viernes, 24 de abril de 2015

Riviera Maya 2015/I



El Riviera Maya Film Festival 2015 inició ayer con un programa que contiene más de 70 cintas  en seis secciones: Galas, Planetario, Gran Público, Panorama Autoral, Riviera LAB Presenta y Plataforma Mexicana, esta última la única competitiva de todas. Aunque estaré viajando a la Riviera Maya hasta el fin de semana, puedo ir adelantando el juicio de algunas cintas que ya he podido ver. Las dos cintas a continuación están programadas para ser exhibidas el día de hoy.
El Ministerio del Hierro (The Iron MinistryEU, 2014) es el. quinto largometraje documental dirigido por el especialista americano J. P. Sniadecki. La película está programada en la sección Riviera LAB, conformada por media docena de cintas que pasaron en alguna edición anterior del festival en calidad de proyectos. Con 82 minutos de duración, El Ministerio de Hierro fue editada por el propio Sniadecki –quien además fue el productor, fotógrafo y diseñador de sonido- a partir de varias horas de grabación que el cineasta obtuvo viajando durante tres años por la más grande red ferroviaria del mundo: la china.
Así pues, la cámara objetiva de Sniadecki, sin comentario ni editorialización de ninguna especie, ve cómo se comporta la gente en las distintas secciones de estos trenes guajoloteros. Los pasajeros se hacinan como pueden y cargan con un muy variado equipaje que pueden ser canastas de alimentos, carnes tasajeadas o animales. Los pasillos están sucios, algunas personas se reúnen a fumar en el entronque entre dos carros y otras más se duermen en el piso, hechas un ovillo. La confluencia de imagen y sonido apabullan: vemos y escuchamos un ambiente tan auténtico que parece que lo podemos sentir y oler.
Sniadecki logra, también, hablar con varios de los pasajeros que, previsiblemente, tienen opiniones encontradas sobre la China contemporánea: algunos quisieran emigrar a otro país, otros tienen fe en el progreso de China, alguien más es visto con auténtica curiosidad por otros pasajeros cuando dice ser miembro de la minoría religiosa musulmana hui.
En el mejor momento del filme, un chamaquito de no más de 8 años se suelta con una hilarante perorata, imitando las órdenes de un supuesto conductor: “está permitido escupirle en la cara a otro pasajero pero espere también que este pasajero le escupa a usted en su boca; si trae usted una bomba consigo, vaya donde haya más gente y hágala estallar, de acuerdo con las políticas poblacionales de nuestro gobierno…”. Si este chamaco no termina en algún correccional o en una granja de re-educación, bien podría ser un buen comediante.
El problema, como bien lo señaló el cinecrítico británico Michael Pattison al escribir de esta cinta en su cobertura de Locarno 2014 y publicada en el sitio web Filmuforia, es que a Sniadecki le ha hecho falta disciplina, si no como cineasta o cinefotógrafo, sí como editor. Porque, incluso en sus modestos 82 minutos de duración, la cinta se siente reiterativa, algo que no sucede con los mejores documentales del Sensory Ethnography Lab de Harvard –Sweetgrass (Castaing-Taylor y Barbash, 2009), Leviatán (Paravel y Castaing-Taylor, 2012) o Manakamana (Spray y Vélez, 2013)-, corriente a la que pertenece El Ministerio de Hierro, aunque en un nivel de logro muy inferior. 
Fort Buchanan (Francia-Túnez, 2014), opera prima de Benjamin Crotty, ha sido programada en la sección Panorama Autoral, lo cual no deja de causarme ruido: ¿cómo hablar de "autor" si estamos ante el debut de un cineasta? En todo caso, la etiqueta de exhibición es lo de menos: la cinta es una gozosa y sensual película que, al parecer, surgió de un cortometraje anterior de 13 minutos dirigido por el americano avecindado en Francia Benjamin Crotty. 
La película no tiene una historia, propiamente dicha, sino está conformada por una serie de anécdotas o, si se quiere, de escenas, sketches, imágenes. De hecho, el cineasta se muestra interesado en crear una atmósfera visual, sensorial y sexual irresistible, más que en cualquier otra cosa.
Estamos en una base militar -la Fort Buchanan del título- en la que las parejas de los soldados y oficiales comparten confidencias, preocupaciones y algo más. Por ejemplo, el apocado gay Roger (Andy Gillet), con su distante marido Frank (David Baiot) asentado en Djibouti, tiene que lidiar con la hija adolescente de ambos, Roxy (Iliana Zabeth), que ya está lista para experimentar su sensualidad y sexualidad, como queda bien claro cuando una de las esposas desesperadas (o más bien, jariosas) se pone juguetona con la muchachita.
En la segunda parte de la película, las mujeres llegan a visitar a sus hombres en un lugar que parece más un hotel que un puesto militar -el realismo está desechado, por supuesto, en este filme- y suceden más encuentros y desencuentros sensuales. Hacia la última sección de la cinta, vemos los resultados de este polígono (pan)sexual: alguna relación ha terminado, una vida se ha detenido, otra vida está a punto de nacer, otra relación está por iniciar. Un debut promisorio de Crotty.