martes, 12 de julio de 2016

Dos tipos peligrosos



Los Ángeles, 1977. El golpeador detective sin licencia Jackson Healy (Russell Crowe, botijón) llega a la casa de otro detective privado, pero con licencia, Holland March (Ryan Gosling), le da un puñetazo en la cara, le advierte que deje de seguir a una jovencita llamada Amelia (Margaret Qualley, de The Leftovers) y, para amarrar el mensaje, le rompe un hueso de la muñeca. Eso no evitará que unos cuantos días después, Healy y March unan fuerzas para encontrar a la tal Amelia, por razones que son demasiado enredosas para anotar aquí. En todo caso, Dos tipos peligrosos (The Nice Guys, EU, 2016) es el tipo de películas cuya trama es lo que importa menos.
Por la sinopsis escrita, los personajes protagónicos, la época y el lugar, usted ya lo habrá adivinado: el tercer largometraje del veterano guionista y ocasional cineasta Shane Black (guiones de Arma mortal/Donner/1987, El escuadrón anti-monstruos/Dekker/1987, El último gran héroe/McTiernan/1993 y Memoria Explosiva/Harlin/1996, entre otros; cintas dirigidas y escritas: la ingeniosa Entre besos y tiros/2005 y la rutinaria Iron Man 3/2013) es un film-noir angelino con todas las de la ley. Es decir, trama laberíntica, muertitos al por mayor, una muchacha en peligro que aparece y desaparece a voluntad, relaciones familiares rotas que son el origen de todo el relajo y, por supuesto, tratándose de Los Ángeles, corrupción en las más altas esferas del poder político y financiero, cual si se tratara del México del 2016.
La novedad es que esta vez no contamos con un solitario detective como protagonista sino que son dos y, que, además, uno de ellos –el torpe alcoholicazo March- es un padre viudo que tiene una precoz hijita de 13 años, Holly (Angourie Rice, el descubrimiento del año), que funge como la conciencia ambulante de la pareja dispareja formada por su papá y su tío adoptado Healy.
Dos tipos peligrosos inicia con un prólogo delirante, digno de Buñuel –una actriz porno muere semidesnuda frente a un adolescente que momentos antes estaba viendo su fotografía en una revista de encueradas-, para luego estacionarse en terrenos más convencionales: la de una historia hard-boiled en la que un par de tipos –voz en off de por medio, but of course- se presentan ante nosotros como los típicos héroes chandlerianos: solitarios, fracasados, cínicos pero, en el fondo, vulnerables y hasta más o menos decentes.
Por supuesto, como el filme es más que nada una comedia, la tipificación de Haley y March servirá como base para las rutinas más afortunadas de la película, concentradas en la misma pareja protagónica: las innumerables torpezas, caídas y dengues de Gosling (¿quién podría haber adivinado que Gosling era tan bueno hasta para chillar capulinescamente?) y las reacciones exasperadas de Crowe, cual Oliver Hardy más serio, sensato y rudo.
Dos tipos peligrosos tiene alguno que otro pecado –una duración que, cercana a las dos horas, se antoja excesiva, por ejemplo- pero todos ellos resultan ser menores. El cinéfilo más experimentado podrá entretenerse identificando homenajes y referencias de todo tipo -desde El gran sueño (Hawks, 1946) hasta Los Ángeles al desnudo (Hanson, 1997) pasando por el clásico de clásicos Barrio chino (Polanski, 1974)-, mientras que los más jóvenes podrán divertirse con las violentas y bien ejecutadas escenas de acción y con las rutinas slapstick de un Ryan Gosling liberado, por fin, de posar para Nicholas Winding Refn. 

1 comentario:

Champy dijo...

Bastante aceptable el ejercicio.

Hasta disfrutable.

Un grave error de continuidad:

Al entrar la pequeña heroina a salvar a su padre de la taimada negra que lo apuntaba enfundada en un espectacular y llamativo vestido naranja con un carrito de servicio, la querubina arroja una jarra de café para su desgracia frio, lo cual lo mas que con siguió fue estropear el atuendo manchándolo en toda su pechera del adictivo líquido.

Un par de escenas más tarde, al levantar los santos cabelleros del orden a la singular bribona del suelo, ésta no tenía ni gota de café en su vestidazo....groso error.

Otro más que error detalle de época. Kim Basinger, otrora Diosa de la belleza y la moda, muy peinada en lacia, propia del nuevo siglo, si bien y el papel no era para emular directamente a Farrah o a Linda, bien hubiera adoptado un look a lo Lindsay, ni tan tan ni muy muy. Pero lacia????

La dupla bien, aocplados el uno al otro.

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