martes, 14 de enero de 2014

El cine que no vimos/LX



La Grande Bellezza (Italia-Francia, 2013), sexto largometraje del consolidado cineasta italiano Paolo Sorrentino (Le conseguenze dell'amore/2004, El Divo/2008), inicia con una escena que, de alguna manera, advierte lo que se verá en los siguientes 142 minutos.
Un grupo de turistas se pasean por la milenaria Roma y uno de ellos, extasiado/agotado por "la grande bellezza" de la ciudad de los césares, se desmaya (¿o de plano se muere?). No importa: lo que sucede es que el turista de marras no puede con la inabarcable Roma. A ratos, uno siente lo mismo que ese pobre tipo: esta película es demasiado. Pero que conste: no es queja. Es una simple confirmación de los excesos a los que se entrega (y nos entrega) el cineasta napolitano.
La película ha sido comparada, inevitablemente, con la inalcanzable La Dolce Vita (Fellini, 1960) y Sorrentino, supongo, es consciente que no tiene sentido negar la fellinesca cruz de su parroquia. Como ya sucedía en El Divo -con citas de Coppola, Scorsese y, de nuevo, Fellini-, el cineasta no esconde tampoco aquí sus influencias: al contrario, las asume y retrabaja sin empacho alguno.
Después del citado prólogo, estamos de lleno en la fiesta de cumpleaños número 65 de Jep Gambardella (el actor fetiche de Sorrentino, Toni Servillo), una especie de Marcello Rubini del nuevo siglo o, si quiere usted, una suerte de Carlos Fuentes a la italiana: un intelectual y escritor de suprema elegancia, de inapelable seguridad, cuya presencia es necesaria en cualquier reunión que pretenda ser importante. A pesar de que Gambardella no ha escrito un solo libro desde su exitosa novela "El Aparato Humano", 40 años atrás, es tomado por toda la intelligentsia italiana como el arbiter elegantiarum de su tiempo, el Petronio de la era Berlusconi. Nadie puede prescindir de él ni de sus fiestas.
La apoteósica puesta en imágenes de la pachanga -cámara del fotógrafo habitual Luca Bigazzi- nos ubica de lleno en el caos que rodea la vida social de Gambardella y, al mismo tiempo, la soberana tranquilidad con la que él se mueve, sin permitir que nada ni nadie lo (con)mueva. Así pues, en la enorme terraza de su departamento, frente al milenario Coliseo construido por el emperador Tito y mientras todo mundo baila al ritmo de Bob Sinclair y Rafaella Carrà ("Far l'amore"), alternando con un mariachi que sale de quién sabe dónde y terminando con la ejecución coreográfica  de ese gran clásico guapachoso que se llama "Mueve la Colita", Jep se deja besar por hombres y mujeres, baila sin perder nunca la compostura y, como quien no quiere la cosa, con la seguridad de quien se sabe indispensable, prende un cigarrillo mientras todos a su alrededor se descoyuntan.
Gambardella ha jugado el mismo papel en los últimos 40 años, desde que llegó a Roma -¿como Marcello Rubini, como el propio Federico Fellini?- y a estas alturas del juego es imposible separar al ser humano del personaje. Aunque la noticia de la muerte de la única mujer que alguna vez amó lo sacude, no es claro que esa pasión juvenil pueda realmente transformarlo. Sorrentino que, sin duda, admira a su personaje, no deja de verlo desde la distancia, con la suficiente ambigüedad, por ejemplo, para no dejarnos saber si su llanto en cierto funeral es realmente espontáneo o un muy calculado y egoísta rompimiento de sus propias reglas de etiqueta ("En los funerales nunca hay que llorar si no se es deudo directo; es de mal gusto robarle la atención a los familiares del fallecido").
La película, construida como La Dolce Vita, a través de una sucesión de episodios en los que Gambardella aparece como protagonista/testigo, no pierde la oportunidad de la sátira eclesiástica -otra vieja tradición fellinesca-, con ese cardenal papable que no sabe más que de recetas de cocina o esa centenaria monja y futura santa, la Madre María (Giusi Merli, cual Madre Pasita de Calcuta) que come solo raíces, aunque estos dardos resultan más bien romos frente a esa crónica de una sociedad del espectáculo y/o intelectual (pero, ¿hay alguna diferencia?) que no parece tener otra preocupación que la siguiente fiesta, la siguiente cena, la siguiente reunión, el siguiente baile. 
Al final, pareciera que Jep ha re-encontrado el camino. Pero no hay que estar tan seguro. En una de esas, no puede resistir la siguiente pachanga, con todo y la nueva versión de "Tu Vuò Fa L'Americano" a todo volumen. 

7 comentarios:

Christian dijo...

Futs! tantas cosas que comentar y tan poco tiempo, porca miseria!

Primero que nada, felicitaciones Ernesto, es una espléndida reseña.

Segundo y ya me voy porque a diferencia de Jep Gambardella yo si tengo que trabajar (maldita sea) solo quisiera comentar (de momento claro está, al rato con mas tiempo, regreso)

que esa escena que mencionas de la fiesta y cuando se presenta Jep ante nosotros prendiendo su cigarro con la prestancia de un lord inglés mientras todo mundo a su alrededor baila en ralentí y podemos ver la nostalgia en sus ojos, me cautivó instantáneamente. En ese momento pensé en mi casa: "Sorrentino, hazme tuyo"

*cinematograficamente hablando quiero aclarar*

y luego cuando empieza La Colita y la camara se voltea de cabeza y toma a todos los invitados en esa vorágine de sexo, drogas y techno-pop music con la refinada elegancia de los italianos me hizo delirar...

Se podrán imaginar que ya para cuando sale la jirafa y la visita a las esculturas escondidas y cuando sale esa escena de la señora que le pregunta a Jep: "¿quén cuidará de ti?" con esa melancólica canción de Damien Jurado sonando en el fondo y cuando Jep da lecciones de cómo comportarse en un funeral, ya estaba yo desmayado.

Como el asiático del prólogo, precisamente...

Mozzter dijo...

Es imposible no encontrar semejanzas entre Gambardella y Rubini.

Quien iba a pensar que después de esa fiesta guarra, desbocada, iba a seguir un ejercicio tan reflexivo y hermoso como lo es La Grande Bellezza.

Ora va una pregunta. ¿Cuantos trabajos de Sorrentino han pisado sueño mexicano de manera oficial? ... O vaya, ¿cuantos han tenido corrida comercial? ... Quizá en alguna muestra o festival. Si no mal recuerdo This Must Be The Place estuvo en Morelia. E Il Divo en alguna muestra o algo asi. Pero fuera de eso no le han dado presencia en los cines. A ver si ahora con los premios o nominaciones ponen a esta en la cartelera.

Christian dijo...

"Cuando pase el tiempo, y... sientas el vacío. Quiero que sepas que... Yo estaré ahí para ti."

Maestro Jep Gambardella!

Quiero ser como él...

F Canale dijo...

Jijuelachingah! esa escena de la fiesta que mencionan cuando se presenta a Jep, se voltea la cámara de cabeza y "La coliiiiita!", debo de aceptar que yo también me le entregué a Sorrentino haha.
Excelente reseña, no podemos evitar la obvia comparación con Fellini etc, etc... pero Sorrentino debe de estar orgulloso de su influencia y de manejarla magistralmente diría yo.

Christian dijo...

Esos italianos solo se la pasan de fiesta en fiesta, al menos así lo reflejan algunas de sus películas.

El domingo pasado andaba revisando 'La Notte' de Antonioni y esa es otra película donde se retrata un fiestón loco. Me encantó.

Es chistoso ese Antonioni, ya le voy agarrando la onda. De las dos horas (en promedio) que duran sus películas, una hora y 40 minutos son de tiempos muertos, devaneos por aquí y por allá, y ya como en los 20 minutos finales se desenvuelve todo. Igual pasa en 'L'Eclisse'.

Ahora que ya le voy agarrando el saborcito, voy a revisar de nuevo 'L'Avventura' porque la primera vez que la vi casi me quedo dormido... jo

Y bueno, ahora que -como propósito de año nuevo- he estado revisando mucho cine italiano, me he dado cuenta de un chorro de referencias que Sorrentino plasma, particularmente en esta de 'La Gran Belleza'. Como por ejemplo, en esa de 'Muerte en Venecia' la mamá de Tadzio es como la amiga de Jep Gambardella a la cual, se le va a la yugular en cierta reunión entre "cuates".

Ese Jep es tremendo, no me lo busquen porque lo encuentran...

:P

Ernesto Diezmartinez dijo...

Mozzter: Comercialmente, no se estrenado nada de Sorrentino en México. En efecto, El Divo estuvo en una Muestra. Y la cinta con Sean Penn en Morelia. Y hasta donde recuerdo, párale de contar. A ver si la nominación al Oscar hace el milagrito.

Travsam dijo...

A mi las secuencias que mas me gustaron fue esa critica a lo que llaman ahorita arte... primero la escena de la performer que se estrella contra una pared y como la destroza Jep, despues la de los padres que explotan los berrinches de su hija para hacer obras de arte... y como posteriormente lo contrastan con la visita al palacio de las princesas... que parecen por si solas una obra de arte...