lunes, 4 de julio de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXXXVII





Más fuerte que las bombas (Louder than bombs, Noruega-Francia-Dinamarca-EU, 2015), de Joachim Trier. El tercer largometraje del noruego Trier -el primero realizado en inglés- está claramente ligado a su obra anterior, tanto por el tema central -la depresión, el suicidio- como por su elusivo/alusivo estilo narrativo, una suerte de equivalente de la corriente de la conciencia llevada al cine. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (** 1/2)

El pequeño Quinquin (P'tit Quinquin, Francia, 2014), de Bruno Dumont. Esta miniserie -exhibida en la Cineteca Nacional de golpe, como si se trata de una cinta- es un disparejo y excéntrico policial que también funciona como una suerte de comedia de costumbres. Nunca funciona por completo, pero también es cierto que nunca deja de ser interesante. En fin, yo que sé: fue elegida por los críticos de Cahiers du Cinéma como la mejor cinta de 2014. (* 3/4)

En la sangre (México, 2015), de Jimena Montemayor Loyo. La opera prima de la egresada del CCC Montemayor es un meritorio drama en tono menor en el que somos testigos de un triángulo amoroso entre dos hermanos y una mujer, la novia de uno de ellos. Tomás (Juan Pablo Campa) y Nadia (Camila Selser) forman la pareja inicial, que se tambalea cuando regresa del extranjero Mateo (Pablo de Tavira), el hermano de Tomás. El buen manejo del encuadre -cambios de foco, uso clave de espejos en algunas escenas- de parte del cinefotógrafo Santiago Sánchez es lo más notable de un ejercicio que tiene otra pequeña virtud: la brevedad. (* 1/2)

El último turno (Last Shift, EU, 2014), de Anthony DiBlasi. El cuarto largometraje del especialista DiBlasi es un sólido filme de horror que retoma una muy venerable premisa -la del agente de la ley encerrado en una comisaría, como en el clásico Río Bravo (Hawks, 1959) y su remake de culto Masacre en la crujía 13 (Carpenter, 1973)-, solo que en esta ocasión quienes rodean a nuestro protagonista -una novata agente de la ley en su primer chamba en la policía- no son pistoleros ni pandilleros, sino fantasmas.
La joven Jess Loren (Juliana Harkavy, muy bien) tiene su primera asignación en la policía de Sanford: hacerse cargo de la vieja comisaría en el turno de la noche -el último turno del título-, antes de que el edificio sea completamente abandonado. El viejo sargento Cohen (Hank Stone) le da las llaves a la novata, le dice que no debe tener ningún problema -todas las llamadas de emergencia han sido desviadas a la nueva comisaría- y que la única responsabilidad que tiene es no quedarse dormida, cuidar el changarro y esperar a los empleados de la oficina del forense que tienen que venir en algún momento de la madrugada a recoger algunas bolsas de evidencia que todavía quedan por ahí. Se trata de una tarea para un guardia de seguridad, no para una policía graduada, pero como bien le dice el sargento a la muchacha: el condado no tiene dinero para contratar guardias teniendo tantos cuicos en la nomina.
Así pues, Jess queda completamente sola en la comisaría abandonada, con un teléfono funcionando y su manual de la policía como único material de lectura. Todo va bien hasta que, de la nada, aparece un vagabundo orinando dentro de la comisaría. Nada del otro mundo. Pero, luego, se escuchan ruido extraños; después, se empiezan a abrir armarios a voluntad; más al rato, unas sillas se mueven de un lado para el otro. Ah, y hay apariciones. Y, para rizar el rizo, suena el teléfono y una muchacha, llorando, le pide ayuda: alguien la tiene secuestrada y la quiere matar. 
DiBlasi crea un genuino ambiente de horror con la menor cantidad de elementos posibles: una sola actriz la mayor parte del tiempo, un eficaz manejo del encuadre y del montaje, un espléndido diseño sonoro y una historia que si bien no tiene demasiadas novedades, está espléndidamente ejecutada. Además, presume una vuelta de tuerca final que juega con todo lo que hemos visto hasta el momento: ¿se trata de una película de fantasmas psicópatas, parientes de Charles Manson, o será que El último turno es otra versión más, corregida, aumentada y ensangrentada de Repulsión (Polanski, 1965)? (***)

2 comentarios:

Christian dijo...

Con eso de "corriente de la conciencia" te refieres al stream of conciousness James Joyciano Ernesto?

Ernesto Diezmartínez dijo...

Christian: Exacto.