domingo, 23 de abril de 2017

62 Muestra Internacional de Cine... en unas líneas



Ya terminó en la Cineteca Nacional la 62 Muestra Internacional de Cine y aquí está la lista de algunas de las cintas que pude ver con un comentario y/o crítica incluida.


Sangre de mi sangre (Sangue del mio sangue, Italia-Francia-Suiza, 2015), de Marco Bellocchio. El incansable Bellocchio nos presenta dos relatos ubicados en el mismo pueblo, en el mismo sitio, separados por varios siglos de distancia. En el primero, una monja es castigada por haber vuelto loco de amor a un sacerdote en el siglo XVII; en el segundo, en la época contemporánea, el convento del primer relato -años después transformado en prisión- es ahora el refugio de un anciano aristócrata que solo sale por las noches. De la meditación sobre el poder de la pasión carnal en una sociedad represiva/reprimida a la regocijante sátira del mundo de hoy, dominado por el dinero... ¡y las facturas! Una encantadora cinta retrógrada que podría haber sido firmada -por lo menos en algunos momentos- por Buñuel. (***)

La chica desconocida (Une fille inconnue, Bélgica-Francia, 2016), de Jean-Pierre y Luc Dardenne. La más reciente cinta de los Dardenne -presentada en Cannes 2016- está centrada en una joven doctora que se siente culpable por no haberle abierto la puerta de su consultorio a una muchacha que luego apareció muerta, acaso asesinada. La policía desconoce hasta el nombre de la muchacha, por lo que doctora empieza a hacer indagaciones en el barrio para ver si alguien sabe algo de ella. Aunque la premisa parece la de un thriller, la resolución del misterio es lo que menos interesa a los Dardennes que, como de costumbre, prestan su mayor atención a las decisiones tomadas por sus personajes. El universo moral de los Dardennes es contingente: cada decisión cuenta, cada acción tiene una consecuencia y la conciencia puede ser un juez implacable. (** 1/2)

Yo, Daniel Blake (I, Daniel Blake, GB-Francia-Bélgica, 2016), de Ken Loach. La más reciente película del eterno cineasta militante Ken Loach, ganadora de la Palma de Oro en Cannes 2016, es un destilado de las preocupaciones éticas y estéticas del Loach de siempre. Mi crítica in extenso, acá. (** 1/2)

La luz incidente (Argentina-Francia-Uruguay, 2015), de Ariel Rotter. Luisa (Erica Rivas), una guapa y joven viuda con dos niñitas en ristre, empieza a ser cortejada por el amable Ernesto (Marcelo Subiotto), quien es el partido perfecto para ella: un hombre maduro, soltero, responsable. El problema es que Luisa no quiere otro hombre en su vida, para desconcierto de su mamá y de su propia suegra, madre del marido muerto. Ambientado en la Argentina de los años 60, espléndidamente fotografiado en blanco y negro, y con un intachable ambientación de época, este minimalista woman's film gana en complejidad por la presencia melancólicamente hipnótica de Erica Rivas. (**)

Bajo la arena (Under sandet, Dinamarca-Alemania, 2015), de Martin Zandvliet. Estamos en las costas danesas, en el fin de la Segunda Guerra Mundial, en un campo para prisioneros alemanes. Los presos de guerra, todos ellos unos jovencitos, son obligados por un oficial danés a acometer una tarea suicida: desenterrar y desactivar miles de minas terrestres colocadas en las playas danesas por el ejército nazi. Un convencional pero efectivo filme anti-bélico, nominado al Oscar 2017 como Mejor Película en Idioma Extranjero. (**)

Sieranevada (Ídem, Rumania-Francia-Croacia-Macedonia-Bosnia y Herzegovina, 2016), de Cristi Puiu. Un maduro doctor rumano -que en realidad ya no ejerce sino vende productos médicos- visita a su familia en Bucarest para conmemorar a su papá, muerto recientemente. En esa tarde, mientras llega el sacerdote a bendecir la comida, la familia extendida entra en eternas discusiones de todo tipo -globales, nacionales, familiares, matrimoniales-, cual muestrario de la eterna crisis de la familia -de cualquier familia- y del país entero -de Rumania, pero bien podría ser México. Esta cinta de Puiu está expertamente realizada y la dirección de actores es impecable, pero la excesiva duración -¡173 minutos!- termina por exasperar. Por supuesto, acaso de esto se trataba. (* 3/4)

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