lunes, 7 de septiembre de 2015

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCCIV




Hilda (México, 2014), de Andrés Clariond. La opera prima de Clariond es una suerte de comedia de costumbres y de humor negro con una actuación espléndida de Verónica Langer, quien ganó el premio a Mejor Actriz en Morelia 2014. Mi crítica, publicada el viernes pasado en el suplemento Primera Fila de Reforma, está aquí.

Shaun el Cordero (Shaun, the Sheep Movie, GB-Francia, 2014), de Mark Burton y Richard Starzak. El sexto largometraje de la casa Aardman es, para variar, otra joya en stop-motion con el más inspirado slapstick que he visto en lo que va del año. Mi crítica in extenso, acá.

Manto Acuífero (México, 2013), de Michael Rowe. El segundo largometraje de Rowe es, también, la segunda parte de una trilogía en marcha que el cineasta ha realizado sobre la soledad. La primera fue la notable Año Bisiesto (2010), la segunda es esta cinta y la tercera, Early Winter (2015) será presentada en estos días en Venecia 2015.
Manto Acuífero está impecablemente realizada -el diseño de producción es del oscareado Eugenio Caballero, la fotografía de Diego García- y la niña protagonista Zailia Sofía Macías se sostiene bastante bien durante todo el filme, pero la historia, debo confesar, me resultó un tanto cuanto opaca cuando la vi en Morelia 2014. 
Caro, una niña de unos 8 años de edad, deja la ciudad de México para irse a Cholula con su mamá (Tania Arredondo) y su padrastro Felipe (Arnoldo Picazzo). La nueva casa es grande, especialmente el patio de atrás, lleno de plantas, hojas muertas y un pozo seco. Ahí, viendo bichos, juegos con unos palos, criando a una gallina con todo y sus pollitos, escondiéndose de todos -especialmente del brusco Felipe-, Caro tratará de convertir ese lugar en su refugio. Al final de cuenta no lo logrará, porque, ¿quién puede huir de la vida y sus crueldades?

Alicia en el País de María (México, 2014), de Jesús Magaña. A estas alturas del juego, con cuatro largometrajes en su filmografía, queda claro que Magaña está dispuesto a hacer la misma película una y otra vez, con pequeñas variaciones. Y es que si exceptuamos su filme anterior -la meritoria Abolición de la Propiedad (2012)- todas las demás cintas de Magaña tratan de lo mismo: el rompimiento amoroso de un cineasta/escritor (más o menos) ojete llamado Tonatiuh con una mujer inalcanzable llamada María de la que se obsesiona de forma enfermiza. La María de esta ocasión es la guapísima Bárbara Mori y la mujer con la que quiere sustituirla el protagonista es Stephanie Sigman, quien tiene el ingrato papel de hacer una amnésica a la que, en determinado momento, el tal Tonatiuh (Claudio Lafarga), la quiere transformar en María, cual Scottie Región 4. 
Y si en su opera prima Sobreviviente (2003) Magaña echaba mano de una animación de René Castillo, esta vez el "rompimiento" estilístico va del lado de una serie de efectos visuales que tratan de ilustrar la subjetividad obsesiva (y relamida) de Tonatiuh... que es la del mismo Magaña. En la historia hay, ya comenté, una amnésica, tres accidentes automovilísticos, un regreso de la memoria y un anuncio espectacular de Bárbara Mori que resulta ser bien maligno. De lo peor del cine nacional que he visto en el año.

Xenia (Ídem, Grecia-Francia-Bélgica, 2014), de Panos H. Koutras. El cuarto largometraje de Koutras es una road-movie fraternal en la que el extrovertido e ingobernable quinceañero gay Danny (Kostas Nikouli) sale de Creta, llega a Atenas por su hermano de 17 años Ody (Nikos Gelia), y de ahí los dos parten hacia Tesalónica en busca del padre de ambos, pues como su madre albanesa acaba de morir, el papá griego que los abandonó cuando eran niños es la única oportunidad que tienen para no ser deportados, ya que ante las leyes griegas los dos no son más que un par de jóvenes albaneses indocumentados.
El melodrama, la comedia y el musical se van alternando no con la mejor fortuna, además de que la cinta se alarga innecesariamente -el filme pasa de las dos horas de duración-, lo que termina por exasperar, más que conmover. Los interludios oníricos-surrealistas tampoco ayudan mucho.