domingo, 1 de marzo de 2015

FICUNAM 2015: Jauja/IV



Ganador del FIPRESCI de la sección Una Cierta Mirada en Cannes 2014, Jauja (Argentina-México-Francia-Brasil-EU-Dinamarca-Alemania, 2014), quinto largometraje de Lisandro Alonso (Los Muertos/2004, Liverpool/2008), está en competencia en el FICUNAM 2015 en la Sección Internacional, al lado de otras 11 cintas de "espíritu audaz", como define el propio festival el criterio con el que fueron elegidas estas películas.
Y, en efecto, por lo menos durante la primera hora, "audacia" es la palabra que mejor define el más reciente filme de Alonso. Aunque, a decir verdad, lo audaz de Jauja radica en que es la primera vez que Alonso hace varias cosas: es su primera experiencia con actores profesionales e, incluso, con una estrella internacional (el políglota Viggo Mortensen); es la primera película de época realizada por el director bonaerense; y es el primer filme que tiene un claro impulso narrativo, especialmente en la ya mencionada primera hora. Dicho de otra manera: la audacia de Alonso radica en hacer una cinta relativamente cercana al mainstream. Pero cuidado: dije "relativamente".
Estamos en la Patagonia, a fines del siglo XIX. Un capitán danés con español precario (Mortensen) y preciosa hijita rubia y quinceañera, Inge (Viilbjork Malling Agger), viajan por ese árido y pedregoso territorio, acompañados de un lascivo teniente, un joven soldado, un barbudo guía y un altivo criollo que, cuando no quiere ser entendido por gente vulgar, se suelta hablando francés. Dinesen, el danés, se irá a caballo al desierto cuando el soldadito de marras huya con la enamoradiza Inge. El terreno es inhóspito, por supuesto, pero también peligroso: abundan los "cabezas de coco" -entiéndase: indios- que son capaces de robar sombrero, carabina y caballo apareciendo por alguna orilla del encuadre y, peor aún, por ahí anda un tal Zuluaga, un militar que se ha vuelto loco y que se ha dedicado a arrasar todo lo que se le pone en el camino.
Como bien ha apuntado Scott Foundas en su reseña para Variety, en los primeros minutos de Jauja los personajes hablan más que en todas las anteriores películas de Alonso. Y no solo eso: pasan muchas más cosas. Hay una tensión de clases (más bien, castas) a flor de piel, hay una huida amorosa, hay una búsqueda de un padre devoto por su hijita perdida, hay cuerpos ensagrentados entre la maleza y la amenaza de un enloquecido militar colonizador. Hay ecos de clásicos de la talla de Más Corazón que Odio (Ford, 1956), además de guiños a personajes como el Kurtz conradiano o a escenarios salvajes y violentos dignos del Cormac McCarthy de Meridiano de Sangre.
Sin embargo, qué remedio, Lisandro Alonso es Lisandro Alonso. En la segunda hora de Jauja, el director se encarga de desandar todo el camino andado: la búsqueda de Dinesen de su hija se vuelve más monótona, el capitán danés termina platicando con una vieja jodorowskiana que vive en una cueva acompañado de un perro enfermo y, en los últimos 10 minutos, la historia da un vuelco que no apuntaré aquí. En todo caso, uno termina preguntándose si lo que hemos visto es una historia real o un sueño, una oscura meditación sobre el colonialismo europeo o una mise-en-abyme más lyncheana que ruiziana.
Sea lo que sea, la segunda parte de Jauja me convenció bastante menos, aunque nunca dejé de admirar las composiciones de Timo Salminen, en formato académico 4:3 y bordes redondeados, como provenientes de antiquísimas fotografías decimonónicas. Es un gimmick atractivo, sin duda, y aunque distrae al inicio del filme, termina convertido en una de las mejores razones para terminar de verlo, con todo y esos últimos diez minutos de auto-sabotaje.