lunes, 19 de mayo de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXXXVII




Ninfomanía, Primera Parte (Nymphomaniac: Vol. 1, Dinamarca-Alemania-Francia-Bélgica-GB, 2013), de Lars von Trier. Lo anoté en mi breve texto crítico para el Primera Fila de Reforma del viernes pasado: la más reciente provocación de von Trier vale mucho la pena, pero completa. Así, mutilada a la mitad, es un crimen de lesa cinefilia similar a la que se cometió, en su momento, contra Érase una Vez en América (Leone, 1982), también partida en dos para su distribución comercial. Y no importa que von Trier haya accedido a dividir en dos partes su filme. Shame-on-him. 

Dame Tus Ojos (México, 2012), de José Luis Gutiérrez Arias. El tercer largometraje de José Luis Gutiérrez (Todos los Días Son Tuyos/2007, Marcelino/2010) está lleno de buenas intenciones pero una ejecución auto-saboteadora. Hay que aceptar que el guión escrito por Marco Tarditi tiene algunos elementos interesantes –que incluye una vuelta de tuerca que no vi venir-, pero la puesta en imágenes de la cinta –vía la temblorosa cámara en mano de Aram Díaz- y un reparto poco convincente terminan echando a perder todo.
Estamos ante una road-movie con dos jovencitas lésbicas y serial killers, Abril y Mayo (reaparecida Miriana Moro y debutante Paula Luckie) que van levantando hombres por los caminos de Jalisco para asesinarlos y, como sugiere el título, sacarles los ojos. Tras ellas van un alcohólico policía (Raúl Méndez) y una periodista carroñera española (Anouk Ogueta) que, para rizar el rizo, es la exmujer del susodicho cuico borrachales.
Por desgracia, a Gutiérrez le falta el vigor y el desparpajo para una historia de esta naturaleza y el reparto –con excepción de la señorita Moro- tampoco ayuda mucho. Qué remedio. 

Las Horas Muertas (México-España-Francia, 2013), de Aarón Fernández. El segundo largometraje de Fernández (más que meritoria Partes Usadas/2007, Mejor Opera Prima en Guadalajara 2007) nos remite a un formato dramático harto conocido: la relación de un joven que, en un corto tiempo, crece y madura, ayudado por una mujer un poco mayor y de no malos bigotes.
Sebastián (Kristyan Ferrer), un chamaco de 17 años, llega a administrar el pequeño motel ("10 habitaciones, bueno, 9, todas igualitas") que su tío Gerry (Fermín Martínez) regentea en la carretera Nautla-Poza Rica. El tío va a Jalapa por 15 días, acaso más, a hacerse unos exámenes médicos, así que deja a cargo del changarro sexoso a este muchachito que, más pronto que tarde, aprenderá a lidiar con cuanta bronquita se le presente: que si no hay recamarera porque no hay mujer que quiera trabajar en ese lugar non-sancto, que si un chamaquito de por ahí le está bajando los cocos de sus palmeras sin darle nada, que si a veces escucha ruidos raros que parecen provenir de una habitación que no está en uso.
Nada que no pueda resolver tarde o temprano. Precisamente ese motel, el Palma Real, es el favorito de la morenaza vendedora de condominios Miranda (Adriana Paz, Mejor Actriz en Morelia 2013), quien se encuentra ahí cotidianamente con su incumplido amante Mario (Serio Lasgón). Como el tipo siempre llega tarde a su cita sexual, la mujer, tan guapa como independiente, empieza a platicar con Sebastián, a quien ve como una especie de amiguito o hermanito menor aunque, por supuesto, el chamaco desearía otra cosa muy diferente. Teniendo a Adriana Paz a un lado, ¿quién no?
La sencillez de la historia se compensa por la bella fotografía por Javier Morón, la impecable dirección de actores y por el tono que Fernández le impone a su filme. En ningún momento se subraya lo obvio -el aburrimiento de Miranda, la confusión hormonal de Sebastián- y el propio desenlace es ejemplar en su rigurosa economía de medios y en sus modestos resultados. 
Y es que, al final de cuentas, ¿para qué hacer tanto drama? Un capítulo se cierra para Miranda y, también, para el más maduro Sebastián. Así es la vida.

Godzilla (Ídem, EU, 2014), de Gareth Edwards. Acabo de escribir largo y tendido del segundo largometraje de Edwards y de la cinta original, Godzilla (1954), por acá. Y, por cierto, después de los monstruosos resultados en taquilla -alrededor de 100 millones de dólares el primer fin de semana- Warner ha dado el visto bueno para la secuela, con el mismo Edwards dirigiendo. 

5 comentarios:

Christian dijo...


¿y el texto de Mizoguchi apá?

Ernesto Diezmartinez dijo...

Christian: Hasta el miércoles empieza el ciclo. Easy, boy, easy.

Christian dijo...


Eso de ver 'Oharu' en colosal pantallota de la Cineteca, tiene que ser el evento filmico del año Ernesto.

Ana dijo...

Horas muertas es lo que ganas al ver Las horas muertas. Una historia donde nunca pasa nada, mas que un besito y un "rapidín"; se me hizo una trama muy sutil.

Ana dijo...

La palabra no era sutil, ´mas bien me refería a que su historia es muy vacía.