jueves, 23 de julio de 2009

Revisando a Chaplin/XVII


Esos Males de Amor (Those Love Pangs/The Rival Mashers, EU, 1914), décimo-cuarto filme de Charles Chaplin -en este caso, un one-reeler que, en la versión que conozco, apenas llega a los 13 minutos de duración- no tiene mayor interés que ver a Charlot y a su rival en amores, el gran Chester Conklin, pelearse por las atenciones de tres damitas de muy buen ver (¿dónde conseguía el productor Mack Sennet damiselas tan bellas?). Se encajan tenedores en el trasero, se lían a puñetazos, se patean y, al final, forman parte de una pelea colectiva dentro de una precaria sala de cine. Se nota que esta cinta, realizada para la Keystone de Sennet, fue pensada sobre las rodillas. Eso sí: incluso en su primer año en Hollywood, Chaplin, como intérprete, era todo un maestro en el manejo del slapstick más violento.
Mucho mejor es Charlot y la Sonánmbula (Caught in the Rain/In the Park, EU, 1914), a pesar de que se trata de apenas el segundo filme dirigido por Chaplin. En este modesto one-reeler (la cinta dura 12 minutos), Charlot es un borrachales que, vagando por un parque -uno de los espacios preferidos del primer Chaplin-, molesta al matrimonio maduro formado por Alice Davenport y el infaltable gordazo Mack Swain. Charlot coquetea con la doña -que está más fea que pegarle a Dios en Viernes Santo-, Swain le reclama airado al ingobernable borrachín y todo termina en que los casados se van a su hotel, indignados. Por supuesto, minutos después a ese mismo hotel llegará Charlot a pedir un cuarto, le pisará la enyesada pierna a un desafortunado cliente, coqueteará con unas muchachas, se caerá de las escaleras una y otra vez hasta que, finalmente, llegará a su habitación a dormir la mona. La sonámbula del título será, por supuesto, la señora Davenport que, caminando dormida, se meterá en la cama de Charlot. Cuando el celoso Swain busque a su esposa desaparecida, iniciará la batahola de costumbre.
Chaplin fue un genio para interpretar borrachos y maloras. Aquí es las dos cosas y la mejor escena, políticamente incorrecta, es cuando el borracho grosero y maleducado de Charlot, sin que venga a cuento, tumba de una patada voladora a un anciano enfermo que ya había pisado momentos antes. Por lo demás, se trata de un filme primitivo que, de todas formas, muestra a Chaplin, el casi debutante cineasta, ya provisto de un sexto sentido para darle la debida continuidad a su relato y para montar dentro del encuadre los gags más efectivos. La cinta, junto con Charlot Dentista, ya reseñada antes en el blog, aquí.

PS. Por cierto, Charlot y la Sonámbula tiene el título alternativo en inglés de In the Park. No hay que confundirlo con el filme homónimo que el propio Chaplin dirigió en 1915 para la casa Essanay y que ya reseñé aca.

5 comentarios:

Joel Meza dijo...

No he visto ninguna de las dos. La escena que describes de Chaplin llegando al hotel suena muy parecida al inicio de Limelight, (aunque con descenlace distinto). Supongo que en Limelight Chaplin se puso a hacer un compendio de su carrera, ¿no?

Diezmartinez dijo...

Pues ahora que me he dado a la disciplinada tarea de ver de nuevo todo Chaplin (porque ya lo he visto casi todo de él) es evidente que como cineasta Chaplin tomaba, en sus largometrajes, ideas, escenas, momentos, que había realizado o trabajado antes en sus cintas de corta duración. Hay mucho de El Gran Dictador, Luces de la Ciudad, El Chico, El Circo, Tiempos Modernos, en sus one o two-reelers.

Joel Meza dijo...

Ernesto, ¿y en esta serie incluirás tu reseña de Chaplin, la biopic con Downey Jr.?

Joel Meza dijo...

... desenlace...
Como quien dice, todos sus cortos fueron un entrenamiento para sus largos.

Diezmartinez dijo...

Joel: Pues por ahí tengo la reseña. Deja ver si la encuentro.

Sí, en efecto, sus cortos fueron el escenario de entrenamiento para sus largos. Sólo que algunos de sus cortos, son ya pequeñas obras maestas cómicas. Es interesante ver las cintas del Chaplin de 1914 y 1915 y compararlas con otras de otros comediantes de esos mismos años. El número de planos, emplazamientos y complejidad de los mismos en la obra de Chaplin no es comparable con los de otros comediantes. Claro, a menos que se llame Buster y se apellide Keaton, pocos años después.