sábado, 19 de abril de 2014

56 Muestra Internacional de Cine/V



No soy un especialista en el cine del prolífico cineasta de culto Shion Sono y creo que nunca lo seré. Apenas he visto media docena de sus más o menos 30 películas -entre cortos, medio y largometrajes- y en todos los casos, a pesar de que he encontrado algo de interés en cada uno de esos filmes, también es cierto que con cada uno de ellos he terminado francamente decepcionado. Y, en algunos casos, hasta molesto.
Así terminé, de hecho, después de ver Vamos a Jugar al Infierno (Jigoku de naze warui, Japón, 2013), su más reciente largometraje. Y creo que la molestia es mayor porque la película no está mal dirigida y su reparto, sin excepción, es más que competente en ese tono tan peculiar del cine de Sono que he visto: excesivo, desorbitado, a veces casi autoparódico.
El guión, escrito por el propio cineasta, termina uniendo dos historias que se van desarrollando de forma paralela. Por un lado, tenemos los sueños de grandeza cinematografica que ha alimentado por una década el cineasta amateur Hirata (Hiroki Hasegawa, genuinamente irritante), con todo y sus dos cinefotógrafos guerrilleros de cabecera y su "futura" estrella, un tal "Bruce Lee" japonés; y, por el otro, el enfrentamiento mortal entre dos bandas de yakuzas, una dirigida por Ikegama (Shinichi Tsutsumi), y la otra por Muto (Jun Kunimara), cuya hija Mitsuko (formidable Fumi Nikaido), otrora estrella infantil de un pegajoso comercial de pasta de dientes, quiere convertirse en una gran actriz para cumplirle el sueño a su señora madre Shizue (Tomochika), quien está a punto de salir del frescobote después de escabecharse a varios yakuzas ellas solita con chico cuchillote cebollero. Así pues, llegado el momento, gracias a las absurdas -pero muy divertidas- coincidencias que se van sucediendo a lo largo del filme, en la última parte veremos a Hirata dirigir  esa "masterpiece" que siempre ha soñado en la que las huestes de Ikegama y Muto se matarán de verdad y a la antigüitia -es decir, con katanas y toda la cosa- frente a las cámaras ¡de 35 mm!
Hasta antes de llegar a la última media hora de la película en la que morirán -a excepción de uno- todos y cada uno de los personajes, sean decapitados, eviscerados, mascrados o con la cabeza convertida en alcancía, la película es una gozosa comedia cinefílica-mafiosa con citas claves de La Noche Americana (Truffaut, 1973), Cinema Paradiso (Tornatore,  1988) o las cintas de kungfú de Bruce Lee; con un avieso saqueo de música clásica en los momentos más (in)oportunos -el Sarabande de Handel, el Himno de la Alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven-; y con un reparto sin tacha alguna que logra hacer hasta simpáticos la mayor parte de sus psicopáticos personajes, como ese chistosón pedófilo Ikegama, una suerte de Humbert Humbert mafioso, obsesionado por la niñita que fue Mitsuko.  
Por desgracia, Sono deja que todo se salga de madre en la última media hora, de tal manera que todo este muy disfrutable juego cinefílico termina transformado en un caótico baño de sangre subtarantinesco que ni siquiera llega a ser -brincos diera- provocador, enfermizo o nihilista. Nada de eso: puro relajo sanguinolento que termina con una dizque ingeniosa vuelta de tuerca en el que descubrimos que -oh, qué ingeniosidad- hemos estado viendo no más que una película. Sí, claro, eso es lo que vimos. Y una malograda, porque Shion Sono no sabe parar cuando debe de hacerlo.

6 comentarios:

Christian dijo...

Ayer la vimos también. Coincido totalmente, la película se deja ver muy bien, incluso me hizo soltar algunas carcajadas en varios momentos, pero en efecto, todo se viene al traste en la media hora final o acaso los ultimos 20 minutos, donde Sono se arroja con singular alegría al exceso y lo unico que vemos son litros y litros de sangre salpicar el cuadro, sin ton ni son. Y no es que me espante la sangre, es solo que todo el sano relajo que llevabamos viendo hasta ese momento se pierde en su bacanal de balazos y espadazos.

Me hizo recordar a Las Brujas de Zugarramurdi, donde también, todo va muy bien y simpático hasta ese desenlace desbocado y mafufo.

Puntos extra por ese rolling gag del tipo al que le dejan la cabeza "de alcancía" y también por todos esos chisterijillos que salen por aquí y por allá sobre las dificultades y peripeciás de hacer cine.

Dios del cine, ayuda a Sono a ser un gran cineasta, potencial creo que si lo tiene...

:P

adayin dijo...

Interesante. Quienes son fans del cine de Sono, han desbordado en halagos esta última cinta, elevandola a culto y joya y demás. Siempre con el subtitulo de "si no has visto cine de Sono no te va a gustar" y cosas así. Digo, vi Suicide Club que también adoran y me aburrió más que nada, aunque no puedo opinar que es terrible. Esta me daba mucha curiosidad, aunque con más cautela después de tu texto. La veré cuando la pasen en cinemax prime o así.

Christian dijo...


No sé si al grado de joya y culto eterno Adayin, pero la película está bastante cotorra y aguanta muy bien el palomazo, es más, hasta dos veces. Solo es ese final desbocado y sin sentido que le resta puntos.

Lo que tengo entendido es que esta cinta es una rareza en el cine de Sono, dicen que su cine por lo general es más denso. Yo como no he visto otra cosa de él no sé. Y eso que ahí tengo esperando ser abierta esa de Love Exposure.

mea culpa :(

Ernesto Diezmartinez dijo...

Christian, Adayin: Esta pelicula es más relajienta, más ligera, que el resto del cine de Sono que he visto (tampoco tanto: apenas media docena de sus cintas). Acaso es la que más he disfrutado de él, con todo y esa última media hora tan mala.

Gabriela Hernández dijo...

Aunque hayas visto sólo unas cuantas de Sono, ¿cuál crees que es la más recomendable?

Ernesto Diezmartinez dijo...

Gabriela: Esta, precisamente.