lunes, 20 de febrero de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXX



Manchester junto al mar (Manchester by the Sea, EU, 2016), de Kenneth Lonergan. El tercer largometraje de Lonergan puede provocar las mayores carcajadas para luego golpear al espectador más desprevenido con una fuerza dramática apabullante. Acaso la cinta más redonda hasta el momento de Lonergan. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado. (***)

Un camino a casa (Lion, EU-Australia-GB, 2016), de Garth Davis. Un chantajista melodrama de Hallmark Entertainment elevado por la producción de The Weinstein Company y por un reparto bastante lucidor. 
La historia no podría haber sido más elemental: un empobrecido niño indio llamado Saroo (notable Sunny Pawar) termina por accidente subiéndose a un tren que lo lleva muy lejos de su hogar, por lo que termina viviendo en la calle hasta que es llevado a un orfanato. Ahí es adoptado por una amable pareja australiana (Nicole Kidman y David Wenham) que lo lleva a vivir al quinto continente. Veinticinco años después, Saroo (Dev Patel) sufre una crisis de identidad y empieza a buscar a su verdadera familia. Lo bueno es que existe Google Earth, que si no... 
Que esta cinta haya sido nominada a Mejor Película en el Oscar 2017 y no los filmes de, digamos, los Coen, Scorsese o Allen (¡o La Bruja, caray!) sería un escándalo si no recordáramos el famoso apotegma robado de Chinatown: "Forget it, Jake. It's the Oscar". (*)

Fragmentado (Split, EU, 2016), de M. Night Shyamalan. No veía una cinta de Shyamalan desde hace casi una década: la fallida El fin de los tiempos (2008). Así debí haberme quedado.
Estamos en alguna ciudad estadounidense, ¿en Filadelfia?, cuando tres adolescentes son secuestradas por un siniestro tipo que las encierra, por supuesto, en algo que parece un sótano. Una de ellas, Casey (Anya Taylor-Joy, la inolvidable jovencita de La bruja/Eggers/2015), es claramente la protagonista, la que enfrentará (¿para terminar salvándose?) al monstruo encarnado por un esforzado James McAvoy.
Pero, ¿quién es el villano? Más bien, ¿quiénes son? Sucede que el tipo de marras sufre de Trastorno de Identidad Disociativa -antes conocido como Trastorno de Personalidad Múltiple-, lo que significa que es habitado por 23 personalidades, que van desde un fanático de la moda hasta un obsesivo compulsivo de la limpieza pasando por un niño de nueve años o una doñita con acento inglés. Aparentemente, el hombre se llama Kevin, pero cada una de sus 23 personalidades no solo tiene nombre propio, sino un carácter específico y -he aquí la propuesta del Shyamalan guionista- hasta una química sanguínea individual. Es decir, siguiendo la discutida tesis de su psiquiatra personal (Betty Buckley), Kevin no solo cambia de acento o de personalidad en cada una de sus 23 encarnaciones sino, incluso, de enfermedades -una de sus identidades es diabética, por lo que tiene que inyectarse insulina- y hasta de fuerza corporal -cuando es niño, puede ser echado a un lado de un empujón, no así cuando es Dennis, el obsesivo compulsivo que además le gusta ver a muchachas bailar en paños menores.
La realidad es que McAvoy hace un trabajo loable para mantener a flote la película, especialmente cuando Kevin -o "la horda", como es llamado el grupo de personalidades que viven en él- tiene a las tres muchachas encerradas y ellas tratan, infructuosamente, de escapar. La funcional cámara de Mike Gioulakis mantiene el encuadre cerrado -close-ups, planos medios- para transmitir la sensación de claustrofobia pero, en el camino, también logra que el filme se vuelva monótono estéticamente hablando.
El final es un poco mejor -los flash-backs en los que vemos la infancia de Casey finalmente tienen algún sentido, especialmente en la última escena en la que aparece Miss Taylor-Joy-, y una última vuelta de tuerca de raigambre marveliana señala que esta película bien podría conectarse en el futuro con la obra maestra de Shyamalan El protegido (2000). Se trata de un guiño que demuestra la franca desesperación del cineasta: con tal de provocar emoción, es capaz de recordarnos que alguna vez hizo buen cine. Y sí, pero fue hace mucho tiempo. (-)

1 comentario:

Champy dijo...

Yo no estoy seguro de irme por Manchester o Moonlight...

Manchester me parece redondita por donde se le vea....confieso que mis carcajadas casi no eran secundadas, pero como la disfruté. Cosa curiosa, mis carcajadas fueron superadas por un tipo (o quizá 2) que como roncaron toda la pelí, hubo un momento en que hasta pareció a propósito que la sala se quedó muda para cerciorarse de los ronquidos....no es de Dios.

Guión estupendo, diálogos refrescantes, Cassey soberbio, Michelle roba escenas y Manchester muy hermosamente retratado.

Pero Luz de Luna al paso de los días se fortalece en mi memoria, la evolución temporal de un núcleo difícilmente mejorará al paso de los años. Ese velo poético del que tanto hablan y fastidio a tantos, a mi me parece un recurso limpio y lindo que hace más digestivo un tema que por su naturaleza sería rechazado antes de verlo...

En Democracia no hay empate, pero si segundas vueltas, creo que las veré por segunda vez ambas, quien quite y me incline por la diestra o la siniestra.

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