martes, 31 de enero de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXVII





La maldad (México, 2015), de Joshua Gil. Vista en Riviera Maya 2015 -y listada en mi selección de lo peor que vi ese año-, finalmente llega al circuito cultural capitalino esta película de Gil, que muestra los esfuerzos de un anciano con una enfermedad terminal por levantar una película que él escribió basado en la vida de su esposa -de hecho, viaja hasta el IMCINE para conseguir presupuesto. La premisa podía haber servido para realizar una sátira bastante realista sobre un cierto tipo de cine que se hace en México, pero Gil se toma poéticamente todo muy en serio. Demasiado. (+)

El incendio (Argentina, 2015), de Juan Schnitman. Lucía (Pilar Gamboa) y Marcelo (Juan Barberini) son una pareja aún joven -estarán pasando apenas de los 30 años-, no tienen hijos todavía y están a punto de dar un paso importante en sus vidas: van a comprar un departamento. El problema -el primero de varios- es que, al parecer, la compra-venta tiene que ser en efectivo -estamos en Argentina, hay que recordar- y en dólares. El segundo problema es que después de que ambos piden el día para ir al banco y hacer la compra, el trato no se puede cerrar hasta el día siguiente, así que tienen que guardar los cien mil dólares en efectivo en su departamento, mientras el trámite se concreta.
El segundo largometraje -primero en soledad- de Juan Schnitman tiene la premisa y, a veces, la ejecución de un thriller urbano -cierta tensión en el aire, cien mil dólares a la vista, una pistola que aparece por ahí- pero, en realidad, estamos ante algo más cercano a la experiencia cotidiana del espectador. Me refiero a una relación de pareja como cualquier otra, con sus días buenos y sus días malos. El asunto es que El incendio nos muestra un día particularmente malo: 24 horas en las que el estrés por la inminente compra, los problemas en sus respectivos trabajos -ella en un restaurante, él en una preparatoria- y las pequeñas y grandes omisiones -o, a veces, francas mentiras- que suelen ocultarse entre las parejas hacen crisis. Incendian la relación, pues.
Schnitman, su fotógrafa Soledad Rodríguez y su par de espléndidos actores han creado un tenso drama urbano matrimonial en el que las palabras, como suele suceder cuando dos personas han vivido algún tiempo juntos ("Voy a cambiar", "No me provoques") son una batalla alternativa a los gritos, los golpes, las heridas o el franco amor apache que Lucía y Marcelo comparten. Y seguirán compartiendo, como dijo Don Teofilito. (** 1/2)

Luz de luna (Moonlight, EU, 2016), de Barry Jenkins. A través de la vida de un afroamericano en tres etapas vitales claves -su niñez, adolescencia y juventud-, Jenkins nos entrega una sensible crónica de crecimiento, maduración y auto-aceptación final. Una película notable. Mi crítica en el suplemento Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (***)

El matrimonio Loving (Loving, EU-GB, 2016), de Jeff Nichols. El quinto largometraje del inevitable cronista del sur gringo Jeff Nichols es una conmovedora historia de amor que bien podría haberse convertido en un emotivo y emocionante drama liberal de juzgado. Nichols eligió un tono menor narrativo, acaso para serle fiel a su apacible pareja protagónica aunque, en el camino, ha realizado una película que, dramáticamente hablando, nunca termina por elevarse por completo. De cualquier forma, otra cinta valiosa de Nichols. Mi crítica, in extenso, mañana mismo. (**)

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