jueves, 10 de julio de 2014

34 Foro de la Cineteca/II


Ganadora de la Cámara de Oro a la Mejor Opera Prima en Cannes 2013, finalmente ha llegado a las pantallas nacionales, vía el 34 Foro de la Cineteca Nacional. Ilo Ilo (Ídem, Singapur, 2013), multipremiado debut de Anthony Chen, un hábil melodrama familiar/social semi-autobiográfico escrito por el propio cineasta.
Estamos en Singapur, en 1997. El clasemediero matrimonio Lim recibe en su pequeño departamento a Teresa o "Terry" (Angeli Bayami), una joven filipina de 28 años de edad proveniente de Ilo Ilo, a quien han contratado como criada de la familia y nana de su ingobernable chamaco de 10 años, Jiale (Jialer Koh), a quien un día sí y otro también, los profesores o el director lo reportan por mal comportamiento, por pelearse con sus compañeros o por no soltar el méndigo tamagotchi. Los Lim no están pasando por el mejor momento, como es evidente que sucede en todo Singapur: la mujer, Hwe-Leng (Yann Yann Yeo), embarazada de un segundo hijo, trabaja en alguna oficina y es la encargada de escribir las cartas de despido de varios de sus compañeros; el marido, Teck (Tian Wen Chen), se ha quedado sin chamba desde hace dos meses y apenas si puede llevar algo de dinero al hogar trabajando como velador. Para acabarla de gozar, Jiale no recibe de buen modo que haya una desconocida en su casa como Teresa y mucho menos que tenga que compartir su cuarto ella, así que le hace la vida de cuadritos sin descuidar, claro, a sus papás, quienes responden violentamente -la mamá lo agarra a sopapos en algún momento, el papá le arrebata el tamagotchi y lo avienta a la calle-, ni a sus maestros que, como ya no saben qué hacer con él, le dan de varazos públicamente y en pleno auditorio.
La convención obliga que Teresa se gane, poco a poco, al insoportable Jiale y eso, en efecto, sucede hacia el desenlace Sin embargo, en la descripción de la evolución moral del chamaco no hay sentimentalismo alguno de parte de Chen. Teresa no es nunca la criada inmigrante sufrida y sacrificada, sino una mujer práctica que ha dejado a su propio hijo en Filipina con tal ganar algo de dinero. Jiale, por su parte, sigue siendo bastante ingobernable al final, aunque algo en él haya cambiado, pues ha aprendido a reconocer los intereses de otros, en especial de esa madre sustituta que cocina mejor que su mamá real y que tiene el humor y el tiempo de jugar con él. Los padres, por cierto, distan mucho de ser unos monstruos: pueden ser insensatos -la tontería de la mujer en tirar su lana con un felizólogo-, ridículos -la borrachera familiar del marido- o patéticos -la mujer celosa de la criada, el marido fumando a escondidas-, pero estas características los hacen también más cercanos y reales. 
Chen dirige con fluidez y funcionalidad, bien servido por la cámara de Benoit Soler, que sostiene algunas tomas durante más de un minuto, re-haciendo el encuadre en la medida que los personajes se mueven, pasan de una habitación a otra, salen del ojo de la cámara, vuelven a aparecer enfrente de él. Una puesta en imágenes ágil que no pierde un solo momento para captar, con notable generosidad narrativa, los ires y venires de todas estas criaturas. Todas ellas merecen atención, por más que no porten de la mejor manera posible. Mejor dicho: merecen nuestra atención porque, precisamente, no se comportan de la mejor manera.