miércoles, 11 de febrero de 2015

Citizenfour



No he visto los otros cuatro filmes nominados al Oscar 2015 en la categoría de Mejor Largometraje Documental y, por lo mismo, no tengo idea de los logros cinematográficos de esas otras cuatro películas, pero no tengo la menor duda que Citizenfour (EU-Alemania, 2014), cuarto largometraje de la especialista Laura Poitras, se llevará la estatuilla dorada en unos cuantos días. En todo caso, el Oscar a Citizenfour no será tanto porque sea una gran cinta sino, más bien, porque es un filme importante e, incluso, necesario. La película ha sido programada en estos días en Ambulante 2015 y, seguramente, después de que gane el Oscar, tendrá su limitada corrida comercial-cultural en la Cineteca y algunas "salas de artes".
Anoté antes que la importancia del filme de Poitras radica en su tema. En efecto, en los años por venir, es probable que la relevancia de Citizenfour se identifique por ser la primera crónica cinematográfica, realizada a bote pronto y (casi) en tiempo presente, sobre las revelaciones que hizo, urbi et orbi desde un hotel de Hong Kong, un joven delgado y anteojudo de 29 años llamado Edward Snowden, empleado de una compañía de Hawai que trabajaba para la Agencia Nacional de Seguridad gringa (NSA por sus siglas en inglés). 
La historia es harto conocida a estas alturas del juego, pues las revelaciones de Snowden de que la NSA espiaba a millones de usuarios telefónicos e internet en Estados Unidos -y en otros países además- se convirtió en escándalo internacional durante el verano del 2013. Las filtraciones se fueron sucediendo a tal grado que provocaron no solo severos cuestionamientos dentro de Estados Unidos sino fuera de ese país, especialmente cuando salió a la luz pública que la Canciller alemana Angela Merkel y otros líderes "amigos" del gobierno americano también estaban siendo intervenidos y espiados.
Poitras arma la película -experto montaje de Mathilde Bonnefoy- como una mezcla de reportaje documental -testimonios en el Congreso, fragmentos noticiosos de CNN, cabezas parlantes de expertos en seguridad- y un acezante thriller de espionaje. Así pues, vemos en pantalla los mensajes cifrados por lo que Snowden contactó a la cineasta, la reunión de los periodistas de The Guardian Glenn Greenwald y Ewen MacAskill con el ingeniero en sistemas disidente, los correos electrónicos de ida y regreso entre todos los involucrados y el inicio de las presiones -legales o no: da lo mismo- que el gobierno estadounidense empezó a aplicar en contra de Snowden y de quienes estaban ayudando a diseminar secretos que (dizque) podían dañar la seguridad nacional estaodunidense en tiempos de terrorismo. 
Citizenfour es un documental militante, sin duda alguna. Es cierto que Poitras es una cineasta más bien parca -no muestra aquí el humor chocarrero de un Michael Moore ni la indignación desatada de un Oliver Stone, por mencionar otros dos conspicuos cineastas americanos de izquierda-, pero este medio tono procedimental encaja perfectamente con las primeras palabras que el propio Snowden dice frente a la cámara en el hotel de Hong Kong en el que se encontraba oculto: "yo no soy la historia". Es decir, Poitras intenta ver el bosque de las actividades ilegales del gobierno americano en lugar de entretenerse en el árbol de la personalidad de Snowden. 
De todas formas, es imposible rehuir del elemento humano en el filme: el centro del documental, después de todo, siguen siendo los ochos días en los cuales Snowden, frente a la cámara y con Greenwald y MacAskill interrogándolo, da a conocer toda la información. Ahí conocemos al personaje, sus justificaciones para los que algunos llamaron traición, su preocupación natural por su pareja, su aparente serenidad ante lo que sabía iba a desatarse... 
También vemos, por cierto, los efectos causados a su alrededor: la presión indirecta sobre Greenwald, quien vio como su pareja fue retenida durante varias horas sin justificación alguna; o el temor constante de la propia directora Poitras, ya acostumbrada a ser interrogada una y otra vez al llegar a Estados Unidos, por ser una cineasta harto sospechosa. Pero, ¿sospechosa de qué? De lo que sea: si escuchas lo suficiente su línea telefónica o si exploras consistentemente su actividad en internet, seguramente saldrá sospechosa de algo. Y usted, el que está leyendo esto, también.

1 comentario:

Joel Meza dijo...

Chin, y yo que tengo que renovar mi visa gringa...