lunes, 21 de marzo de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXXII




Un Hombre Irracional (Irrational Man, EU, 2015), de Woody Allen. El largometraje número 45 del incansable cineasta judío-neoyorkino por excelencia abreva de algunas de sus viejas preocupaciones -especialmente el crimen y la moral-, energizadas esta vez por una jazzística banda sonora y un cínico humor hitchcockiano. No es la mejor cinta de Allen, claro, pero es mucho mejor de lo que usted podrá encontrarse en cartelera este fin de semana -o casi cualquier fin de semana. Para acabar pronto, es mejor que las dos cintas de aquí abajito. Mi crítica, en el suplemento Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

Con la Frente en Alto (La tête en haute, Francia, 2015), de Emmanuelle Bercot. ¿Alguien tiene idea qué le sabe la señora Bercot a Thierry Fremaux? En Cannes 2015, Bercot presentó dos películas -una como actriz: Mi Amor (Maïwenn, 2015)- y la otra como directora -Con la Frente en Alto- y las dos recibieron trato de privilegio. Bercot ganaría el premio a Mejor Actriz por Mi Amor -exaqueo con Rooney Mara por la muy superior Carol (Haynes, 2015)- mientras que Con la Frente en Alto tuvo el honor de ser la película de apertura del festival. En fin, si sabe usted qué poder tiene Bercot sobre la gente del festival más importante del planeta, cuente el chisme.
En todo caso, hay que aceptar que el cuarto largometraje como directora de Bercot no es, tampoco, ningún churro infecto. Se trata de un serio y convencional melodrama social -escrito por la propia cineasta en colaboración con Marcia Romano- mediante el cual seguimos durante una década la difícil vida de un niño y joven delincuente, Malony (Rod Palany), quien es dejado bajo la custodia del Estado a los seis años de edad por su irresponsable madre (Sara Forestier) y que, desde entonces hasta que cumple 17, entra y sale de correccionales o cárceles juveniles, bajo la mirada serena y comprometida de la jueza Florence Blaque (Catherine Deneuve).
Acaso la gran novedad de la cinta sea que su discurso refleja una visión muy positiva de la justicia y la burocracia francesas, algo refrescante en un entorno político global que siempre le cuelga todos los muertitos posibles al Estado. No sé qué tan cercano sea el retrato a la realidad francesa, pero después de ver Con la Frente en Alto, queda claro que, por lo menos en esta película, el Estado francés tiene servidores públicos muy dedicados y profesionales. 
El debutante Palany -ganador del César 2016 a Actor Más Prometedor- sostiene con eficacia la cinta, bien apoyado por la leyenda viviente que es la Deneuve y por un espléndido Benoît Magimel como el comprometido tutor de Malony que, se entiende, ve en el muchacho un reflejo de quien él mismo fue alguna vez. El desenlace de la película podría pasar por feliz -Malony saliendo del Palacio de Justicia de Dunkerque con su hijito recién nacido en brazos, después de ir a hablar y abrazar a su mamá/jueza-, pero yo no estaría tan seguro. Será que, a pesar de que me encantan los finales felices, tiendo a ser un escéptico.

Tangerine: Chicas Fabulosas (Tangerine, EU, 2015), de Sean Baker. La extrovertida prostituta transgénero Sin-Dee Rella (Kitana Kiki Rodríguez) acaba de salir del bote después de estar 28 días en la sombra. No acaba de agarrarle gusto al gusto cuando su amiga, la también prostituta transgénero Alexandra (Mya Taylor), le informa que su novio/padrote Chester (James Ransome) le está haciendo de chivo los tamales y ¡con una mujer blanca y de verdad! ("con vagina y toda la cosa"). Lo único que sabe Alexandra es que, además, la nueva novia de Chester tiene un nombre que empieza con "D". No importa: si la emputecida y emputada Sin-Dee tiene que buscar a todas las mujeres blancas de Los Ángeles cuyos nombres empiecen con "D" para partirles su madre, es lo de menos. Tampoco importa que sea vísperas de Navidad. Para Sin Dee esta Nochebuena sera todo menos una noche de paz. 
Tangerine adquirió cierta notoriedad a partir de que se vendió como "la película que se hizo completamente con un iPhone 5s". En efecto, con todo y que ese aparatejo fue modificado por el uso de algunos lentes y de que la película pasó por una adecuada postproducción, el quinto largometraje del cineasta indie Sean Baker fue realizado en las calles de Los Ángeles -y, además, de ciertos barrios desconocidos por el gran público cinematográfico-, fotografiado con el citado chunche de la Apple y protagonizado por un par de actrices no profesionales transgénero (una latina, otra afroamericana; esta última con un pasado auténtico de prostituta) que, además, improvisaron muchos de sus diálogos.
El resultado es simpático y consistentemente entretenido -incluso en esa medio inútil subtrama digresiva en la que un taxista armenio (Karren Karagulian) tiene sus propios problemas personales y de identidad-, en gran medida por el buen rapport entre Rodríguez y Taylor, una divertida pareja/dispareja como la que más. El guion escrito por el propio hombre orquesta Baker en colaboración con Chris Bergoch no evita los clichés -Rodríguez encarna a una ingobernable latina en el molde creado hace casi un siglo por Lupe Vélez y su "Mexican Spitfire"-, pero también es cierto que dota a todos sus personajes de una reconocible humanidad que no puede ser soslayada. 

1 comentario:

Favre dijo...

En cuanto a Tangerine, ya sabemos que nuevas actrices entraran al elenco de Orange is the new black ; )