miércoles, 29 de abril de 2009

Aventurera


¿Quién es el autor detrás de Aventurera (México, 1949), una de las cintas más celebradas del cine mexicano dentro y fuera de nuestro país? ¿Su actriz principal, la fiera, desatada, vulgar, ingobernable bailarina cubana mexicanizada Ninón Sevilla (1921-)? ¿Su director, el artesano de buen oficio Alberto Gout (1913-1966)? ¿O su guionista, el inmigrante español, cinecrítico ocasional y capcioso escritor bajo contrato Álvaro Custodio (1914-1992)?

El consenso general es que este último, Custodio, fue la fuerza intelectual detrás de la que es, acaso, la mejor película de rumberas en la historia del cine mexicano. Después de todo, han alegado tanto Emilio García Riera como Jorge Ayala Blanco en sus respectivos e inevitables textos (Historia Documental del Cine Mexicano y La Aventura del Cine Mexicano, respectivamente), el cine que dirigió Gout sin los guiones de Custodio fue más bien pedestre, mientras que Ninón Sevilla sin Gout y sin Custodio, se perdió -con la excepción de Víctimas del Pecado (Fernández, 1951) y Noches de Carnaval (Hernández, 1984)- en una letanía de películas mediocres. La teoría de que Custodio era el del talento se apuntala un poco cuando se revisa la filmografía completa del intelectual hispano vuelto guionista. Entre sus trabajos para el cine -muy contados en realidad: apenas si llegan a diez- se cuenta la desaforada comedia autoparódica También de Dolor se Canta (Cardona, 1950), con un Pedro Infante anteojudo que llega a la capital a convertirse en estrella de cine. Sin embargo, si exceptuamos esta hilarante comedia, la verdad es que el trabajo de Custodio, sin Ninón y sin Gout, tampoco es muy trascendente que digamos.

Entonces, mejor volvamos a reformular las preguntas iniciales en una sola: ¿No será que, en realidad, el éxito de Aventurera no se debe, en exclusiva a un auteur, es decir, a Gout, Sevilla o Custodio, sino al feliz encuentro de esos tres talentos, sumados a las canciones de Agustín Lara, la fotografía de Alex Phillips, el diseño de producción de Manuel Fontanals? ¿No será que estamos ante una obra de equipo, una gran película industrial realizada por un puñado de auténticos profesionales que de esta manera correteaban y alcanzaban muy dignamente la chuleta?... Ah, que bien se siente descubrir el agua tibia.

La cinta inicia en Chihuahua, en el seno de una idílica familia clasemediera que es destruida cuando la mancornadora madre (Maruja -¿o Piruja?- Grifell) engaña al bondadoso padre de Elena Tejero (Ninón), quien ve cómo su papacito se pega un balazo de pura desesperación. Elena, abandonada por la mamá y huérfana de padre, decide viajar a ese hoyo de perdición que, circa 1949, era Ciudad Juárez (ahora, por supuesto, es otra cosa). La pobre Ninón quiere trabajar decentemente (secretaria, mecanógrafa, mucama), pero su puerquecito tentador (diría Brozo) hace que todo mundo enloquezca por ella. Sin dinero y sin trabajo, Ninón se encuentra con Lucio "el Guapo" Saénz (Tito Junco, muy en su papel), un antiguo pretendiente, que la invita a cenar, la emborracha y la vende a la altiva matrona-madrota Rosaura (Andrea Palma, ajadamente señorial), que regentea un cabaret que funciona también como casa de citas (¿o es al revés?). En una serie de vueltas de tuercas cada vez más absurdamente melodramáticas, Ninón terminará casándose con un abogado pirrurris tapatío (adecuadamente blando Rubén Rojo), cuya madre es, nada menos, que la propia Rosaura, quien en la rancia Guadalajara es conocida como "la viuda de Cervera", una de las doñitas más respetadas de esa conservadora ciudad ultracatólica. La venganza de Ninón será cruel, brutal, y no respetará valor social alguno. Como dice la inmortal canción de Lara, Ninón, esa aventurera, venderá caro su amor... y su revancha.

Cuando Gout dirigió Aventurera, el cineasta ya tenía una sólida trayectoria industrial. Se trata, de hecho, de su décimocuarto largometraje, para el cual fue contratado por la casa Calderón con el fin de hacer un vehículo, uno más, para el lucimiento de su actriz exclusiva Ninón Sevilla, quien había trabajado para los Calderón como actriz secundaria desde Pecadora (Morales y Schlieper, 1947) y a la que habían convertido en protagónica desde Revancha (1948), ya dirigida por Gout, aunque sin guión de Custodio. Aventurera tiene los ingredientes industriales perfectos que amarran a la cinta al género cabaretil/rumbero de los años 40/50 del siglo pasado: cinco intermedios cantados (con las voces de Ana María González, Toña la Negra, Pedro Vargas), tres imposibles números musicales (creador por la propia Ninón, nada menos), una historia emblemática de inocencia mancillada por la perversión y un cuadro actoral que, a esas alturas, ya coqueteaba con la leyenda: Andrea Palma, la prostituta que se convirtió en La Mujer del Puerto (Boytler y Sevilla, 1934), la cabaretera a fuerzas que soñaba con despertar en un Distinto Amanecer (Bracho, 1943), es ahora, ya vieja, una desalmada madrota que se disfraza de madre abnegada y viceversa; Miguel Inclán, un siniestro y violento asesino rengo y mudo que, después de olisquear un pañuelo que Ninón llevaba en su pecho, se transforma de terrible cancerbero en fetichista perrito faldero al que sólo le falta mover la cola; y la propia Ninón Sevilla, que nunca fue una actriz muy sutil que digamos pero vaya que nunca lo necesitó: grita destemplada, pela chicos ojotes, ataca con una botella, patea en el suelo al tipejo que se llevó a su mamá, escupe veneno cada vez que ve a su hipócrita suegrita Rosaura, ve a través de su mamá a la que ni en su lecho de muerte perdona, coquetea salazmente con su cuñado adolescente nomás por joder, baila Frenesí en su propia boda nomás para humillar a toda la alta sociedad tapatía y aparece, destrampada, en números musicales/surreales que pertenecen al mundo de la fantasía y del delirio (esa coreografía en donde Ninón se multiplica por seis, por siete... ¿en donde ocurre?, ¿en el cabaret?, ¿en el mundo del cine sin coartada alguna?, ¿en el sueño húmedo de Gout, Custodio, los productores, el público?).

Lo notable es que los tics genéricos más evidentes del cine de rumberas -es decir, las canciones, los bailes, los actores, la escenografía- son fácilmente identificables en Aventurera y no difieren gran cosa de otras muchas -y olvidables- películas más. Lo que hace trascender este filme es, ya lo han dicho otros, la subversiva inversión de los valores morales que propone, su radical negativa a lanzar una moraleja edificante, su voluntad de ridiculizar el mito fílmico de la madre abnegada (es infiel la mamá de Ninón, su suegra es la madrota que vendió su virginidad) y, last but no least, la magnética presencial sensual/sexual de Ninón Sevilla que volvía locos a todos los hombres que aparecen en el filme y que volvió locos a los cinecríticos franceses de Cahiers du Cinéma, que escribieron algunas de las páginas más ardientes que hayan sido dedicadas a cualquier actriz mexicana en esa revista.

Por ejemplo, un tal Robert Lachenay, en Cahiers..., citado por Ayala Blanco en La Aventura del Cine Mexicano, escribió acerca de Ninón: "Mirada inflamada, boca de incendio, todo se alza en Ninón (la frente, las pestañas, la nariz, el labio superior, la garganta, el tono con que se enfada), las perspectivas huyen por la vertical como otras tantas flechas disparadas, desafíos oblicuos a la moral burguesa, a la cristiana y a las demás". Ah, sí: ese Lachenay tan entusiasta se llamaba, en realidad, Francois Truffaut.

25 comentarios:

Paxton Hernandez dijo...

En verdad magnífica esta nueva serie de cine mexicano de la Edad de Oro. Soy fan.

tomasinjaja dijo...

"Vende caro tu amor, aventurera". Extraordinario texto.

Paxton Hernandez dijo...

Por cierto, casi 50 años después, Jacques Rivette alabaría del mismo modo a Elizabeth Berkley en Showgirls.

El Duende Callejero dijo...

A ver, mi estimado, entonces sí hay una diferencia entre ese cine emanado de repetir ad nauseum la fórmula emanada de Santa (1932), de Antonio Moreno, de la que entendía había salido La Mujer del Puerto (1934), de Boytler y Sevilla, que es más de los 30's, y el cuarentero/cincuentero subgénero de las cabareteras, de la que esta película, Aventurera, es sin duda una de sus mejores exponentes.

O a fin de cuentas, el cine cabaretero (que luego acabó mutando, como los bichos anaeróbios porcinos, en el Fichero), es sólo una variante lógica de ese añejo y ahora olvidado cine de pecadoras.

El Duende Callejero dijo...

Ah... Y mea culpa: Santa original es de 1918-19. No recuerdo de quién. Jo...

Diezmartinez dijo...

Paxton: Si, es cierto. Estos franceses tan calientes...

Duende: Son dos cosas diferentes. En Santa, la protagonista, por muy puta que siga siendo es, también, una mujer pura en el alma -chin: qué bien me sale: debo empezar a escribir telenovelas. En cambio, con las cabareteras/rumberas de los 50 -y especialmente con Ninón- el asunto es que la mujer disfruta siendo lo que es. Tiene muy pocos remordimientos, baila desaforadamente, destruye vidas, familias, reputaciones... Mastica hombres y luego los escupe. Sí, creo que son diferentes.

Joel dijo...

Mezclando el asunto de las novelas y las puras vs. las no puras, hace algunos años, por inercia más que otra cosa, me aventé casi todos los capítulos de Rubí, un bodrio de televisa protagonizado por Bárbara Mori. Los curioso es que el personaje no era de las puras sino de las descendientes de Ninón Sevilla. Eso (y que tanto Bárbara Mori como otra muchacha que salía de hermana del galán están como quieren) es lo que me hizo pasable el asunto todo el tiempo que duró.

Diezmartinez dijo...

Ah, sí: Rubí era mala-mala-mala. Más mala que la influenza. Yo leí la novelita de Yolanda Vargas Dulché en mi infancia/adolescencia. La película de Taboada con Iran Eory la he visto en retazos. La telenovela esa no la vi nunca, por desgracia. Lo digo sin ironía porque, a lo mejor, de tan mala resultaba interesante. Y si no, la Mori siempre es interesante, como no.

Joel dijo...

No recordaba que se publicó en Lágrimas y Risas, pero no la leí, a diferencia de otras con heroínas más amables (Rarotonga, Oyuki y otras más que vagamente recuerdo... ¿Gabriel y Gabriela?).
Lo que sí no sabía es que la había hecho en cine Irán Eory. Mmmm... me la imagino con pelo negro. Mmmm...

Joel dijo...

(Por cierto, en una de esas de Lágrimas y Risas que no recuerdo bien a bien es donde leí por primera vez, de niño, la palabra bazofia, que me intrigó lo suficiente para ir al diccionario y tanto me ha servido desde entonces para describir, en corto... bazofias.)

Diezmartinez dijo...

Joel: Rubí la han programado en De Película, pero nunca la he visto completa. Y sí, Irán Eory se ve bellísima de tan malísima. Yo la leí la novela en la misma época que leí Rarotonga. Pero estas historias se repetían continuamente. La leía junto con el Memín y con Kalimán. Mi papá me las compraba. De esas revistas pasé a los libros. Pa' que luego digan que los cuentitos de Vargas Dulché no servían de nada. Ah, y también leía el comic de El Santo. La fotonovela, más bien.

Anónimo dijo...

Extraordinarios textos estos del cine mexicano, ojalá tengamos muchos de ellos...

En relación a Rubí, me parece que la historia ha sido mejor explotada en televisón que en cine. Hace no mucho la vi de nuevo en De Película y se me hizo bastante malita, con todo y la presencia de la bellísima Irán Eory, que por cierto nunca me convenció como villana. En cambio, Aldo Monti me resultó el más creíble de todos los que aparecen en ese churrito...

Y si de Rubí de telenovela se trata, me quedo con la que interpretó Fanny Cano, que mujer tan más guapa...

Saludos
FABIO

El Duende Callejero dijo...

Joder... Ya que andan desbarrancándose en esos menesteres, me saltó una duda casi casi metafísica: luego de la muerte de Tin Tan, o de que dejó de hacer cine ¿Quién la hizo de Tsekub en la serie de Chanoc?

José Alonso Torres dijo...

... Y recordé la famosa frase de El Pantera (el de neta de las historietas no el de Telerisa)cada que iba a antrazos de estercolera reputación.

¡Flor de fango, carne de cabaret, que paguen con diamantes tus pecados!

Ajua.

Mauricio/Mauroforever dijo...

Excelente texto sobre la que es quizá mi película mexicana favorita, y ciertmente una de las más delirantes de la historia. Felicidades Ernesto,muy bien.

Diezmartinez dijo...

Duende: Su hermano, Don Ramón. Luego fueron otros, como un tal Cobitos, que apareció en los 80 como Tzekub.

Mauricio: Saludos y gracias.

Joel Meza dijo...

"... el intelectual vuelto guionista..." ¿O sea que Arriaga tenía razón y el guionismo es una chamba menor, no intelectual?

Diezmartinez dijo...

Bueno, lo que pasa es que Custodio era un inmigrante español que se metió de guionista para sobrevivir. Hasta donde sé, escribía y fue cinecrítico ocasionalmente. El guionismo lo veía, en el mejor sentido del término, como una chamba alimenticia.

Joel Meza dijo...

A mí me gusta más Don Ramón como Tzekub, es igualito al del cuento. Las encarnaciones perfectas fueron:
Chanoc -> Andrés García
Tzekub -> Ramón Valdés

La burla fue cuando ya Chanoc era uno de los hermanos Gurza, los de los animales amaestrados, el malo de la película era el otro hermano (que son igualitos, por cierto, así que uno se preguntaba si el pleito de Chanoc era con su carnal) y el Tzekub era ese que dices, supongo. La neta no me acuerdo.

El Duende Callejero dijo...

Tin Tan no le importaba mucho aparecer de capa caída como Tzekub. Lo recuerdo en una bailando y cantando en un panteón a media mañana (se suponía que era de noche y había espantos). Horrible momento.

Y el que recuerdo entonces fue ese tal "Cobitos". Un viejazo que ni gracia tenía. Entonces sí era Don Ramón...

¿Y qué decir de Chanoc versión Gregorio Casal? Jo.

El Pobresor Gafapasta dijo...

Bueno. Dicen por ahí que la teoría de los autores está parcialmente desfasada. Vale para Buñuel, Hitchcock y muchos otros, pero hay también muchos productos muy reivindicables (por mil razones) cuyo encanto radica en cierta anarquía y cierta casualidad.

Gran texto.
Un saludote.

Diezmartinez dijo...

Así, es profesor. Creo que la teoría sigue valiendo para algunos cineastas: Allen, Cronenberg, los hermanos Coen... Pero, por supuesto, no puede aplicarse a todo mundo todo el tiempo.

El Duende Callejero dijo...

¿Iñarritu? ¿Arriaga?

Diezmartinez dijo...

Mmmm... Supongo que Arriaga. Pero vamos dándole el beneficio de la duda a González Iñárritu. Ya falta menos para ver su cine sin Arriaga.

Joel Meza dijo...

Ah, sí: Gregorio Casal = Chanoc después de la influenza porcina. Y si no me creen, nomás chequen cómo quedó Camacho Solís...
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Lo que dices de González Iñárritu es lo que pensé cuando ví Los Tres Entierros, Ernesto. A mí me gustó lo que evocó el trabajo de Arriaga en otras manos y con otro equipo, cuando Arriaga por Iñárritu en general me ha gustado de poco a nada.
Dicho lo cual, sigo sin ver El Búfalo de la Noche y por supuesto me falta ver El Llano en Llamas.