martes, 6 de enero de 2015

Palm Springs 2015/II



Seguramente no podré ver toda la competencia de la sección New Voices/New Visions de Palm Springs 2015, conformada por diez operas primas provenientes de distintas partes del mundo y sin distribución comercial en Estados Unidos, pero no exagero al decir que, sin ver el resto de la competencia, una seria contendiente tiene que ser la película serbo-croata Nicije Dete (Serbia-Croacia, 2014), debut del experimentado guionista Vuk Rsumovic, película que ya fue premiada en Venecia 2014: Mejor Guión y Premio del Público en la sección de la Semana de la Crítica, además del FIPRESCI de esa misma sección. 
Aparentemente basada en hechos reales -eso es lo que dice una leyenda inicial-, la cinta nos ubica en algún pueblo de Bosnia en la primavera de 1988, unos años antes de la devastadora guerra civil en Yugoslavia. Unos cazadores se encuentran con un niño desnudo que, se entiende, ha sido criado entre y por los lobos del bosque. El niño, que no habla sino gruñe y camina en cuatro patas como lobo, es llevado a la ciudad, en donde una empleada lo bautiza, así nomás, con el nombre bosnio de Haris Pucurica. A los días, Haris es enviado a un orfanato en Belgrado, en donde el niño-lobo se encuentra lo mismo con las burlas y aullidos de sus compañeros, que con la insólita solidaridad del explotado y abandonado adolescente Zika (Pavle Cemerikic) y la rígida protección del encargado del sitio, Ilke (Milos Timotijevic). Ahí, en ese lugar, Haris poco a poco aprenderá lo bueno que tiene que ofrecerle la civilización -la voz, la palabra-, pero también atisbará, qué remedio, todo lo malo. 
Contada así, la historia escrita por el propio cineasta debutante Rsumovic suena previsiblemente didáctica. Y algo hay de ello, en efecto. La parábola es transparente: un niño salvaje es separado de su manada de lobos y se ve obligado a aprender las formas de comportamiento en otra manada muy distinta -el orfanato- y, después, en otra manada muy diferente y más peligrosa: el ejército. Sin embargo, más allá de esta obviedad -y de algún gratutito giro argumental que hace que la película se deslice en algún momento hacia el tremendismo-, lo cierto es que Nicije Dete termina siendo una película más que notable: el primer buen filme que veo en el año.
La primera razón es la actuación del jovencito Denis Muric en el papel de Haris: uno tiene que ver para creer la impresionante interpretación física de este chamaco de ¿10-12 años de edad?, que en la primera hora se comporta como un auténtico animal salvaje: gruñe, muerde, salta, come, chilla, aúlla y se divierte bajo la lluvia como lo que (cree que) es: un lobo. Luego, durante la segunda parte de la película, vemos su creciente asombro ante la civilización que lo rodea con todo y sus objetos mágicos (una canica, unas sombras chinescas), su frustración al no poder entender por completo el misterioso comportamiento humano y su lenta transformación en un adolescente confundido por partida doble, por venir de dónde vino y por ser un adolescente huérfano en medio de una guerra. 
La segunda razón tiene que ver con la segura realización del debutante Rsumovic y la seca edición elíptica de Mirko Bojovic: a excepción del ya mencionado giro argumental más bien inútil, el director serbio y su montajista evitan caer en las obviedades dramáticas. En más de una ocasión, la escena es cortada sin que sepamos en qué continuó todo, qué hicieron esos personajes, de qué hablaron, qué se dijeron. Es una decisión inteligente en más de un sentido: hace avanzar la historia cortando cualquier atisbo de sentimentalismo ramplón y, además, deja al espectador con la responsabilidad de ir llenando todos los huecos. E, incluso, en el desenlace, de imaginarse un final, si no feliz, por lo menos no trágico para Haris. 

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