jueves, 9 de octubre de 2014

Río de Janeiro/IV y último



El 16 Festival de Río de Janeiro terminó el miércoles con la entrega de los premios oficiales al cine brasileño, así como el Premio de la Crítica Internacional, mejor conocido como Premio FIPRESCI. La tarea del jurado FIPRESCI, formado por los colegas brasileños Luiz Zanin y Roni Filgueiras y el regenteador de esta columna, era otorgar el premio a la mejor película proveniente de América Latina lo que, en papel, resultaba una tarea titánica, pues solo en la sección de Premiere Brasil había 20 largometrajes -10 documentales, 10 de ficción-, además de 13 filmes mexicanos -en la sección Foco México- y 18 cintas del resto de América Latina (Argentina, Colombia, Ecuador, Chile, similares y conexos). O sea, algo así como medio centenar de largometrajes.
Por supuesto, los organizadores del Festival del Río –y la propia FIPRESCI- no son ningunos bárbaros: nadie puede ver 51 películas en siete días, ni siquiera los críticos de cine que, en general, solemos preferir entrar a una sala oscura a ver una cinta que pasear por las playas de Copacabana. Así pues, la lista elegible terminó siendo, al final de cuentas, mucho más pequeña, pues nos concentramos, como suele suceder con el Premio FIPRESCI, en el cine de ficción y, en el caso de Río de Janeiro 2014, en primeras y segundas películas.
De esta segunda selección, algo así como 20 filmes, las mejores películas provinieron de México y de Brasil. El premio FIPRESCI recayó en Obra (Brasil, 2014), opera prima del joven cineasta paulista Gregorio Graziosi, cinta que había sido presentada hace unas semanas en Toronto 2014.
Protagonizada por el ubicuo –y siempre excelente- Irandhir Santos, la película es notable tanto por su controladísima forma como su muy pertinente y oportuna temática. El joven arquitecto Joao Carlos (Santos), heredero de una poderosa compañía constructora, tiene bajo su cargo el primer proyecto importante de su carrera. Solo que al empezar a construir los cimientos del edificio que será levantado en una propiedad familiar, los trabajadores encuentran una docena de cadáveres enterrados.
 Joao Carlos ha heredado de su abuelo, postrado en la cama, un intenso dolor de espalda que provoca que el mero acto de vestirse se convierta en un lentísimo y frustrante ritual. Sin embargo, como queda en evidencia por los cadáveres desenterrados y luego desaparecidos, algo más ha heredado el arquitecto. Lo mismo que él heredará a su hijo recién nacido.
Acaso habría que reprocharle al cineasta debutante un exceso de morosidad en la progresión dramática de su primera película, pero de todas formas queda claro que, por su controlada puesta en imágenes (con fotografía en blanco y negro y un dominio irrefutable de las tomas fijas/extendidas), Graziosi sabe muy bien lo que está haciendo. Una opera prima muy meritoria, digna ganadora del FIPRESCI en Río de Janeiro 2014.
Los ganadores de los premios oficiales -Obra, por cierto, ganó Mejor Fotografía- por acá.