viernes, 9 de junio de 2017

La momia (1932)




Ante el estreno de la vilipendiada La momia (Kurtzman, 2017), me di a la tarea de rescatar un texto escrito hace algún tiempo sobre la primera e imbatible versión, La momia (The Mummy, EU, 1932), del gran cinefotógrafo y ocasional cineasta Karl Freund, como sigue:
La momia no es tanto un tradicional “horror-film” sino una suerte de oscura historia de amor. Un malvado sacerdote maldecido y convertido en momia, Im-Ho-Tep (Boris Karloff, ¿quién más?), revive unos cuantos miles de años después (3700, para ser exactos) y se encuentra con la copia fiel de su bellísima amante (Zita Johann, una belleza típica de los 30) por la cual fue condenado a ser embalsamado en vida.
Producida por Universal Pictures –la responsable del desarrollo hollywoodense de los mitos clásicos del horror como Drácula (Browning, 1931), Frankenstein (1931) y, una década después, El Hombre Lobo (Waggner, 1941)-, La momia no tuvo su origen fílmico en alguna tradición cultural/literaria/legendaria –como sí lo tuvieron las tres cintas mencionadas anteriormente- sino en el argumento original de Nina Wilcox Putnam y Richard Schayer, escrito apenas una década después de que la tumba del Rey Tutankamen había sido descubierto y cuando la egiptología estaba de moda en todo el mundo.
Así pues, aprovechándose del furor por las momias y los faraones, además del éxito arrollador de Karloff en su encarnación del monstruo en Frankenstein, la Universal echó al ruedo este pequeño filme que se sostiene aún, 85 años después, gracias a la presencia del siniestro Karloff (magnífico maquillaje del especialista Jack Pierce) y, por supuesto, a la elegante y sugerente puesta en imágenes de Freund quien, aunque no estuvo detrás de la cámara como fotógrafo, había demostrado antes –por los encuadres y la iluminación en Drácula- y lo demostraría después –en una extendida carrera con más de cien filme fotografiados- que lo suyo era la creación de ambientes genuinamente cinematográficos.
El éxito artístico y económico de La momia hizo a Universal producir varias secuelas –ninguna de ellas digna de ser mencionada- y el personaje fue rescatado posteriormente por la británica casa Hammer, en versiones más violentas y decadentes. 
En el nuevo siglo, Hollywood regresó al malvado sacerdote embalsamado con La momia y La momia regresa (Sommers, 2001/2004) -un entretenido díptico que tiene más que ver con las regocijantes aventuras spielbergianas de Indiana Jones que con el sobrio clasicismo de Karl Freund- y, este fin de semana, no con el susodicho sacerdote sino con una maléfica princesa (Sofia Boutella) en la novísima versión dirigida por el debutante Alex Kurtzman, cinta con la que inicia el cacareado "Universo Oscuro" de los monstruos de la Universal. Aunque, al parece, más que oscuro, este universo ha iniciado con una coloración más bien gris. 

2 comentarios:

Teo Calderón dijo...

Hace menos de un año tuve el capricho de revisar este primitivo film sonoro del que hay que destacar (por encima de su más bien tonto argumento) el extraordinario trabajo atmosférico, sugiriendo aires enrarecidos y putrefactos, conseguido por el gran operador llegado del cine expresionista alemán Karl Freund ("METROPOLIS") que en esta ocasión dejaba la cámara para asumir las tareas de realizador. No obstante, salvo algunas secuencias de impresionante resolución como la que describe la resurrrección de la momia, la película llega a resultar estática y aburrida. Eso sí, el gran Boris Karloff tenía aquí una de sus primeras creaciones protagónicas, de esas que dejaban al público de la época con pocos deseos de dormir.
Un saludo.

Ernesto Diezmartínez dijo...

Teo: En efecto, la cinta es muy menor. Es rescatable por la atmósfera que crea a través de su puesta en imágenes y, claro, Karloff. Creo que la relectura de la casa Hammer es lo mejor que se ha hecho sobre La momia. Saludos de retache.