jueves, 13 de noviembre de 2014

57 Muestra Internacional de Cine/II




Exhibida hace un año en Morelia 2013, ha llevado finalmente a las salas mexicanas, vía la 57 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, Ida (Polonia-Dinamarca, 2013), el más reciente largometraje de Pawel Pawlikowski. Desde aquel lejano octubre de 2013, cuando pude ver Ida, la cinta ha ido acumulando, con toda justicia, reconocimientos al por mayor: Mejor Cinta en Londres 2013, ganador del FIPRESCI en Toronto 2013, nominado a Mejor Cinta en los Premios del Cine Europeo y filme enviado por Polonia al Oscar 2015, entre muchos otros premios más.
En elegante blanco y negro y en el anacrónico formato académico 4:3 (la cámara es de Lukasz Zal), he aquí que en la Polonia de inicios de los 60, la huérfana novicia Anna (Agata Trzebuchowska) es obligada a pasar unos días con una tía que no conoce, antes de tomar los votos para convertirse en monja. 
La tía de marras se llama Wanda Gruz (Agata Kulesza, inolvidable en Róza/Smarzowski/2011, cinta criminalmente inédita en México), una implacable jueza, alcohólica, fumadora y con el sarcasmo a flor de piel. Sin decir agua va, Wanda le informa a su sobrina -a la que nunca había querido conocer- que es judía, que su nombre verdadero es Ida Lebenstein y que sus papás -Wanda es hermana de Roza, la madre muerta de la futura monja- fueron ejecutados durante la Segunda Guerra Mundial. Después de soltarle toda la sopa, Wanda le propone a Anna/Ida ir al pueblo en donde vivían los Lebenstein para que la muchacha sepa algo más de esa familia que no recuerda.
Durante la primera hora, Ida es una ágil y divertida road-movie, centrada en las personalidades encontradas de la guapa pero feroz tía burócrata, y la serena y bella sobrina casi monja. En la última media hora, cuando se ha descubierto las razones de la dura personalidad de Wanda, parece que la película perderá el rumbo pero, contra todo pronóstico, no sucede así. Al final de cuentas, la muchacha tendrá que decidir si quiere vivir como esa Ida que no pudo ser o como esa Anna que es ahora. La cinta tiene un desenlace discutible, arriesgado, pero justo.

9 comentarios:

marichuy dijo...

Me gusta cómo los nórdicos y los europeos del este hacen grandes dramas libres —en lo posible—de azotes. “Ida” es un poco así. Aunque para mí el drama mayor es el de la tía. Qué gran personaje esa “camarada” guapa y bebedora. Creo que incluso me gustó más que el personaje de la propia Ida.
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Fuera de tema, ¿no vas a escribir nada sobre “Dos días, una noche”? Qué historia la de Sandra. Dijera Carlos Bonfil: “buscando solidaridad en tiempos neoliberales”. :P
Y Marion estupenda: por si quedara duda, lo del nolanesco Batman 3 fue sólo un faux pas. Creo.

Saludos

Ernesto Diezmartínez dijo...

Marichuy: Y la actriz es sensacional. Hay otra cinta con ella, Roza, inédita en México. También ahí está imprsionante. Y sí, pienso escribir de ella y de otras más. Pero el tiempo, el tiempo... Ese recurso no renovable.

Daniel Touron dijo...

Podrías ampliar en lo del desenlace discutible.

Ernesto Diezmartínez dijo...

Daniel: No lo anoté para no revelar el desenlace. Y aclaro que "discutible" es solo eso: que se puede discutir. No es un final arbitrario. Pero, bueno, supongo que ya viste la película. Me refiero al suicidio de la tía, por supuesto. No digo que no sea explicable. Pero, ¿era necesario para la cinta? No estoy tan seguro. En fin...

Daniel Touron dijo...

Pensé que te referías a la decisión final de Ida. En cuanto al suicidio no me lo había planteado, de igual forma, vale la pena destacar la resolución formal; si bien hay un foco latente en la ventana, el trazo escénico nunca se vuelve predecible, como el personaje mismo.

¿No encontraste muy logrado el trabajo de montaje? La narración elíptica, me viene a la cabeza el choque, o el cortejo erótico, por ejemplo.

Ernesto Diezmartínez dijo...

Daniel: Esa inclinación por la elipsis corresponde, creo, a la reticencia con la que se comporta la propia Ida, conociendo poco a poco su pasado, su origen y decidiendo su futuro.

Daniel A. Touron dijo...

Puede ser. Al abordar el tema de la memoria dolida, la puesta en escena trabaja mucho sobre lo que se muestra y lo que no, o como dices, sobre lo que se devela poco a poco.

En fin, gran película. Ojalá encuentre distribución. Espero que en cincuenta años, cuando podamos procesar nuestra cotideana y trágica historia, tengamos una película de semejante calado.

En otro asunto: ¿Qué te pareció Hard to be a God?

Ernesto Diezmartínez dijo...

Daniel: Hard to be God... No la he podido ver. Ahí la tengo. Espero verla en estos días.

ANYELYT A dijo...

Me gusto tu blog e interesantes aportaciones.