, que mereció el Oscar 1951 a Mejor Largometraje Documental, fue editada por Olle Nordemar a partir de las imágenes que el propio Heyerdahl y sus compañeros tomaron durante el viaje con una camarita de 16 mm., mientras que la sencilla y directa narración en off fue escrita por el propio líder del proyecto, quien había llegado a la herética conclusión de que la Polinesia había sido colonizada 1,500 años atrás por los indios sudamericanos en su discutida tesis "Polinesia y América: un Estudio de Relaciones Prehistóricas".
El documental, en blanco y negro, sin sonido sincronizado y con imágenes claves faltantes -la narración escrita por el propio Heyerdahl nos informa tranquilamente que no hay pietaje del interior de la cabina de la balsa, pero que sí sobrevivieron fotos fijas, que es lo que vemos-, Kon-Tiki se sostiene de todas formas por el simple hecho de que estamos viendo algo verídico, filmado en el momento en el que estaba sucediendo. He aquí, pues, la increíble aventura de seis tipos (pero, en serio, ¿qué tenían en la cabeza?) que se subieron a una balsa hecha con troncos y, siguiendo los vientos y las corrientes del Oceáno Pacífico, atravesaron casi 7 mil kilómetros, seguidos/acompañados por toda clase de fauna marítima, incluyendo majestuosas ballenas y temibles tiburones -que se alcanzan a ver de vez en cuando en el pietaje rescatado, por cierto.



Con una historia como esta, su adaptación al cine de aventuras no podía fallar y, en efecto, Un Viaje Fantástico no decepciona... mucho. El problema -dramáticamente hablando, aclaro- es que la epopeya de Heyerdahl y compañía fue tan increíble como exitosa: esa media docena de hombres se subieron a una balsa construida con los mismos materiales que usaban los indígenas sudamericanos de hace 1,500 años, la bautizaron Kon-Tiki (dios inca del Sol) y desafiaron al Oceáno -esa inmensidad inabarcable- para comprobar algo que parece poco más que el capricho de un joven científico inseguro/suicida. Al final de cuentas, pues, la aventura fantástica del título en español terminó bien y, con todo y algunas tormentas y el acoso cotidiano de los tiburones, Heyerdahl y sus cinco camaradas llegaron a buen puerto a una isla deshabitada de la Polinesia.
Entonces, si todo salió tan bien, ¿cómo dramatizar cinematográficamente ese viaje de 7 mil kilómetros? Creando de la nada fricciones absurdas entre los miembros de la tripulación que no existieron en la realidad, cargándole el (falso) muertito de un constante miedo paranoico al ingeniero divorciado vende-refrigeradores Herman Watzinger (Anders Baasmo Christiansen), o subrayando un curioso rasgo psicológico -este sí verdadero- en el lider de la experdición marítima Thor Heyerdahl (Pål Sverre Hagen, muy en su papel) quien, aunque parezca mentira, ¡no sabía nadar! 
Ya que los únicos personajes más o menos bien definidos en el filme son los mencionados Heyerdahl y Watzinger -además de la sufrida esposa abandonada de Heyerdahl, Liv (Agnes Kittelsen), que espera/desespera por su ausente marido explorador-, y ya que el drama humano en la balsa no llega a ser nunca tan interesante como lo que sucede alrededor de la balsa, Un Viaje Fantástico termina sosteniéndose de todas formas por un efectivo -por lo emocionante- manejo de los espacios abiertos/cerrados encima/abajo/en-el-interior/en-el-exterior de la balsa, bien logrado por la fotografía de Geirt Hartly Andreassen. 
Aquí está la gran fortaleza de esta película y solo por ello vale la pena revisarla. Aunque sea, como es mi caso, para cerrar los ojos ante el horror inabarcable e indomable del océano.

viernes, 29 de marzo de 2013

Cuéntamela otra vez/XXIV



Ante el estreno -y, al parecer, rampante éxito económico- de Nosotros los Nobles (México, 2013), opera prima de Gaz Alazaraki "inspirada" en la obra teatral de Alfonso Torrado que Luis y Janet Alcoriza adaptaron para El Gran Calavera (México, 1949), me di a la tarea de revisar el tercer largometraje -segundo mexicano- del cineasta hispano-mexicano Luis Buñuel. La película está disponible en un DVD nacional ascético pero, por lo menos, visible.
Aunque el propio Buñuel no le dedica más de diez líneas en su tan releída autobiografía "Mi Último Suspiro" ("No creo que presente el menor interés", dice él con respecto a la película), El Gran Calavera fue un necesario punto de inflexión para el aragonés que, después del fracaso taquillero y crítico de su opera prima mexicana Gran Casino (1947), había estado viviendo en México de prestado, mantenido por el dinero materno que venía de ultramar. En la banca y desesperado, Buñuel recibió la visita del productor Óscar Dancingers, quien le propuso dirigir El Gran Calavera, un proyecto personal de Fernando Soler. Inicialmente, Don Fernando iba a ser el realizador pero dándose cuenta que le iba a resultar complicado dirigir y protagonizar al mismo tiempo, el gran actor le pidió a Dancingers buscar un cineasta "honrado y dócil". Ese fue, precisamente, Luis Buñuel.
Don Luis, por cierto, no tiene más que palabras de elogio para Fernando Soler, pues en el también muy releído libro de entrevistas "Prohibido Mirar al Interior" (José de la Colina y Tomás Pérez Turrent, Ed. Joaquín Mortiz/Planeta), el aragonés dice que, gracias a que Soler era un actor tan completo y disciplinado, no tenía que dirigirlo gran cosa, por lo que se entretuvo experimentando con la cámara manejada por Ezequiel Carrasco -hay varias tomas tan elegantes como fluidas a lo largo de la película- e ideando algún shot ingenioso como el inicial, cuando conocemos al ricachón depresivo/borrachales Ramiro de la Mata (Soler), durmiendo la mona junto con varios teporochos en alguna celda de la Ciudad de México. Los zapatos elegantes de Don Ramiro -lo primero que vemos en la película- no sólo contrastan con el calzado zarrapastroso de sus compañeros de botiquín, sino que Buñuel se anima, incluso, a coronar la escena inicial con cierto gag de raigambre chaplinesca. 
La película fue dirigida por Buñuel en apenas 18 días, sin problemas de ningún tipo y el posterior éxito económico del filme animó a Óscar Dancigers a producirle a Don Luis "una verdadera película". Esta cinta se llamó, por supuesto, Los Olvidados (1950).
En cuanto a El Gran Calavera, la película sigue siendo una muy disfrutable comedia familiar que, fuera de la toma inicial ya mencionada o el engolado monólogo de un personaje que suelta algún latinajo, no hay evidencias del auteur Buñuel en acción. De cualquier forma, el filme se deja ver con gusto por su funcional limpieza estilística, por el ingenio de los diálogos escrito por el matrimonio Alcoriza ("-¡Esto es vivir!" "-¡Y beber!") y por un eficaz cuadro de actores, comandados por Fernando y Andrés Soler. Este último, por cierto y como era su costumbre, logra robarse varias escenas impunemente, como cuando explica su baquetona filosofía de vida, a la que ha bautizado como "Quietismo" o cuando expresa, indignado, su asombro porque tiene que chambear ("¡Trabajar un hombre digno, como yo!").
La historia, como recordará, está centrada en una lección que su hermano psiquiatra Gregorio (Francisco Jambrina) le quiere dar a Ramiro, quien después de la muerte de su esposa y para lidiar con su depresión, se ha dado a la pachanga, desatendiendo su salud, su negocio y sus hijos. El plan es hacerle creer, después de una de sus muchas intoxicaciones alcohólicas, que toda la familia ha quedado en la ruina, de tal manera que desde hace un año su hermano vividor Ladislao (Andrés Soler) trabaja como carpintero, la hipocondriaca esposa de este llamada Milagros (Maruja Griffel) cose y lava ajeno, el hijito ni-ni Eduardo (Gustavo Rojo) es bolero y la hijita casadera Virginia (Rosario Granados) no sale de la cocina. Sin embargo, al darse cuenta del engaño, Ramiro sigue de cualquier manera con la charada, ahora para darle una lección a todos sus parientes chupasangres que, en el camino, descubrirán no sólo la importancia del trabajo, sino que volverán a funcionar como una auténtica familia y, en el caso de Virginia, se encontrará con su verdadero amor en la figura del luchón proletario Pablo (Rubén Rojo). 



Una historia muy similar es la que está en el corazón de Nosotros los Nobles, dirigida por Gary "Gaz" Alazkari. El guión, escrito por el propio cineasta debutante en colaboración con Patricio Saiz y Adrián Zurita, nos presenta al millonario constructor Germán Noble (Gonzalo Vega, nunca llenando los enormes zapatos de Don Fernando Soler) que, harto de la vida inútil/disipada de su tres hijitos nini, el mirrey Javi (Luis Gerardo Méndez), el hipster Charlie (Juan Pablo Gil) y la insoportable princesa  Barbie (guapa Karla Souza), les hace creer que están siendo perseguidos por la policía y que han quedado en la miseria, por lo que ahora van a aprender a amar a Dios en tierra de indios. O sea, van a tener que chambear: Javi como conductor de un pesero "pidata", Charlie como oficinista  acosado por su jefa madurona y Barbie como suculenta mesera en minifalda de cierta cantina en la que trabaja como cocinero su luchón/resentido amor proletario, Lucho "el debilucho" (Ianis Guerrero).
En cuanto a la puesta en imágenes se refiere, Nosotros los Nobles está años luz de la emblemática fluidez buñueliana, aunque habría que aceptar que tampoco tiene demasiados baches narrativos. Eso sí, habría que reprocharle un tufillo aleccionador/regañón en contra del papá (in)Noble que nunca se dio cuenta de los problemas de sus hijitos (que si la dislexia de Javi, que si la bulimia de Barbie, que si la... la... bueno, la mera hueva de Charlie) y una severa deficiencia en la descripción de los tres  ninis protagónicos, pues mientras el Javi de Luis Gerardo Méndez y la Barbie de la eficaz señorita Souza tienen un adecuado arco de transformación, el Charlie de Juan Pablo Gil aparece desdibujado, incompleto, acaso incluso superfluo en el contexto de todo el filme. 
Lo mismo pasa con el disparejo cuadro actoral: mientras Vega, Méndez y Carlos Gascón -como un falso español nacido en Cholula- hacen más o menos bien su chamba, y Gil y Guerrero aparecen perdidos, la única que aprovecha la oportunidad de lucimiento -en más de un sentido- es la señorita Souza, hilarante con su acento y pose de reinita fresa desdeñosa/desdeñante venida a menos, con todo y sus one-liners políticas-paranoicas ("¿Por qué nos están quitando todo, como en Venezuela?", "Ahora resulta que estamos en Cuba", y les faltó una en la que dijera: ¿"Qué, siempre sí ganó el Peje?").
Por lo demás, los mejores gags están casi todos en el excelente trailer que nos vendía una película mucho más divertida y aguda que, al final de cuentas, nos queda a deber. De cualquier forma, no me queda más que felicitar al joven Alazraki por el aparente éxito económico de su cinta. Esto es algo bueno para el negocio del cine en México. Y, además, en una de esas, con todo el dinero que se está embolsando, no hay que descartar que Alazraki haga luego "una verdadera película". No digo que sea como Los Olvidados -eso nomás lo hace González Iñárritu, ya sabemos. Pero con un filme más redondo que Nosotros los Nobles me daría por bien servido.

miércoles, 27 de marzo de 2013

La Reina Infiel



La Reina Infiel (En kongelig affære, Dinamarca-Suecia-República Checa), cuarto largometraje de Nikolaj Arcel, es producida por Zentropa Films, la casa danesa que saltó a la fama a inicios de los años 90 de la mano del grupo Dogma 95, liderado por Thomas Vinterberg y Lars von Trier -quien, por cierto, aparece en los créditos de La Reina Infiel como uno de los productores ejecutivos.
Por supuesto, el Dogma 95 y sus "radicales" postulados estilísticos eran poco más que un muy elaborado -y a la postre, también muy exitoso- juego publicitario, por lo que nadie se llame a engaño si La Reina Infiel es cualquier cosa menos una cinta "dogmática". De hecho, el filme de Arcel se encuentra en las antípodas de las propuestas del citado Dogma 95, pues estamos ante un impecablemente producido filme de época, con morbosa temática histórico-política y, por lo mismo, previsiblemente multipremiado: Oso de Plata a Mejo Guión y Mejor Actor en Berlín 2012, además de la nominación al Oscar 2013 como Mejor Película en Lengua Extranjera, lo que le permitió ser exhibida en los más grandes mercados cinematográficos mundiales. 
La película, por cierto, es  más que una correcta y académica "cinta de papá", por más que a ratos parece que no desea ser otra cosa. Estamos en Dinamarca, en 1766. El joven rey imprevisible, desmadroso e infantil (¿o será simplemente que era medio idiota?) Christian VII (extraordinario Mikkel Boe Følsgaard, ganador en Berlín 2012 como Mejor Actor) recibe a su nuevecita y desconocida esposa, la adolecente inglesa Caroline Mathilde (Alicia Vikander), hermana del Rey de Inglaterra, y casi de inmediato procrean un heredero. Pero Christian no le podría interesar menos su mujer ni, mucho menos, gobernar. Lo suyo es echar relajo, perseguir prostitutas, deambular por burdeles y lamentarse de no haber nacido actor: una especie de Nerón danés, sólo que más simpático y nunca tan peligroso.
Las vidas de la descuidada Reina Caroline, el frívolo Rey Christian y la de los pobres y explotados súbditos daneses se transformarán cuando llegue a la corte un pragmático e ilustrado médico alemán, Johann Struensee (el ubicuo Mads Mikkelsen), quien se erigirá como una positiva influencia liberal sobre el Rey veleta Christian, se enfrentará al medieval Consejo de Estado y compartirá libros prohibidos de Rousseau con la abandonada Reina para, luego, compartir la cama con ella, en una imperdonable traición no sólo a su monarca/hijo-tonto, sino a los propios ideales que Struensee perseguía, pues al hacerle de chivo los tamales al buenazo Rey manipulable, puso en peligro su vida, la posición de la Reina y los avances que había logrado en justos cuatro años, mientra era el Regente de facto de Dinamarca, de 1768 a 1772.
La película fluye sin dificultades, entre el thriller político de época y la telenovela histórica-chismográfica sobre una realeza putañera/infiel/traicionera, sin faltar un insidioso -pero lúcido y certero- comentario-guillotina en el desenlace, pues estas multitudes que han sido beneficiadas por la llegada de las ideas liberales/rousseaunianas a Dinamarca, son las mismas multitudes chauvinistas/manipuladas/acarreadas que aplaudirán el sacrificio de su benefactor médico liberal, pues la masa informe no entiende de identificaciones superficiales ("¡Soy uno de ustedes, soy uno de ustedes!") que, a la vista del filme, nunca fueron más que eso: superficiales. El Despotismo Ilustrado, aunque es Ilustrado, no deja de ser Despotismo.

martes, 26 de marzo de 2013

Oz, el Poderoso





Antes que nada, dejen expresar mi desconcierto por el casi unánime rechazo crítico de Oz, el Poderoso (Oz the Great and Powerful, EU, 2013), precuela del irrepetible clásico hollywoodense El Mago de Oz (Fleming et al, 1939).
Sin duda, el décimo-quinto largometraje de Sam Raimi está muy lejos de alcanzar los niveles de delirio fílmico de la cinta protagonizada por Judy Garland, pero tampoco creo que merece este (casi) universal ninguneo. El rechazo puede explicarse, acaso, por el (justificado) culto que se tiene por la película de 1939 y por cierta animadversión hacia la estrella de esta precuela, el inquieto actor/productor/escritor James Franco, tristemente célebre por haber sido uno de los peores anfitriones -¿el peor?- en la historia de la entrega del Oscar.
Antes que nada, tratemos el asunto Franco. El actor californiano interpreta a Oscar Diggs, un mago de poca monta y mujeriego consumado, quien cae en el centro de un tornado en el Kansas de 1905 –blanco y negro, formato académico 4:3- y termina en el mágico mundo de Oz –a colores, formato 2.35:1-, en donde es de inmediato confundido como el Mesías que todo Oz estaba esperando. La labia natural de Oscar le hace ganar tiempo y logra engañar a unos cuantos, pero muy pronto tiene que aceptar que no es más que un pobre mago cualquiera, perdido y confundido entre tres guapas mujeres/brujas: la calculadora Evanora (Rachel Weisz, la futura Malvada Bruja del Este a la que le cae la casa encima en El Mago de Oz), la despechada Theodora (Mila Kunis, formidable como la futura Malvada Bruja del Oeste, con escoba, risa maniaca y color verde incluidos) y la bella Glinda (Michelle Williams, como la futura Bruja Buena que protegerá a la Dorothy de Judy Garland).
El colega y camarada avecindado en Mexicali Joel Meza ha dicho con razón que la actuación de Franco le recordó al joven Tin-tan: el actor interpreta a su personaje, el futuro Mago de Oz, como un mentiroso tan entusiasmado de sí mismo que, a veces, parece que cree sus propias mentiras. No sé si Franco conoce a Tin-tan, pero de seguro sí al Danny Kaye de El Bufón del Rey (Frank y Panama, 1955) y ni se diga al inevitable Bob Hope, con su retahíla de personajes hablantines, suertudos y cobardes que interpretó en los años 40 y 50.
En todo caso, Franco encarna a este carismático tracalero con un gusto y un convencimiento contagiosos. Y esto resulta fundamental, porque Oz, el Poderoso, tiene su centro dramático en la relación de su protagonista, el timador Oscar, con las tres brujas, las dos malas y la buena (aunque las tres estén bastante buenas), que se disputan el poder en Emerald City.
Esta precuela no pretende nunca tener los alcances de la historia original, escrita por L. Frank Baum –y continuada por él mismo en otros 13 libros- que, alegóricamente, trataba de diversos problemas políticos y económicos que sufrían los Estados Unidos de fines del siglo XIX. (La película de 1939, por cierto, fue despojada de toda esta carga ideológica para terminar convertida en uno de los más grandes filmes fantásticos de la historia).
Oz el Poderoso vehicula otra  alegoría muy distinta a la de los libros de Baum, pues la película de Raimi se ubica por derecho propio en este reciente ciclo de cintas nostálgicas centradas en el poder del cine y realizadas en el nuevo siglo, en donde lo mismo caben el pastiche silente El Artista (Hazanivicius, 2011) que el homenaje scorsesiano a Melies (La Invención de Hugo Cabret/2001), el rescate del lenguaje mudo en Blancanieves (Berger, 2012) o la reinvención de ese mismo lenguaje en Tabú (Gomes, 2012).
Así, Oscar expresa su más encendida admiración por un mago muy especial llamado Thomas Alva Edison y la historia, ubicada en 1905, nos traslada a los albores del cine, cuando magia, ilusionismo, espectáculo circense y las “vistas” cinematográficas formaban parte de la misma función. De esta manera, el futuro Mago de Oz vencerá al par de brujas malvadas a través de fuegos de artificio, electricidad y la proyección de una imagen imposible en el aire, entre humos y ruidos portentosos. Algunos llaman a esto magia. Otros lo llamamos cine.

domingo, 24 de marzo de 2013

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXXVI

 
 
 Mai Morire (México, 2012), de Enrique Rivero. Chayo (Margarita Saldaña) regresa a Xochimilco a cuidar de su abuela casi centenaria (Amalia Salas), pues "es lo que me toca", le dice ella a la abuelita de pocas palabras. Poco a poco -estamos en una slow-movie exquisitamente fotografiada por Gerardo Barroso y Arnau Valls Colomer, trabajo que les mereció un premio en Roma 2012- nos vamos dando cuenta de la situación: Chayo trabajaba de cocinera en la ciudad, tiene un marido (Juan Patricio Chirinos Jiménez) que no duerme con ella y un par de hijos pequeños que van a la escuela primaria. 
Con la misma placidez con la que avanzan las canoas que surcan los canales de Xochimilco transcurre el tiempo en el filme de Rivero, recién exibido en el pasado FICUNAM. Las imágenes se suceden sin prisa: una toma extendida que acompaña el regreso de Chayo con la abuela melancólica se corona con un delicado paneo que nos muestra las bellezas naturales del lugar, la anciana sale en su silla de ruedas a ver el amanecer, la mujer le enseña a su hija algunos secretos del mole de acuerdo a lo que ha aprendido de la abuela, la familia asiste a la iglesia del lugar en donde Chayo parece extrañamente distante de la ceremonia religiosa... 
La rutina se rompe cuando Chayo se da cuenta que su abuela está a dos semanas de cumplir cien años y decide hacer una fiesta. La anciana no podría estar menos interesada: se niega a comer, pide "que le ayuden a abrir la puerta" y hasta recita -acaso el único momento artificial de todo el filme- algún fragmento ("Que muero porque no muero") de "Vivo sin Vivir en Mí", ese prodigioso poema religioso de Santa Teresa de Ávila. 
La cinta presume varios segmentos oníricos que resultan, en el contexto del filme, tan pertinentes como misteriosos. Nos sugieren los miedos y las esperanzas de esta mujer que se siente útil al cuidar a su abuela, que se siente responsable de su vida y, también, de su muerte.
 
Terapia de Riesgo (Side Effects, EU, 2013), de Steven Soderbergh. Si, en efecto, esta es la última película del prolífico y versátil Soderbergh, el director de Tráfico (2000) se ha despedido con una eficaz cinta de género que, típico de él, cambia de piel en la medida que la película avanza. Esperemos que Soderbergh falte a su palabra y vuelva a dirigir para la pantalla grande. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado. 

jueves, 21 de marzo de 2013

El cliché que yo ya vi/CXIV





Christian Guisa propone:

Nárramela despacito: En toda película que haya una competencia de algún tipo, llámese béisbol, fútbol soccer, fútbol americano o canto a capella inter-universitario, siempre va haber un par de locutores deportivos narrando la acción para algún radioescucha que se supone está oyendo esa transmisión en algún lugar del universo creado dentro de la película, pero obviamente sabemos que eso no es lo importante. Lo que importa es que nosotros los espectadores tengamos esa narración dentro de la cinta. Ese artilugio sirve para dos cosas: una, para crear mayores gags, ya que los locutores por lo general cuentan chistes y sueltan one-liners ingeniosos y dos, para que nosotros no perdamos el hilo de lo importante que está pasando en la cancha, duela o escenario de la competencia en cuestión.
El ejemplo más reciente lo tenemos en Pitch Perfect, donde tenemos a una radiante y despampanante Elizabeth Banks junto con otro tipo, narrando las incidencias de las competencias de canto a capella de los protagonistas. Pero ademas podemos ver esto en innumerables películas como Grandes Ligas con Charlie Sheen, Mean Machine con Jason Statham, The Longest Yard con Adam Sandler, etc. y más etc.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Salman de Oz




A raíz de la precuela Oz el Poderoso y como preámbulo a la publicación de mi crítica, va el rescate de un texto que escribí hace más de una década sobre El Mago de Oz y Salman Rushdie. 

¿Se necesita algún pretexto para volver a ver un clásico? Por supuesto que no. Y si ese clásico es El Mago de Oz (The Wizard of Oz, EU, 1939), no sólo NO se necesita un pretexto, sino que resulta obligatoria la revisión de la cinta por lo menos una vez al año, con el fin de desintoxicarnos de mal cine y, de pasada, regresarnos momentáneamente al ideal estado infantil.
Aunque hay otros musicales más redondos en su discurso temático, en su realización, incluso en sus números musicales, El Mago de Oz conserva una imbatible aura de leyenda y ha creado -y criado- una merecida veneración entre diferentes generaciones de cinéfilos en todo el mundo. La película ha propiciado la aparición de una docena de secuelas y/o aproximaciones, tanto a la cinta de 1939 como a las historias originales escritas por L. Frank Baum, y ha sido citada  innumerables veces en infinidad de filmes. El trágico destino de su estrella, Judy Garland, es otro motivo para la perpetua fascinación que provoca la cinta, y el inmortal tema de Arlen y Harburg “Over the Rainbow”, interpretada por una Garland mirando ensoñadora hacia el cielo, pareciera, a la distancia, un irónico y cruel comentario sobre la difícil vida que tendría la madre de Liza Minelli a partir de este filme. Sin embargo, con todo y nuestra fanática admiración por esta cinta, quien esto escribe no tenía la más remota idea sobre una de las más insólitas influencias que tiene El Mago de Oz sobre uno de los más importantes autores de habla inglesa de los últimos años: Salman Rushdie.
El autor de Los Versos Satánicos nos confiesa, a boca de jarro, en la primera oración de su pequeño pero maravilloso texto fílmico/autobiográfico The Wizard of Oz (Brittish Film Institute, Londres, 1992, 69 pp.): “Escribí mi primer cuento en Bombay a los diez años; su título era ‘Over the Rainbow’”. Pocas páginas después, Rushdie es más claro aún, por si alguien no había entendido la sugerencia: “El Mago de Oz me convirtió en escritor”.
Antes de seguir, es obligado hacer una rápida revisión del filme. La trama de El Mago de Oz tiene la misma premisa de Alicia en el País de las Maravillas: la soñadora niña Dorothy Gale, quien vive en una pobre granja de un Kansas en blanco y negro, sueña con un lugar mejor, en donde los sueños se hagan realidad (“Some Over the Rainbow”). Un tornado lleva a Dorothy, con todo y casa, al mágico mundo de Oz, en donde conocerá a los divertidos y pomposos “munchkins” (“Munchkinland”) y a la Bruja Buena Gilda (Billi Burke), para luego enfrentarse, sin querer, con la Malvada Bruja del Oeste (extraordinaria Margaret Hamilton). Dorothy, quien posee ciertas zapatillas mágicas que desea la Bruja Malvada, decide buscar al poderoso Mago de Oz para que éste la regrese sana y salva a Kansas. En el camino, Dorothy se encontrará con un Espantapájaros (el notable bailarín Ray Bolger) que desea tener un cerebro (“If I Only Had a Brain”), un Hombre de Lata (Jack Haley) que desea tener un corazón (“If I Only Had a Heart”) y un León Cobarde (espléndido Bert Lahr) que desea tener valor (“If I Only Had the Nerve). Los cuatro amigos –acompañados de un perrito-ladilla llamado Toto- se dirigirán, entonces, a buscar al Mago de Oz para que cumpla todos sus deseos (“We’re off to see the Wizard”). Sin embargo, después de vivir varias aventuras, peligros y rescates de último minuto, los cuatro compañeros descubren que el tal Mago (Frank Morgan) no es más que un ridículo viejo que ha engañado a todos los habitantes de Oz usando una enorme variedad de trucos baratos.
El análisis que hace Rushdie del filme -volvamos al texto ya mencionado del escritor indio-británico- parte de varias fuentes. Por supuesto, echa mano de la teoría de autor (sin mucho éxito, pues la película, no fue dirigida sólo por Victor Fleming sino por otros tres grandes artesanos sin crédito: King Vidor, George Cukor y Richard Torpe), comenta con pertinencia el filme en relación con películas similares (¿Quién Engañó a Roger Rabbit, La Guerra de las Galaxias, Blanca Nieve y los Siete Enanos, y otras) o no tanto (el cine de Antonioni), analiza con sagacidad los orígenes literarios de la saga infantil de L. Frank Baum, y narra con una prosa ligera y desarmante varias anécdotas bastante sabrosas sobre la filmación de la película –algunas ciertas, otras falsas, todas muy divertidas. Sin embargo, si el texto de Rushdie vale como pieza literaria tanto como capcioso ensayo fílmico, es porque propone un par de lecturas notables –una, entrañablemente autobiográfica; la otra, genuinamente original- y porque permite al lector construir una tercera interpretación del filme, relacionada con la propia obra literaria de Rushdie.
La veta autobiográfica del texto es muy rica, en más de un sentido: Rushdie nos lleva a sus años infantiles en los que descubrió su vocación literaria después de ver El Mago de Oz, nos describe con generosa nostalgia el cine fantástico indio que veía en su niñez y nos entrega una conmovedora lectura sobre el descubrimiento climático del filme (que el “poderoso” Mago de Oz no es más que un pobre viejo ridículo que no hace un solo truco de magia) y lo extrapola al momento en el que su padre, Anis Ahmed Rushdie, se transformó, de papá “mágico y poderoso” en un hombre común y corriente. Le tomó la mitad de la vida a Rushdie, según nos confiesa, darse cuenta que su padre “era sólo un buen hombre, pero un muy mal Mago” (p. 10). Como nuestros padres y como nosotros mismos, agregaría yo: magos falsamente poderosos.
La otra lectura, más original, tiene también varias aristas autobiográficas. Para Rushdie, las aventuras de Dorothy en el fantástico mundo de Oz es una suerte de alegoría sobre “la dicha de irse de casa, de dejar lo gris y entrar al color, de hacer una nueva vida en un lugar ‘dónde no hay problemas’. ‘Over the Rainbow’ es –o debería de ser- el himno de todos los inmigrantes del mundo...” (p. 23). Para un escritor nacido en la India, criado en Inglaterra y que ha pasado los últimos años viviendo de incógnito sin tener un hogar permanente, es más que obvio el cúmulo de sugerencias que puede ofrecer una película cuyo personaje principal tiene una zapatillas color rubí que le permiten ser “intocable” y que entona una canción cuya letra habla de un lugar “en donde los sueños que tú te atreves a soñar se hacen realidad”. 
El Mago de Oz es, pues, para Rushdie, una metáfora sobre el viaje a tierras desconocidas y las estrategias para sobrevivir como inmigrante. Dorothy ha elegido ser una recién llegada cortés, amable y bondadosa; el supuesto Mago -¡quién también es de Kansas!- ha elegido, en contraste, una apariencia feroz, terrible, misteriosa. Sin embargo, como bien lo hace notar Rushdie, la amabilidad por sí misma no es suficiente para triunfar, ni tampoco las máscaras y engaños que usa El Mago resultan ser infalibles. Dicho de otra manera, ni ser completamente bueno o (fingir) ser malo son garantías de éxito en el fantástico mundo de Oz: una provocadora “parábola sobre la condición de inmigrante”, en palabras de Rushdie.
La tercera interpretación que uno puede construir como lector y cinéfilo sobre El Mago de Oz –me refiero tanto el filme como al texto de Rushdie- es la fuerte influencia que tiene la película sobre la obra del escritor indio-británico. Ya anoté cómo Rushdie fue inspirado por la cinta a escribir su primer relato llamado, precisamente, Over the Rainbow. A lo largo del ensayo, el escritor desliza otro par de confesiones centrales: el sueño del narrador en su novela Los Hijos de la Medianoche está basado en El Mago de Oz, y Harún y el Mar de Historias no hubiera podido ser escrita sin su fijación en Dorothy y sus tres amigos. No estorbaría releer parte de la obra de Rushdie teniendo esto en mente.
Esto nos lleva, por último, a retomar las palabras que Rushdie publicó en REFORMA hace tiempo (“Abortos en la India”, 21 de mayo de 2001, 30-A): “Siempre me consideré afortunado por pertenece a una gran familia india dominada por mujeres... Las hermanas de mi madre son un par de tías tan formidables e irresistibles... En mis obras de ficción, he intentado de manera reiterada crear personajes femeninos tan ricos y poderosos como aquellos que he conocido. Los hombres en mis libros son en muy escasas ocasiones tan extravagantes como las mujeres. Y es así como debe ser. O, al menos en mi experiencia, como ha sido”. No se necesita una mejor explicación: para un niño criado en una familia cuyas mujeres dominaban el escenario y cuyo paterfamilia era “un buen hombre, pero un muy mal mago”, un filme como El Mago de Oz tenía que dejar un impacto tan fuerte y duradero. En El Mago de Oz sólo las mujeres (Dorothy, la Bruja Buena Gilda, la Malvada Bruja del Oeste) son poderosas, mientras los hombres (El Espantapájaros sin cerebro, el Hombre de Lata sin corazón, el León cobarde, el falso Mago) son (¿somos?) una sarta de inútiles. Menos mal que sólo se trata de una película y de su influencia en la obra literaria de Salman Rushdie: en la vida real no sucede esto, ¿verdad?

lunes, 18 de marzo de 2013

El cliché que yo ya vi/CXIII



Joel Meza propone: 

"No te andes por las ramas": En las películas, una pregunta filosófica favorita es: si se rompe una rama en el bosque y no hay nadie cerca... ¿hace ruido?  Siempre que un personaje le anda sacando la vuelta a otro en medio del bosque, por más cuidado que tenga de no ser visto, habrá una rama seca lista para ser pisada y producir un fuerte tronido, justo cuando parecía seguro que el buscador había sido engañado. Por supuesto y para que funcione el cliché, el que busca tiene que tener oído de tísico y el bosque estar completamente en silencio, además de llevar varios meses de sequía pa´ que las ramas estén crujientes y tronadoras. Véase el más reciente ejemplo con la Niña de Porcelana y la futura Bruja Mala del Este, en Oz El Poderoso.

domingo, 17 de marzo de 2013

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXXV



Un Mundo Secreto (México, 2012), de Gabriel Mariño. Después de haberse presentado en Guadalajara 2012, aparece en la cartelera comercial chilanga la meritoria opera prima de Mariño.
Una muchacha, María (notable Lucía Uribe), acaba de terminar su preparatoria y sin decir agua va toma su maleta y decide tomar la carretera hacia el norte. ¿De visita con alguien pariente? ¿Va hacia Estados Unidos? Ni ella lo sabe. En el camino, se topa con uno que otro personaje aunque, formulita obliga, a quien ha ido a encontrar es a sí misma.
Es curioso: contada así, la cinta parece una plasta. Y si además anoto que el filme privilegia las tomas extendidas con la cámara fija, que algún personaje se suelta un monólogo larguísimo, que la protagonista es de muy pocas palabras y que, en realidad, en el filme no suceden demasiadas cosas, uno podría decir que estamos ante una tediosa/pretenciosa slow-movie de esas que gustan mucho en algunos circuitos festivaleros. Pero no hay nada de eso.
Aunque, pensándolo mejor, sí es una slow-movie, pero una interesante slow-movie. El personaje interpetado por la señorita Uribe tiene vida propia: practica el sexo casual (¿o se prostituye?) acaso por mero aburrimiento, se inventa a sí mismo una vida que no ha podido alcanzar, se autoinculpa como "puta" en su propio cuaderno o en algún baño de un gasolinera, mientras la cámara de Iván Hernández sigue todas estas acciones a través de una controladísima puesta en imágenes que nunca parece forzada. 
 
Golpe y Fuga (Hit and Run, EU, 2012), de Dax Shepard y David Palmer. Para lo único que sirvió este churro irredento fue para que volviera a ver Dos Pícaros con Suerte (Needham, 1977), aquella exitosa road-comedy con Burt Reynolds y Sally Field que, después de esta revisión, emergió como una cinta más divertida y sofisticada de lo que recodaba. Lo que hace el paso del tiempo. Mi crítica, en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

viernes, 15 de marzo de 2013

Notas Perfectas



En cierta escena clave de Notas Perfectas (Pitch Perfect, EU, 2012), dirigida por el teatrero musical Jason Moore, la arisca estudiante universitaria Beca Mitchell (ascendente Anna Kendrick), que se ha matriculado a regañadientes en Barden University porque lo que realmente desea es convertirse en una famosa DJ, le dice a su amigo/rival/galán Jesse (Skylar Astin) que no le gusta mucho el cine porque siempre sabe en qué va a terminar cada película. Es más, presume que siempre supo que Darth Vader era el papá maléfico de Luke Skywalker.  
El diálogo es, por supuesto, un guiño al espectador. Y es que a los pocos minutos de haber iniciado la opera prima de Jason Moore, cualquiera que haya visto unas cuantas películas sabe lo que va a seguir y en qué va a terminar. De cualquier forma, por más conocido que sea el camino, el trayecto es, de todas maneras, muy agradable.
El guión de Kay Cannon echa mano de un formato deliciosamente anacrónico, proveniente de los inicios del cine musical americano (la fórmula "Let's Put On a Show", con Judy Garland y Mickey Rooney), combinado con el cine reciente de competencias juveniles (por ejemplo, esa maravilla que es Triunfos Robados/Reed/2000), algún homenaje/saqueo a Christopher Guest (los comentaristas que parecen primos hermanos de los de Mejor en Exposición/2000) y los añejos tics de la comedia romántica más tradicional que, cuando son bien ejecutados, me resultan culposamente irresistibles. Si a eso le agregamos una dinámica puesta en imágenes del debutante Jason Moore -nominado al Tony 2004 como Mejor Director de Teatro Musical por "Avenue Q"-, tenemos entonces que Notas Perfectas se eleva muy por encima del promedio del cine palomero del fin de semana.
La escéptica Beca, recién inscrita en Barden University, entra casi por inercia a un grupo femenil de canto a capella, "Las Bellas", dirigida por la controladora/autoritaria Aubrey (perfecta Anna Camp), equipo que siempre termina perdiendo las competencias regionales y nacionales con sus eternos rivales masculinos, "Los Treblemakers". Los caracteres de Beca y Aubrey chocarán de inmediato y más aún cuando Beca es cortejada y atraída por uno de los "Trebelmakers", el agradable cinéfilo Jesse.
Como usted comprenderá al leer el párrafo anterior, la historia es un mero excipiente para el lucimiento de las actrices y sus personajes -la gordaza segura de sí misma, la sexy adicta al sexo, la lesbiana afroamericana, la oriental que siempre tiene algo raro que decir en murmullos inaudibles- y, especialmente, para el montaje de varios números musicales, en los que el director Moore, su cinefotógrafo Julio Macat y, especialmente, la editora Lisa Zeno Churgin, demuestran que han visto y asimilado el musical al estilo Fosse. Y ya que no lo tenemos a él, por lo menos disfrutemos de sus aptos admiradores. 

jueves, 14 de marzo de 2013

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXXIII y CCXXIV



Después de dos semanas de no poder revisar la cartelera comercial y cinetequera -gracias al FICUNAM 2013 y a Guadalajara 2013- he aquí una incompleta lista de lo que se estrenó en estos dos últimos viernes y lo que he alcanzado a ver desde entonces.

Notas Perfectas (Pitch Perfect, EU, 2012), de Jason Moore. Honestamente, no tenía idea de que hubiera competiciones universitarias de canto a capella, pero este es el universo cómico-dramático-musical de la opera prima del especialista Jason Moore, nominado al Tony 2004 como Mejor Director de Musical. La película se beneficia de un reparto juvenil intachable, diálogos graciosos y un dinámico montaje fossiano de Lisa Zeno Churgin. Creo que volveré a esta película en los próximos días. 

Fausto (Faust, Rusia, 2011), de Alexander Sokurov. Estamos ante la última parte de una serie que ha explorado los excesos del poder totalitario: Moloch (1999), sobre Hitler; Telets (2001), sobre Lenin; y Solntse (2005), sobre Hirohito. Sin embargo, en esta cuarta parte, en lugar de tomar algún otro personaje histórico (¿dónde quedaron Stalin, Mao, Fidel?), Sokurov optó por la exploración alegórico-literaria.  
Así, el poder que busca el alquimista, profesor y médico Fausto (Johannes Zeiler) no es el político. Él quiere algo más inmediato. Por ejemplo, una noche con una bellísima mujer que parece haber salido de un cuadro de Vermeer (Isolda Dychauk). Para ello, no tendrá empacho en vender su alma a un excéntrico demonio, tan frágil como siniestro (Anton Adasinsky, hipnótico). 
Hace un momento mencioné a Vermeer. Quedan otros nombres pendientes: la puesta en imágenes creada por Sokurov con la ayuda del cinefotógrafo Bruno Delbonnel abreva directamente de muchos de los más grandes pintores flamencos y holandeses de los siglos XVI y XVII: el primer plano vermeeriano de la señorita Dychauk, la casa en el bosque como pintada por Herri met de Bles, interiores de David Teniers, rostros de Adrien Brouwer. El terrorismo visual no conoce descanso y qué bueno que así sea. Sólo así resiste uno el exceso de diálogos y la opacidad narrativa de una cinta que termina siendo (¡herejía, herejía!) un irritante capricho.

Metal y Hueso (De Rouille et D’Os, Francia, 2012), de Jacques Audiard. En su más reciente cinta, pareciera que el maestro Audiard ha desenterrado la historia de algún sublime filme griffithiano con todo y salvación de último minuto. Este melodrama desatado presume una gran actuación de Marion Cotillard que, con este trabajo, hace que le perdonemos el ridículo que hizo en Batman 3. Mi crítica en el Primera Fila del 1 de marzo del diario Reforma.

Las Sufragistas (México, 2012), de Ana Cruz. Este largometraje documental, visto en Morelia 2012,  es la perfecta pieza de acompañamiento de otro documental, La Revolución de los Alcatraces (Kaplan, 2012), pues las dos cintas tratan más o menos el mismo tema: la lucha de la indígena zapoteca Eufrosina Cruz Mendoza por reivindicar el derecho a votar y ser votada en el interior de su comunidad, que le negaba ese derecho a todas las mujeres alegando "usos y costumbres".
En lo personal, me quedo con este documental de Cruz, pues ubica la lucha de Eufrosina en un contexto histórico y político más amplio, ya que a través de la voz en off narrativa de la propia cineasta y los extendidos testimonios de historiadoras -Ana Laura Jaiven, Gabriela Cano, Enrique Tuñón-, políticas en activo -Beatriz Paredes, Rosario Robles, Ivonne Ortega, Amalia García y nada menos que Michelle Bachelet-, políticas retiradas -Dulce María Sauri- y otras personalidades más- la periodista Enriqueta Cabrera, la encuestadora recientemente fallecida María de las Heras-, se nos entrega una puntillosa crónica sobre la lucha de las mujeres por sus derechos políticos, iniciada en México desde la discusión en el Congreso Constituyente de 1917. 

Oz, el Poderoso (Oz the Great and Powerful, EU, 2012), de Sam Raimi. No veo el desastre por ninguna parte  en esta excentricidad dirigida por Raimi. En todo caso, se trata de otra encendida apología del mundo de los sueños, es decir, del cine mismo como máquina de escapes, engaños y fantasías. Habrá que volver a esta película en los próximos días. 

Los Mejores Temas (México-Canadá-Holanda, 2012), de Nicolás Pereda. En la cinta más reciente de Pereda -en merecer estreno, aclaro, porque se acaba de presentar otra película más de él, Matar Extraños (2013), en el FICUNAM- el sempiterno padre que no ha aparecido por ningún lado en las anteriores películas del cineasta chilango-canadiense, regresa a la casa para pedir perdón, pedir posada y, como no quiere la cosa, pedir apoyo para iniciar un negocio. ¿Son los mismos Gabino  (Gabino Rodríguez) y Teresa (Teresa Sánchez) de Verano de Goliat (2010)?: es casi seguro que no, aunque sí podrían ser la misma madre y el mismo hijo del díptico Juntos-Perpetuum Mobile (ambas de 2009). Después de todo, por ahí aparecen el amigo borrachales Paco (Francisco Barreiro) y la fiel novia Luisa (Luisa Pardo). Como es costumbre en el cine de Pereda, estamos en un terreno pantanoso en el que los modos de producción -ficción, documental, detrás de las cámaras- se (con)funden.

Submarino (Ídem, Dinamarca-Suecia, 2010), de Thomas Vinterberg. Programada en la 52 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional. Mi crítica, acá. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

Retrospectiva Luis Miñarro/II




El Extraño Caso de Angélica (O Estranho Caso de Angélica, Portugal-España-Francia-Brasil, 2010) fue dirigido por el cineasta portugués Manoel de Oliveira cuando el angelito había pasado de los 102 años.
Sobre un guión escrito por el propio cineasta a inicio de los años 50 del siglo pasado, pero nunca filmado hasta este momento, he aquí la encantadoramente naïve historia de amor fantasmal entre el melancólico fotógrafo judío Isaac (Ricardo Trêpa, nieto del director) y la bellísima Angélica del título (Pilar López de Ayala), una joven mujer recién casada que murió repentinamente para desconsuelo de su marido y su familia.
Isaac es llamado por la madre de Angélica para que le tome una foto a su bella hija antes de ser enterrada y, para su sorpresa e incurable obsesión subsecuente, la “muertita” abre sus ojos y le sonríe cuando él la ve a través del lente de su cámara. Por supuesto, nadie más que él ha es testigo de esa coquetería del más allá y también se encuentra solo en su cuarto cuando, desde la propia fotografía secándose, el rostro de Angélica cobra vida y le vuelve a sonreír de nuevo.  ¿Isaac está delirando o realmente Angélica, en forma de espíritu, se ha enamorado de él?
De Oliveira dirige con la simplicidad mágica de costumbre. Escasos movimientos de cámara, tomas largas que permiten hallazgos inolvidables –la escena del gato viendo fijamente al canario mientras un perro, a lo lejos, ladra- y, en este caso, unos efectos especiales completamente anacrónicos, casi provenientes de la época en la que inició su carrera el centenario cineasta, por allá en la época silente hoy tan de moda.
El anacronismo es el tema central de la película, de hecho. En el pueblo donde se lleva a cabo toda la acción, ubicado en el Valle del Douro –escenario de otras películas del cineasta-, el tiempo parece haberse detenido. Por más carreteras modernas que se vean al fondo, por más tronante que sea el ruido de los camiones que pasan frente al balcón de Isaac, por más que este sea un mundo en donde todo lo hacen las máquina, Isaac sigue tomando fotos a la antigüita, se viste como personaje romántico del siglo XIX, y la propia familia de la fallecida Angélica vive, también, en otra época. De ahí, su decisión de tomarle una foto al cadáver de la muchacha, de ahí la reacción de la hermana de Angélica cuando Isaac le dice que, ¡horror!, él es judío.
El Extraño Mundo de Angélica es, en realidad, El Extraño Mundo de Manoel de Oliveira: un lugar mágico en el que el tiempo se ha detenido, en el que las máquinas ocupan un lugar secundario y en el que el verdadero amor no conoce de barreras. Ni las de la muerte.

martes, 12 de marzo de 2013

Retrospectiva Luis Miñarro/I



El Muerto y Ser Feliz (España-Argentina-Francia, 2012), tercer largometraje de Javier Rebollo (Lo que Sé de Lola/2006, La Mujer sin Piano/2009), inicia con una dedicatoria directa a la Cinemateca uruguaya, que corona con el cameo clave del cinecrítico y programador uruguayo Jorge Jellinek, protagonista de La Vida Útil (Veiroj, 2010), ubicada precisamente en la Cinemateca de Uruguay. 
La dedicatoria de marras lleva jiribilla: no se trata solo de una señal amistosa a una institución cinefílica tan venerable como esa -o como nuestra Cineteca, por ejemplo- sino, oblicuamente, al cine en general. O, si usted quiere, al amor a un cierto tipo de cine en sus diversas fórmulas genéricas: la road-movie terminal/existencial, el thriller elíptico con sicario desencantado incluido, el film-noir con voz en off contradictoria/equívoca. 
Santos (José Sacristán) es un matón profesional de 75 años que, con un centenar de víctimas en su haber, está a punto de morirse. El tipo vive en Argentina -donde ha "trabajado" la mitad de su vida- y ahí morirá, lleno de tumores cancerosos (en el intestino, en el páncreas, en el cerebro) y ahogado por la culpa de no poder recordar, ni siquiera, el nombre de la primera persona que asesinó. El viejo, pues, sale del hospital de donde lo han desahuciado y, después de echar a perder un último encargo, se sube a un Ford Falcon de los años 70 con su dotación necesaria de morfina y toma la carretera sin un rumbo fijo. En una gasolinera, Erika (Roxana Blanco), que "no parece la chica de una película", se sube a su auto y le pide salir de ahí de inmediato. El giro argumental es tan convencional como efectivo: en el resto de la película, Santos y Erika negociarán una relación entre la amistad, la mutua dependencia e, inevitablemente, un torcido sentimiento paterno-filial.
El guión, firmado por el propio cineasta en colaboración con Lola Mayo y Salvador Roselli, arrastra algunos diálogos demasiado literarios y toda la premisa, de hecho, podría haber desembocado en un sentimentalismo gerontofílico, pero la puesta en imágenes de Rebollo -foto de Santiago Racaj-, el intachable trabajo de sus dos actores protagónicos y la distanciada/irónica voz en off narrativa (masculina del propio Rebollo, femenina de la coguionista Lola Mayo) ayudan a que la película termine resultando mucho más satisfactoria de lo que podría parecer al leer la sinopsis. 

domingo, 10 de marzo de 2013

Guadalajara 2013... en un vistazo


Como sabe el lector asiduo de este blog, las calificaciones positivas de las cintas enlistadas van de uno a cuatro asteriscos; las negativas, de una a dos cruces. Si hay alguna huída del cine, se identifica con la letra H.

Ese Oscuro Objeto del Deseo (Cet Obscur Object du Désir, España-Francia, 1977), de Luis Buñuel: ****

Cadena Perpetua (México, 1978), de Arturo Ripstein. Homenajes: Ernesto Gómez Cruz: ****

Paty Chula (México, 1991; 38 minutos), de Francisco Murguía. Homenajes: Ernesto Gómez Cruz: ****

Miradas Múltiples (La Máquina Loca, Francia-México, 2012), de Emilio Maillé. Funciones Especiales: ***

Infancia Clandestina (Argentina, 2012), de Benjamín Ávila. Largometraje Iberoamericano de Ficción: ***

Un Chico (Oh Boy, Alemania, 2012), de Jan Ole Gerster. Panorama Internacional: ***

Momentos Eternos  (Maria Larssons eviga ögonblick, Suecia, 2008), de Jan Troell. Homenajes: Jan Troell: ***

Una Aventura Extraordinaria (Life of Pi, EU, 2012), de Ang Lee. Son de Cine: ***

La Historia en la Mirada (México, 2010), de José Ramón Mikelajáuregui. EDOC: ***

Blancanieves (España-Francia, 2012), de Pablo Berger. Largometraje Iberoamericano de Ficción: ***

El Huaso (Chile-Canadá, 2012), Carlo Guillermo Proto. Documental Iberoamericano: ***

Lo Imposible (España-EU, 2012), de José Antonio Bayona. Vox Pópuli, Box Office: ** 1/2

Workers (México-Alemania, 2012), de José Luis Valles González. Premio Mezcal: ** 1/2

Nosilatiaj. La Belleza (Argentina, 2012), de Daniela Seggiaro. Largometraje Iberoamericano de Ficción: **1/2

Quebranto (México, 2012), de Roberto Fiesco. Documental Iberoamericano: ** 1/2

Elevador (México, 2012), de Adrián Ortiz Maciel. Documental Iberoamericano: ** 1/2

El Efecto K, el Montador de Stalin (España, 2012), de Valenti Figueres. Largometraje Iberoamericano de Ficción: ** 1/2

Tanta Agua (Uruguay-México-Holanda, 2012), de Ana Guevara y Leticia Jorge. Largometraje Iberoamericano de Ficción: ** 1/2

La Rebelión de Valhalla (Valhalla Rising, Dinamarca, 2009), de Nicholas Winding Refn. Países Nórdicos-Dinamarca: **

De Reykjávik a Róterdam (Reykjávik-Rotterdam, Islandia, 2008), de Óskar Jónasson. Países Nórdicos-Islandia: **

Érase una Vez Verónica (Era uma vez eu, Verônica, Brasil-Francia, 2012), de Marcelo Gomes. Largometraje Iberoamericano de Ficción: **

Celso Piña, el Rebelde del Acordeón (México, 2012), de Alfredo Marrón Santander. Son de Cine: **

La Camioneta (Estados Unidos-Guatemala, 2012), de Mark Kendall. Documental Iberoamericano: **

La Cigüeña Metálica (España, 2012), de Joan Lopéz Lloret. Documental Iberoamericano: **

La Lapidación de Sant Esteve (La Lapidació de Sant Esteve, España-Francia, 2012), de Pere Vila i Barceló. Panorama Internacional: **

Bajo Tortura (México, 2012), Cristina Juárez Zepeda. Premio Mezcal: **

El Artista y la Modelo (España, 2012), de Fernando Trueba. Galas: * 3/4

Colosio, el Asesinato (México, 2012), de Carlos Bolado. Vox Pópuli, Box Office: * 3/4

Tercera Llamada  (México, 2012), de Francisco Franco. Largometraje Iberoamericano de Ficción: *1/2

Mitote (México, 2012), de Eugenio Polgovsky. Ahora México: *

Las Lágrimas (México, 2012), de Pablo Delgado Sánchez. Funciones Especiales: *

Purgatorio, un Viaje al Corazón de la Frontera (México-EU, 2012), de Rodrigo Reyes. Documental Iberoamericano: *

Ciudadano Buelna (México, 2013), de Felipe Cazals. Galas: *

Matar Extraños (México-Dinamarca, 2013), de Nicolás Pereda y Jacob Secher Schulsinger. Países Nórdicos-Dinamarca: *

Ciclo (México, 2011), de Andrea Martínez Crowther. Funciones Especiales: *

Inercia (México, 212), de Isabel Muñoz Cota Callejas. Premio Mezcal: *

Elena (Brasil, 2012), de Petra Costa. Documental Iberoamericano: *

Levantamuertos (México, 2012), de Miguel Núñez. Premio Mezcal: +

Las Mariposas de Sadourní (Argentina-Italia-GB, 2012), de Darío Nardí. Largometraje Iberoamericano de Ficción: +

Besos de Azúcar (México, 2013), de Carlos Cuarón. Largometraje Iberoamericano de Ficción: +

El Niño con Olor a Pez (The Boy Who Smells Like Fish, México-Canadá, 2012), de Analeine Cal y Mayor:  Largometraje Iberoamericano de Ficción: ++

sábado, 9 de marzo de 2013

Guadalajara 2013/VIII y último



"Ya ves, esto se debe a ti", me dijo un sonriente Gerardo Salcedo, Director de Programación de Guadalajara 2013, señalando un salón del Hotel Hilton habilitado como sala de cine para la exhibición de los documentales iberoamericanos en competencia. Por supuesto, era una broma. Ningún crítico de cine -o, en todo caso, el crítico de cine que regentea este blog- es tan influyente. Lo cierto es que después de varios años de insistir en este espacio y en otros más en dos propuestas muy concretas -desaparecer la sección mexicana para elegir solamente buen cine nacional y hacerlo competir con el resto de iberoamérica; y organizar funciones de prensa para el cine documental que suele ser más interesante que la ficción, por lo menos en México-, los organizadores del Festival Internacional de Cine en Gudalajara tomaron estas dos decisiones que van de acuerdo con lo que yo proponía. Pero, claro, no fui el único que tuvo estas ideas que, por otras parte, son de sentido común.
Así pues, Guadalajara 2013 ofreció, además de estas refrescantes novedades, una organización impecable -supongo que habrá habido problemas que no vimos, pero sucedió eso: no los vimos ni los padecimos- y una atención esmerada con la crítica que cubre el festival, algo de lo que careció la edición anterior. En resumen, yo voy a Guadalajara desde hace muchos años -desde que era Muestra, de hecho- y esta edición es una de las mejores que recuerdo, si no es que la mejor. 
En cuanto a la competencia, las "áreas de oportunidad" -eufemismo que esconde el concepto de "problemas que hay que resolver"- tiene que ver, para variar, con las cintas mexicanas elegidas para competir, ahora en la sección iberoamericana. Para decirlo de una vez: tanto Besos de Azucar, de Carlos Cuarón -Cursi y Cursi, la bautizó el periodista Héctor Mendieta y Vega-, como El Niño con Olor a Pez no merecían estar en la competencia iberoamericana. Verlas en la misma lista que Infancia Clandestina, Blancanieves o Nosilatiaj. La Belleza fue un despropósito. Ora sí: qué pena con las visitas. Aquí hay chamba para el comité de selección de largometraje iberoamericano de ficción, en donde hay gente tan respetable como Guillermo Vaidovits. 
Por lo demás, qué bueno que los jurados no repitieron el "mariachazo" del año pasado y el reparto de premios, oficiales y no oficiales, fue tan pertinente como justo. Mi único par de peros es la mención especial a Elena (Costa, 2012) en el terreno del largometraje documental y el Mayahuel a Mejor Director a Darío Nardí por Las Mariposas de Sadourní, que presume tres secuencias formidables, pero que no presume otra cosa más. 
En cuanto al premio Guerrero de la Prensa -que ahora tuvo una ceremonia de premiación más formal- yo voté por Quebranto como Mejor Documental Mexicano -la película ganó- y por Workers como Mejor Largometraje Mexicano de Ficción -pero ganó Tercera Llamada
El Palmarés, completito, acá abajo. 

PREMIOS OFICIALES FICG28

Premio Maguey

         Mención Especial
         Afuera, en la oscuridad  (Israel - Estados Unidos) Dir. Michael Mayer

         Premio Maguey Mejor Película
         Quebranto (México) Dir. Roberto Fiesco

Premio del Público en Infinitum
Tercera llamada (México) Dir. Francisco Franco

Premio Cinecolor
        
         Largometraje Mexicano
         Workers (México - Alemania) Dir. José Luis Valle González

 Cortometraje Iberoamericano

Mejor Cortometraje de Animación – Premio Rigo Mora
Electrodoméstico (México) Dir. Erik de Luna

Mejor Cortometraje Iberoamericano
         La gallina que burló al sistema (Brasil) Dir. Quico Meirelles

Documental Iberoamericano
Mención Especial
         Elena (Brasil) Dir. Petra Costa

Premio Especial del Jurado
Quebranto (México) Dir. Roberto Fiesco

Mejor Documental Iberoamericano
El otro día  (Chile) Dir. Ignacio Agüero

Premio Mezcal al Mejor Largometraje Mexicano
Workers (México - Alemania) Dir. José Luis Valle González

Largometraje Iberoamericano de Ficción

Mejor Fotografía
Kiko de la Rica
Blancanieves (España - Francia)

Mejor Guion
Valentí Figueres
El efecto k, el montador de Stalin (España)

Mejor Actriz
Elenco femenino de Tercera llamada (México)

Mejor Actor
Ernesto Alterio
InfanciaClandestina (Argentina)

Premio Especial del Jurado
Xingu (Brasil) Dir. Cao Hamburger

Mejor Ópera Prima
Tanta agua (Uruguay, México y Holanda) Dir. Ana Guevara y Leticia Jorge

Mejor Director
Las mariposas de Sadourní (Argentina, Italia y Reino Unido) Dir. Dario Nardi

Mejor Largometraje Iberoamericano de Ficción
         Infancia clandestina (Argentina) Dir. Benjamín Ávila



PREMIOS PARALELOS FICG28

Academia Jalisciense de Cinematografía

Mejor Cortometraje Tapatío
Uno (México) Dir. Paola Villa Álvarez

Guerrero de la Prensa

Mejor Largometraje Mexicano de Ficción
Tercera llamada (México) Dir. Francisco Franco

Mejor Documental Mexicano
Quebranto (México) Dir. Roberto Fiesco

Premio FIPRESCI / Federación Internacional de Críticos de Cine

Mejor Largometraje Iberoamericano de Ficción
Érase una vez Verónica (Brasil-Francia) Dir. Marcelo Gomes

Mención Especial
La noche de enfrente (Chile-Francia)  Dir. Raúl Ruiz