jueves, 5 de marzo de 2015

FICUNAM 2015: Me Quedo Contigo/VII



Exhibida inexplicablemente fuera de concurso en Morelia 2014, a escondidas, en una función de medianoche, como para que nadie se diera cuenta, Me Quedo Contigo (México, 2014), opera prima de Artemio Narro -o solo Artemio, como aparece en los créditos- se presentó luego en Rotterdam 2015 en la sección "What the F?!" y, ahora, en la competencia oficial mexicana del FICUNAM 2015.
Y así como en anteriores entradas en este blog he cuestionado los filmes elegidos en la sección "Ahora México", tengo que felicitar al responsable -a la persona o el comité- de haber seleccionado Me Quedo Contigo y no haberla criminalmente ninguneado, como sucedió en Morelia. Vaya, si el FICUNAM es un festival que toma riesgos -y vaya que los toma-, ojalá tome más riesgos de esta naturaleza en lugar de torturar al respetable con las slow-movies de cajón o el miserabilismo de exportación europea.
La historia, escrita por el propio Artemio, nos presenta la llegada al DF de la guapa Natalia (Beatriz Arjona), una guapa arquitecta que viene a casarse con su novio cineasta Esteban (Diego Luna en cameo vocal). Como el novio de marras se encuentra fuera de la ciudad, las amigas de Natalia, Ana y Sofía (Ana Aldrete Echevarría y Flor Eduarda Gurrola), invitan a la recién llegada a agarrar la fiesta con Valeria (Ximena González-Rubio). El cuarteto de jóvenes mujeres organizarán una fiesta de despedida que, sin decir agua va, se transforma en algo muy diferente; para acabar pronto, en una de las peores pesadillas masculinas que he visto desde Audición (Miike, 1999) o, si usted quiere, desde Viólame (Despentes y Coralie, 2000).
La cinta es una bofetada al buen gusto y los buenos modales. No, mejor dicho: es una patada directa en los destos. Con la cámara de Renata Gutiérrez que privilegia la toma abierta, con una puesta en imágenes y un diseño sonoro (¿intencionalmente?) muy sucio, seguimos entre el horror y la fascinación a este cuarteto de mujeres a lo largo de una noche de copas/una noche loca en la cual el cineasta y sus actrices le dan la vuelta a todas las expectativas. He aquí cuatro muchachas que no están dispuestas a ser objetos pasivos sino feroces animales, activos y despiadados, en el sexo y la violencia, en el ejercicio del poder, en la impunidad ofensiva. Ser mujer en México no es ser una víctima. No por lo menos en Me Quedo Contigo.
En el catálogo del FICUNAM, la directora del festival, Eva Sangiorni apunta que "muchos se molestarán con esta película". No lo dudo, pero de eso se trata la provocación: al invertir los papeles, Artemio nos cuestiona como espectadores -táctica similar a la de Miike en Audición- y nos confronta con esos signos de explotación de la violencia a los que estamos tan acostumbrados, en el cine mismo y, acaso, en la realidad. El papel interpretado por una irreconocible Ximena González-Rubio es clave en esta estrategia: vulgar hasta la náusea, echada pa' delante cual buchona sinaloense, soltando las peores palabrotas como si fueran "buenos días", su Valeria es la personificación hembrista de la decadencia moral de una generación.
A diferencia de las jóvenes machorras de la Época de Oro del cine mexicano -que volvían al redil para vestirse de mujer como Blanca Estela Pavon en ¡Vuelven los García! (Rodríguez, 1947), que tomaban actitudes machistas más bien en tono de guasa como en Los Hijos de María Morales (De Fuentes, 1952), o que se disfrazaban de hombres solo para destantear a sus galanes como en Pablo y Carolina (de la Serna, 1957)-, las mujeres de Me Quedo Contigo son mujeres de principio a fin, conscientes de su atractivo y dispuestas a usarlo de forma completamente natural. Tampoco son ellas, por cierto, las distantes o sofisticadas mujeres fatales del melodrama negro mexicano; más bien, son unas implacables depredadoras que, además, terminada su tarea, no tienen empacho en irse a desayunar muy de mañanita para quitarse la cruda. 
La aventura de esa noche ha terminado y la película también. Porque lo que hemos estado viendo es una película, como el propio Artemio se asegura de recordarnos. Menos mal: ya fuera de la sala de cine, el mundo es diferente y no hay mujeres así. Ánimas que así sea. 

2 comentarios:

Miguel Ravelo dijo...

No había escuchado sobre ella, la reseña me dió muchas ganas de verla. Pongamos chonguitos para que la programen en la Muestra que empieza a finales de marzo. Lo cual dudo, pero bueh...

Manuel dijo...

Personalmente, lo que más me gustó de esta película fue las muchachas como agente de violencia; por fin toca verlas del otro lado de la situación.