domingo, 2 de abril de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXVI



El Tiempo Suspendido (México, 2015), de Natalia Bruchstien. La opera prima documental de la argentina emigrada a México y egresada del CCC Bruchstien se acerca al pasado familiar a través del presente. 
Su abuela, Laura Bonaparte, de bien cumplidos 86 años, es una mujer alta que, de joven, uno sospecha, fue muy atractiva. Y, en efecto, en cuanto empiezan a aparecer las fotos familiares, uno lo constata. Laura está ahora en un asilo porque la memoria se le está yendo: no reconoce, a veces, ni a sus propios hijos vistos en las fotos. No sabe cuáles son sus nietos ni bisnietos y pregunta lo mismo una y otra vez.
La paradoja asoma de inmediato: Laura, una de las fundadoras de las Madres de la Plaza de Mayo, perdió a sus tres hijos, desaparecidos por la dictadura argentina -y también a su marido, de quien ya estaba separado cuando ella vivía en México. Es decir, esta brava mujer, que luchó para que nadie olvidara la muerte de sus hijos y de los miles de desaparecidos, ahora lucha para recordar quién es ella. Y como la propia anciana lo dice en algún momento, sin memoria no hay identidad posible. Y ella la está perdiendo.
La nieta Bruchstein cuenta la historia de su abuela sin chantajes de ninguna especie: lo evita la propia personalidad de Laura, con sus arranques de lucidez, con su coquetería innata (se niega a recordar "el amor de su vida", que no fue su marido) y su dignidad inapelable. Al final, este documental no trata tanto de hacerle recordar su pasado a la abuela, sino de no olvidarla a ella ni a lo que queda de su memoria. 
Aunque Laura, en realidad, lo tiene muy claro: al morir ella, morirán también, de alguna forma, sus tres hijos desaparecidos. Ya no habrá quién los recuerde como ella lo hace. Este notable documental es el (¿fatuo?) intento de la nieta para que esto no suceda. No por completo. (** 1/2)

Búmeran (Boomerang, Francia, 2015), de Francois Favrat. Un ingeniero de mediana edad (Laurent Laffite, impecable) regresa al pueblo costero de su infancia, en Noirmoutier, para conmemorar la muerte de su madre, que se ahogó accidentamente hace muchos años. Al regresar al pueblo de su niñez -y a su niñez misma, a través de los recuerdos- descubrirá que lo que recuerda no fue, necesariamente, lo que sucedió. Un decente "filme de papá" que se mueve entre el melodrama familiar y el thriller.  Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (* 1/2)

3 comentarios:

Christian dijo...

Por acá vi La Libertad del Diablo y si salí con el corazón bien apachurrado :(

He ahí la definición de una película cabrona y no jaladas.

Christian dijo...

Y no viste la del Fantasma en la Concha Ernesto? Tsssss ni porque sale ScarJo?

Ernesto Diezmartínez dijo...

Christian: Yo por ScarJo haría cualquier cosa... Digo, CASI cualquier cosa.