martes, 7 de enero de 2014

De tal Padre tal Hijo



De tal Padre tal Hijo (Soshite chichi ni naru, Japón, 2013), noveno largometraje de Hirozaku Koreeda (Maborosi/1995, Wandâfaru Raifu/1998, Nadie Sabe/2004, Caminando Aún/2008) y ganador del Premio Especial del Jurado en Cannes 2013, inicia y se desarrolla como un convencional melodrama familiar nipón, un gendai-geki cualquiera que, por lo menos en su planteamiento, parece un remake inconfesado de la divertida comedia de enredos La Vida es un Largo Río Tranquilo (Chatiliez, 1988).
Al igual que en la cinta francesa, dos familias completamente encontradas descubren que los hijos que han criado no son los de ellos. Así, el ambicioso y workhólico arquitecto de clase alta Ryota Nonomiya (Masaharu Fukuyama) se entera que su decepcionante hijito de seis años Keita (Keita Ninomiya) en realidad es el vástago del extrovertido e infantil tendero barriobajero Yudai Saiki (Rirî Furankî) quien, a su vez, ha criado al hijo biológico de Ryota, Ryusei (Shôgen Hwang), al lado de sus otros dos hijos. El supuesto error se cometió el día en que nacieron los dos chamacos, quienes fueron entregados por una enfermera resentida a la familia equivocada. Descubierta la bronca, empezará la difícil transición pero... ¿a qué? ¿A que el esforzado Keita se acomode con su nueva familia desmadrosa? ¿O a que el alegre chiquitín Ryusei se acostumbre a las reglas y los lujos de los Ninomiya, especialmente de su (verdadero) papá, el estirado Ryota? Pero, ¿a poco se puede cambiar así como así a un hijo que has criado como tuyo durante seis años? ¡Ni que fuera mascota! "Y yo no cambiaría ni a mi mascota", dice la claridosa señora Saiki (Yôko Maki).
Las diferencias abismales entre los Ninomiya y los Saiki, especialmente entre los dos paterfamilias, y la adaptación de los dos muchachitos a sus respectivos núcleos familiares, pareciera ser el centro dramático del melodrama. Pero he aquí que, poco a poco, el guión escrito por el propio cineasta nos muestra que la película va por otro lado. Los protagonistas no serán, entonces, los dos niños intercambiados sino, más bien, el seco Ryoto, un padre de familia que ha creído que su única responsabilidad es trabajar de más, exigirle mucho a su retoño de seis añitos y sentirse decepcionado cuando el pobre chamaco no toca bien el piano. "Eso explica todo", comenta Ryota a su mujer, Midori (Machiko Ono), cuando confirma que Keita no es su verdadero hijo. ¡Ese niño con tan poco talento no podía ser de él!
Como es costumbre en Koreeda, todo lo que he descrito es mostrado, muy a la Ozu, sin subrayar el drama ni, mucho menos, sentimentalizar a sus personajes ni a las situaciones que enfrentan. Por lo mismo, cuando Ryota se da cuenta (y nosotros con él) lo que ha hecho el rechazado Keita con cierta cámara fotográfica, el golpe emocional es mucho más fuerte. Porque, al final de cuentas, uno se convierte en padre, haga lo que haga y sea quien sea, sólo a través de la mirada de nuestros hijos. 

2 comentarios:

xtro dijo...

¿Y la de El lobo de wall street? ¿ya la viste?

Anónimo dijo...

Soy fan del blog pero siento que esta crítica en particular es muy vaga. Yo la fui ver por comentarios en twitter de @mauroforever y me gustó mucho. Aunque me quedé´esperando esas escenas devastadoras. De cualquier forma está muy buena y visualmente sientes que en realidad te das una visita por Japón y que conoces a verdaderos japoneses.