domingo, 10 de agosto de 2014

Bajo los Techos de París




Aunque no fue la primera cinta sonora francesa propiamente dicha, Bajo los Techos de París (Sous les toits de Paris, Francia, 1930), sexto largometraje de René Clair, es famoso por ser el primer filme galo que usó de manera eficaz el sonido, en el aspecto técnico  y más aún en el artístico.
La secuencia inicia es célebre: la cámara montada en una grúa –y manejada por Georges Périnal y Georges Raulet- se mueve de los techos del título de la película hasta el nivel de la calle, en la que vemos a un grupo de personas cantando “Bajos los Techos de París”.  Se trata de un espléndido plano secuencia de minuto y medio de duración que no solo nos muestra las apretadas calles y las modestas viviendas de ese artificial barrio parisino –la cinta fue filmada por completo en estudio- sino que ese acercamiento visual está acompañado por un virtuoso diseño sonoro. Así pues, en la medida que la cámara se acerca al grupo que canta en la calle, el sonido se vuelve más claro. Nos acercamos visual y auditivamente al mundo de los personajes. Vea y escuche:






Este capcioso uso del sonido se va a repetir en innumerables ocasiones en el resto del filme, pues Clair –que había realizado su primera obra maestra poco antes, la silente Un Sombrero de Paja de Italia (1928)- tuvo muy claro desde el inicio que el sonido podía ayudarle a crear el ambiente de la historia –a través de los cantos y la música-, pero también que la ausencia de sonido podía ser igual de importante. Por lo mismo, en muchas ocasiones vemos lo que se dicen los personajes –la escena final, por ejemplo- pero no escuchamos sus palabras. No es necesario hacerlo: gracias a una brillante elipsis sonora, Clair nos ha brindado toda la información que necesitamos.
La historia es encantadoramente sencilla. El cantante callejero Albert (Albert Préjean) se enamora de la bella inmigrante rumana Pola (Pola Illéry), quien es acosada por el violento chulo Fred (Gaston Modot). Por un malentendido, Albert termina en la cárcel y cuando sale días después, libre de culpas, se encuentra que Pola ya tiene otro galán, el mejor amigo de Albert, Louis (Edmond T. Gréville).
Lo que queda en la memoria, más allá de la historia, es la forma de contarla de Clair, su puesta en imágenes y sonido: el emplazamiento de cámara que nos permite ver a través de un tragaluz lo que sucede en el pequeño piso de Pola, el movimiento de grúa completamente vertical que nos permite atisbar la vida en esos modestos departamentos, la manera en que la pegajosa canción “Bajo los Techos de París” pasa de un piso a otro al ser cantada o chiflada, el uso de la celebérrima “Obertura de Guillermo Tell” de Rossini para acompañar alguna escena, la cámara que se aleja del grupo callejero cantando tan como se acercó a él al inicio del filme… 
En efecto, tal vez Clair no tenga gran cosa qué decir en esta película, pero qué bien lo dice.

3 comentarios:

Joel Meza dijo...

La busqué completa en youtube y no está. Ni modo. Pero me apareció un video de Sarita Montiel cantando la rola. De consuelo, al menos.

Anónimo dijo...

Un chango ya leyó la entrada. Faltan dos! Saludos

Christian dijo...

otro chango acá o/