miércoles, 17 de junio de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXCII




Eco de la Montaña (México, 2014), de Nicolás Echevarría. El regreso al cine de Echevarría después de los 12 años desde su anterior filme, el malogrado Vivir Mata (2002), es una espléndida cinta documental sobre el artista huichol Santos de la Torre. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado. 

Jurassic World: Mundo Jurásico (Jurassic World, EU, 2015), de Colin Trevorrow. La cuarta película de la saga dinosáurica aguanta con creces el palomazo de fin de semana. Mi crítica, acá.

Oasis (México-Finlandia, 2013), de Alejandro Cárdenas. Presentado en Distrital 2014, estamos ante un mediometraje documental de 52 minutos que nos muestra la vida de tres homosexuales de origen maya -Reynaldo López, Gerardo Chan Chan y el travesti "Deborah" Sansorez- que, portadores del VIH, han luchado contra su padecimiento físico, al mismo tiempo que han soportado discriminación y rechazo, incluso dentro de sus familias. El documental es bastante convencional en la forma -testimonios frente a cámara, a veces en off, uso de fotos fijas preciosistas- y hay por ahí una montaje shocking completamente innecesario -el deseo de uno de los protagonistas de "morir joven, bella y hermosa" se contrasta con la imagen del estragado cadáver de una víctima del SIDA-, pero de todas formas este filme del debutante Alejandro Cárdenas logra con creces el objetivo de cualquier documental: que nos interesemos por la vida de las personas a las que estamos siguiendo y que conozcamos el éthos que les rodea.

Hipócrates, el Valor de una Promesa (Hippocrate, Francia, 2014), de Thomas Lilti. Muy visible melodrama social centrado en el recién recibido médico de 23 años Benjamin Barois (Vincent Lacoste), quien llega a cumplir con su internado en un hospital público que no parece muy distinto a los mexicanos, sean del Seguro Social o del ISSSTE.
Más allá del aprendizaje que tiene que seguir adquiriendo -por ejemplo, la mejor manera de hacer una punción lumbar-, Benjamin será testigo de las difíciles condiciones de trabajo en ese hospital público -el exceso de pacientes, la falta de camas, los aparatos que hace rato que no funcionan- y empezará a tomar decisiones que significarán la vida o la muerte de uno, el sufrimiento de otra, el alivio de otro más. Casi al mismo tiempo, a ese mismo hospital llega otro interno, Abdel Rezzak (Reda Kateb), un doctor hecho y derecho que, de todas maneras, ha tenido que iniciar desde cero en Francia, pues su título médico es argelino.
Este melodrama médico-social no renuncia nunca a la crítica -especialmente al burocratismo de los administradores del sistema de salud público-, pero también es cierto que no deja de mostrar a los protagonistas -especialmente a Benjamin y Abdel- como auténticos héroes o, en todo caso, como seres humanos que, claro, pueden ser falibles pero nunca dejan de estar a un paso de la redención.
En un diálogo clave de la cinta, un doctor le dice a otro que la medicina no es una vocación sino una suerte de "maldición" en vida. El director Lilti -que estudió medicina, de hecho-, sus guionistas y sus actores nos piden que admiremos a estos profesionistas "malditos". De alguna manera, es imposible dejar de hacerlo.