jueves, 23 de octubre de 2014

Morelia 2014/VI



Los últimos dos documentales en competencia que pude ver en Morelia 2014 cumplieron con creces con algunos de los objetivos básicos de esa forma de producción cinematográfica. En el caso de Chuy, el Hombre Lobo (México, 2014), el más reciente largometraje documental de Eva Aridjis (Niños de la Calle/2004, La Santa Muerte/2007), la cineasta se encarga de dar a conocer una extraña enfermedad llamada hipertricosis, que tiene solamente medio centenar de casos documentados en toda la historia.
Las personas que padecen esta condición nacen con una cantidad exagerada de vellos, especialmente en la cara, de tal forma que para el común de los mortales se parecen a los legendarios hombres lobo. El Chuy del título, en efecto, eso parece. Y también varios de sus primos, sobrinos, sus dos hijas y muchos otros más: según las cuentas, en la familia de Jesús Aceves, entre vivos y muertos, ha habido 30 casos de hipertricosis.
Aridjis acompaña a Chuy en su trabajo "artístico" -lo vemos formar parte de un acto en un "Circo de Horror" en Inglaterra- y en su chamba más terrenal, como carpintero, en el Estado de México. También vemos a Chuy regresar a su pueblo natal, en Loreto, Zacatecas, en donde el resto de su familia testimonia frente a cámara sus frustraciones -es difícil conseguir trabajo cuando tu rostro asusta a algunas personas- pero también sus logros -los primos de Chuy no parecen pasarla tan mal: uno vive feliz de la vida trabajando en un circo, el otro emigró a California en donde ha montado un próspero negocio de brincolines, una prima trabaja de policía en Loreto...
En algún momento, un especialista en "fenómenos" hace un recuento histórico sobre los casos conocidos de hipertricosis y la explotación que sufrieron en su momento algunas de esas personas, especialmente la sinaloense Julia Pastrana, que terminó siendo disecada con su hijito muerto al nacer -y también "lobito"- para luego ser exhibidos como atracción de feria después de haber muerto.
Y, por cierto, ¿hay explotación de Chuy y su familia por la directora Aridjis en este documental? No lo veo así: aun con la discriminación, burlas y ataques que tienen que enfrentar estos "hombres/mujeres lobo", la verdad es que Chuy y todos los demás han aprendido -acaso a la mala, pero lo han hecho- a aceptarse a sí mismos y a sentirse orgullosos de su extraña condición. Acaso el final dizque poético -que ilustra cierto sueño que tiene el propio Chuy- esté de más, pero eso no echa a perder un sensible e informativo documental que ojalá encuentre la distribución debida.
La Hora de la Siesta (México, 2014), opera prima documental de Carolina Platt Soberanes, cumple con otro de los objetivos del cine documental. Dar a conocer -o revisar, porque el caso bien conocido- un acontecimiento trágico-histórico: la muerte de 49 niños, quemados en un incendio en la guardería ABC de Hermosillo el 5 de junio de 2009.
No estamos ante un documental militante de denuncia -aunque la indignación igual aflora si uno tiene sangre en las venas- sino ante un ensayo sobre la memoria, los recuerdos y la (re)construcción de la vida después que sucede una tragedia de este tipo. La directora se centra en dos de los niños fallecidos: en Julio César -que insistía en que lo llamaran Yeyé- y en Emilia, los dos muertos a los tres años de edad.
A través de vídeos caseros conocemos a los dos niños, mientras la propia cineasta -que tiene a su propia hija, Alicia, más o menos de la misma edad- se pregunta si es posible conocer a alguien que ha muerto a través de las fotos, los vídeos y los recuerdos de quienes lo quisieron. Así pues, no solamente vemos a los niños en el pasado sino a las familias que dejaron en el presente, especialmente a los papás, el de Yeyé, que es el grandote y alegre Julio César; y el de Emilia, el delgado y anguloso Abraham. 
Platt ofrece la novedad de enfocarse en los padres y no en las madres -la esposa de Julio César sí aparece por ahí, pero no está presente, pues entra y sale de hospitales psiquiátricos-, por lo que vemos algo más o menos insólito: a un hombrón de cara amable ser papá y mamá de sus dos hijos restantes, y a un melancólico tipo que, de manera muy articulada, explica de qué forma está tratando de recobrar su vida.
Platt tiene el buen gusto de no explotar morbosamente el sufrimiento de las dos familias a las que seguimos. La directora se mantiene en un medio tono reflexivo, deja hablar largo y tendido a Abraham y a Julio César y nos deja ver cómo, a la manera de cada uno de ellos, ellos han podido seguir viviendo, por más que el recuerdo de esos niños y de esa tragedia sea -y deba ser- imborrable. 

2 comentarios:

Abraham dijo...

Oiga, ¿qué tiene usted contra los hombres lobos en calzones?. Si es una extraordinaria metáfora de, de...no sé, déjeme me echo la hora de la siesta para pensarlo y le digo. Nomás no se me vaya a ningún lado.

Ernesto Diezmartínez dijo...

Abraham: Sigo esperando...