jueves, 22 de septiembre de 2016

No respires



Al inicio de No respires (Don’t Breathe, EU, 2016), segundo largometraje del uruguayo hollywoodizado Fede Álvarez (opera prima Posesión infernal/2013, remake no visto por mí del clásico gore El despertar del diablo/Raimi/1981), un ladrón le dice a otro que robarle a un pobre ciego “está muy jodido”. El otro ladrón contesta, simplemente, que por el hecho de que la víctima sea ciega, no significa que sea una santa. (Buñuel, por cierto, estaría completamente de acuerdo en esta afirmación).
El hecho es que este diálogo resultará profético, pues cuando el trío de jóvenes ladrones Money (Daniel Zovatto), su novia Rocky (Jane Levy) y el apocado amigo de ambos –más de ella- Alex (Dylan Minnette) entren a la casa del cieguito en cuestión (Stephen Lang), habrán caído en una trampa mortal, pues el invidente resultará un correoso veterano de la Guerra del Golfo que, además de guardar varios cientos de miles de dólares en algún lugar de su casa, también esconde algún otro secreto más. O sea, no es ninguna blanca paloma.
El escenario social que plantean Álvarez y su coguionista Rodo Sayagues es la de un barrio –más bien una ciudad entera, Detroit- en estado crítico: casas semi-derruidas, cuadras abandonadas, desempleo rampante. El sueño americano hecho trizas, protegido por alguna agencia de seguridad y un feroz perro rottweiler para lo que se necesite.
Álvarez ha dirigido un buen thriller con el mínimo de recursos dramáticos. Hay básicamente cuatro personajes –los tres ladrones y el ciego-, un escenario –el laberíntico hogar del invidente sin nombre-, un McGuffin –el dinero escondido en algún lado- y una motivación sencilla que enfrenta a los dos bandos: de parte de los ladrones –especialmente de Rocky, que terminará siendo, cliché obliga, la protagonista-, quedarse con los cientos de miles de dólares; de parte del Ciego, evitarlo.
La simpleza del planteamiento está compensada por la espléndida ejecución de Álvarez y su equipo: un diseño de producción que dota de genuina y ominosa personalidad a la casa del veterano de guerra, un perfecto manejo del sonido en el que cada pequeño ruido puede detonar el siguiente ataque, una edición eficaz que nunca deja que perdamos la orientación de lo que está pasando y, por supuesto, la presencia de Stephen Lang como ese implacable ciego que no está dispuesto a que le quiten lo único que le queda… y que no necesariamente es el dinero.

3 comentarios:

Christian dijo...

La vi también. Eficaz y muy entretenida. Solo espero que la distribuidora se vaya al carajo porque nos exhibió una versión censurada y sin siquiera avisar. Infelices...

Joel Meza dijo...

¿Censurada? ¿O sea que mejor no verla en cine?

Christian dijo...

Resulta que la copia que están exhibiendo viene toda editada en una escena ya casi al final Joel. Ya leí como estuvo y no es algo que modifique la historia o algo pero si es castrante que te exhiban las películas censuradas, sin avisar, y solo para meterse unos cuantos billetes más a la bolsa.

Fucking wankers, como dirían en Inglaterra...