martes, 27 de octubre de 2015

Morelia 2015/III



Tres cintas mexicanas recientes, premiadas en festivales internacionales importantes, han tenido su estreno nacional, fuera de concurso, en Morelia 2015: Chronic (México-Francia, 2015), ganadora de Mejor Guión en Cannes 2015; Desde Allá (México-Venezuela, 2015), León de Oro en Venecia 2015; y Desierto (México-Francia, 2015), que obtuvo el premio FIPRESCI en Toronto 2015.
Chronic -que aparentemente se llamará en español El Último Paciente- seguramente provocará polémica por su desenlace, que no revelaré aquí. Las más reciente cinta de Michel Franco está centrado en David (espléndido Tim Roth), un enfermero especializado en enfermos terminales. El tipo no tiene otra vida que cuidar a sus pacientes, a tal grado que desde el inicio queda claro que su salud mental -en el sentido de su dependencia emocional hacia ellos- es bastante frágil.
Llegado el momento, sabremos el porqué del comportamiento de David, lo que lo llevará a tomar una decisión inesperada (¿pero injustificada?) en el brusco desenlace. Si el espectador acepta la resolución del guión premiado en Cannes de Michel Franco, la cinta tiene bastante más sentido. Como es costumbre en el director de Después de Lucía (2012), la cinta es extremadamente rigurosa en su puesta en imágenes.
Esta misma característica es compartida por Desde Allá, opera prima del venezolano Lorenzo Vigas producida por el mismo Michel Franco. La cámara de Sergio Armstrong aísla a su actor central, el cincuentón homosexual Armando (Alfredo Castro, perfecto), quien siempre es separado en el encuadre de quienes lo rodean mediante el manejo del enfoque: a veces se ve nítido en el background mientras en foreground todos están fuera de foco; en otras ocasiones es al revés. 
Armando ve la vida "desde allá", por razones que solo podemos intuir -algo le hizo su padre, un poderoso hombre que acaba de regresar a Caracas después de años de estar fuera del país. Desconectado de toda vida social, apenas si visita de vez en cuando a su hermana, apenas cruza las palabras necesarias con sus empleados en un taller de prótesis dentales y cuando tiene alguna necesidad sexual, sale a la calle y busca a cualquier muchachito que, mediante jugosa billetiza, quiera enseñarle el trasero mientras él se masturba a un par de metros de distancia, sin tocarlo en lo absoluto. "Desde allá", pues. 
Esto cambiará cuando se encuentre con Elder (Luis Silva, impresionante), un muchacho que accederá a ir a su departamento para luego golpearlo y asaltarlo. No importa: Armando no es de los que desisten a la primera. Unos días después irá por él con más dinero en los bolsillos. Elder, que no deja de llamar viejo maricón a Armando, empieza a tener una relación de...  ¿qué exactamente? 
La ambigüedad en el argumento escrito por el propio Vigas -a cuatro manos con el también productor Guillermo Arriaga- abre varias posibilidades hasta llegar a un desenlace sorpresivo -otro más- que cambia la forma en la que hemos visto a los dos personajes. Una cinta notable y más tratándose de un cineasta debutante como Vigas.
La que no tiene demasiadas sorpresas en la historia es Desierto, segundo largometraje de Jonás Cuarón. La película es extremadamente convencional pero, también, extremadamente bien realizada. Diré esto: con Desierto, Cuarón hijo demuestra que podría dirigir, con la mano en la cintura, cualquier cinta de acción o thriller hollywoodense. De alguna manera, eso es Desierto: una especie de violento thriller que maneja una sola premisa y lo hace de forma impecable e implacable.
Un grupo de indocumentados cruzan la frontera liderados por un par de polleros (Marco Pérez y Diego Cataño). Un "vigilante" de la frontera, con todo y bandera confederada en ristre (Jeffrey Dean Morgan), rifle de precisión y puntería apache, acompañado además de un feroz Perro Blanco (Fuller, 1982) -café en realidad-, irá cazando y matando a cada uno de los inmigrantes hasta que quedan la pareja formada por un mecánico (Gael García) y una jovencita (Alondra Hidalgo).
Luego de los minutos iniciales del planteamiento, el resto de la cinta es un acezante thriller eficazmente editado, con una cámara siempre en movimiento de Damián García, un inmersivo diseño sonoro de Sergio Díaz y una fuerte música ad-hoc de Woodkid dominada por las percusiones. Cuarón hijo no da cuartel en las escenas de persecución y cacería, ejecutadas con una precisión admirable. Si alguna vez alguien quiere hacer el remake de Duelo a Muerte (Spielberg, 1971), en Jonás Cuarón tienen a un buen candidato para dirigirlo.
Eso sí, la cinta es poco sutil: según los créditos, Gael se llama Moisés (¿en busca de la Tierra Prometida?) y el vigilante Sam, cual obvio símbolo de los supremacistas/racistas/nativistas que tienen a Donald Trump en el primer lugar de las encuestas entre los votantes republicanos. Por supuesto, Desierto no es una cinta política ni pretende serlo, aunque el tema sea inevitablemente político.