jueves, 15 de septiembre de 2016

Star Trek: sin límites



Al inicio de Star Trek: sin límítes (Star Trek Beyond, EU, 2016), tercer filme del reboot trekkie iniciado con StarTrek (Abrams, 2009) y décimo tercer largometraje sobre la tripulación del USS Enterprise desde la ya lejana Viaje a las Estrella: la Película (Wise, 1979), el otrora ingobernable Capitán James Tiberius Kirk (Chris Pine) graba en su bitácora que, la verdad, está medio aburrido. Tiene 966 días en el espacio, le quedan más o menos 600 más para que su misión termine y empieza a sentir que lo que hace –que lo que es- no tiene mucho sentido.
Interesante la premisa planteada en el guion escrito por el actor y comediante Simon Pegg en colaboración con Doug Joung: si tomamos en cuenta las doce cintas anteriores y las decenas de episodios de las series televisivas, ¿no será tiempo de jubilar al USS Enterprise y a toda su tripulación?
Por supuesto, a pesar de las dudas de Kirk –y también del Comandante Spock (Zachary Quinto), que tiene sus propias razones para querer colgar los bártulos-, el logro de Star Trek: sin límites radica en que, al final, uno queda convencido, al igual que los protagonistas, que hay USS Enterprise y tripulación para rato.
El McGuffin es elemental, como suele suceder en este tipo cintas. Sucede que hay un pequeño chunche llamado Abronath que el malvado de este episodio –un Idris Elba escondido detrás de kilos de maquillaje- desea con el único y cansino fin de destruir el mundo. ¿La razón?: quesque hay mucha paz en el Universo desde que la Federación es la mandona y él, un antiguo militar, se ha quedado sin chamba. Nomás por eso.
El nuevo realizador Justin Lin –mejor conocido por dirigir cuatro episodios de la exitosa saga Pelones y Homoeróticos (2006-2009-2011-2013)- le imprime su estilo visual a la cinta, que puede resumirse con dos adjetivos: vistosa pero confusa. Es decir, sin duda la puesta en imágenes es atractiva –en especial, el diseño de la ciudad espacial Yorktown-, pero basta que se suelten la acción para que Lin demuestre que lo suyo no es el manejo adecuado de los espacios cinematográficos. De hecho, cuando se da el ataque al USS Enterprise –sí, otra vez vuelven a destruir la nave- es difícil mantener la claridad de lo que está pasando en pantalla, quién está disparando a quién, qué se está destruyendo, para dónde está corriendo aquél, qué está pasando allá…
Por fortuna, la película se sostiene más bien por la química existente entre la tripulación del Enterprise y, por supuesto, entre los actores que la encarnan. La mano del Pegg guionista –que además, interpreta al ingeniero Scotty- se nota en un constante y consistente sentido del humor. De hecho, los mejores momentos del filme no están marcados por la solemnidad de las reflexiones iniciales de Kirk o Spock, sino por la eterna rivalidad entre el perpetuamente exasperado Dr. McCoy (excelente Karl Urban) y el siempre imperturbable Mr. Spock, quienes están obligados a convivir –y discutir- durante buena parte de la película. 
¿No habrá manera de que hagan un spin-off trekkie protagonizado por ellos dos? Conste que a mí se me ocurrió primero.

1 comentario:

McCloudKen dijo...

"Pelones y Homoeróticos" con esto solté una carcajada jajajajaja. Y se nota que el director extraña algo de eso, lo digo por cierta escena. Se deja ver muy bien la película, y si resulta confusa la escena del ataque. Tambien me agrado mucho la dupla del Dr. McCoy y Mr. Spock. Hasta le hicieron su homenaje a Leonard Nimoy y toda la cosa. Al final vale la pena, salí contento del cine y siento que fue dinero bien gastado.