lunes, 10 de marzo de 2014

Riviera Maya 2014/I




La sección Plataforma Mexicana del Riviera Maya 2014 está conformada por 11 cintas nacionales que se disputan dos Premios Kukulcán, consistentes en 300 mil pesos para cada película galardonada. El dinero, dice la convocatoria, debe usarse para la distribución del filme.
De las once cintas seleccionadas he visto ya nueve y me restan dos por revisar: se trata de los "estrenos mundiales" De Puro Aire (Hernández Vázquez, 2014) y Los Hámsters (González Penilla, 2014). En todo caso, habiendo revisado las otras nueve películas, creo que uno de los premios Kukulcán debería ir a La Vida Después (Pablos, 2013), de la cual ya escribí por acá. Otras tres películas meritorias son Manto Acuífero (Rowe, 2013), Cumbres (Nuncio, 2013) y Café (Viveros, 2013), de las cuales ya escribí algunas líneas cuando se presentaron en Morelia 2013, FICUNAM 2013 y Ambulante 2014, respectivamente.
No comparto el entusiasmo de algunos por Somos Mari Pepa (Kishi Lop, 2013) y Lejanía (Tamez, 2013) aunque supongo que la cinta juvenil tapatía de Kishi Lop podría ser otra buena opción para el Kukulcán. (Por cierto, de estas dos cintas escribí unas cuantas líneas por acá cuando las vi en Morelia 2013).
En cuanto a las últimas tres películas en competencia que he podido revisar, Muerte en Arizona (Dirdamal, 2014), Navajazo (Silva, 2014) y El Resto del Mundo (Chavarría Gutiérrez, 2014), mi entusiasmo es aún menor. Incluso el largometraje de Dirdamal -ya escribí por acá de él- me parece de lo peor que he visto en lo que va del año. La sinopsis que se publicó en Ambulante 2014 de Muerte en Arizona define a la cinta como un "documental futurista", what-ever-that-means. Lo cierto es que hay dos historias que avanzan de manera paralela. Una voz en off masculina nos dice lo que ha pasado desde que un gran meteorito destruyó casi todo el planeta, dejando unos cuantos sobrevivientes yaquis. Otra voz en off femenina cuenta una frustrada historia de amor que un tipo le contó a su vez a ella en un viaje en tren hacia Arizona.
Las dos narrativas vocales se van alternando mientras vemos en pantalla una de suerte de caprichosa ilustración visual: el hombre abandonado por la mujer, en Bolivia, atisba la vida de otros desde su ventana; mientras, el relato post-apocalíptico nos presenta la vida de una familia y sus varios hijos que sobrevivien en condiciones más bien precarias. Ni las narraciones en off ni lo que vemos en pantalla me parecieron dignos de interés. Qué remedio.
Navajazo la acabo de ver en el FICUNAM -escribí de ella por aquí- y solo agregaré que, conversando con otro colega de mucha mayor experiencia y muchos más kilómetros recorridos -no son demasiados colegas nacionales en esta categoría- me comentaba que la cinta ganaría algo porque este tipo de cine "provocador" apantalla a los bobos. Yo he estado en desacuerdo siempre con este tipo de adjetivos que demeritan al espectador más que a la película, pero eso fue lo que dijo. Navajazo ganó, por cierto, una mención del jurado y el premio del público en el FICUNAM 2014. De nuevo: qué remedio. 
De El Resto del  Mundo no he escrito una sola línea, así que ahí van algunas. La cinta, se entiende, es un proyecto personalísimo de su director/guionista/productor/fotógrafo/editor/sonidista, el regio Pablo Chavarría Gutiérrez. 
La película mezcla elementos documentales -la vida de una niñita de siete años llamada Kiara (Kiara Alva) con su papá artesano Alejandro (Alejandro Alva) en San Cristóbal de las Casas, las entrevistas en off con la propia niña acerca de sus recuerdos y sus deseos, algunas escenas de manifestaciones zapatistas y/o a favor del profesor Patishtan- con algunas dramatizaciones que, supongo, se quieren autobiográficas, pues el propio joven cineasta -o alguien muy parecido a él- aparece en alguna escena contándole a una muchacha -vecina de Alejandro y Kiara- que está haciendo una película independiente, así, "sin un varo". O sea, la misma película que estamos viendo. Al final, para rizar el rizo, esta misma muchacha (Mónica Torres, que está en los créditos también como sonidista) aparece tomando el sonido ambiental del propio filme. Un juego formal de espejos narrativos que no va demasiado lejos.