miércoles, 17 de marzo de 2010

Guadalajara 2010/Día cinco


Mi día inició con Alitas (México-GB, 2009), cortometraje de 12 minutos de Gabriela Palacios, un modesto filme sobre la relación fraternal de dos hermanitas que viven al lado de su abuela, en algún pueblito mexicano. La niña menor está obsesionada por comprarse unas alitas de ángel y cuando no puede hacerlo, buscará la manera de hacerse de unas. Un ejercicio simpático y nada más.

Somos lo que Hay (México, 2010), de Jorge Michel Grau, recibió algunas de las reacciones más apasionadamente negativas que he visto en el Festival por parte de varios de mis colegas. A mí, la verdad, no me molestó tanto, aunque no dejé de ver la cantidad de problemas que tiene la ganadora del concurso de operas primas del IMCINE y el CCC.

Escrita por el propio cineasta debutante, la película inicia como una versión mexicana de Six Feet Under (el padre muere, la madre se vuelve histérica, los dos hijos y la hija tienen que seguir con la tradición familiar, uno de los muchachos es gay) pero luego se convierte en un viaje gore por El Castillo de la Pureza (Rispstein, 1973), con todo y el incesto incluido. El McGuffin de la trama es que la familia antes descrita es de caníbales y que cazan a quien se deje (niños de la calle, prostitutas, gays) para hacer con ellos un rito que tiene que ver con comérselos literalmente a mordidas. El tono de la película nunca llega a establecerse con claridad, pero las escenas finales de violencia y gore desatados son ejecutadas con un vigor que no son comunes en el cine nacional. Grau sugiere la violencia a través de un competente manejo del encuadre pero también se atreve a mostrar de qué manera le arranca un personaje a otro la nariz a mordidas, hay incisiones de los cuerpos ensangrentados en primer plano y muertitos al por mayor en el desaforado desenlace. En algún momento, la cinta me dio asquito lo que, de alguna manera, quiere decir que funciona.

Lo malo es que la película tiene, también, varios errores de continuidad, los actores son más bien irregulares y la música subraya demasiado lo que vemos en pantalla. De cualquier forma, si Grau se disciplina, puede ser que en su futuro se encuentre una decente película de zombies caníbales.

Muñecas (México, 2010), trabajo de tesis del egresado del CCC, Miguel Salgado, es un corto de 25 minutos de duración que trata el dificil tema del abuso sexual infantil en el seno de la propia familia nuclear aparentemente idílica. Salgado dirige con seguridad y la niña protagonista, Meraqui Rodríguez, es todo un descubrimiento. El desenlace es, creo yo, un tanto cuanto anticlimático pero de todas formas se trata de un sólido ejercicio escolar que merece atención.

En contraste, El Mar Muerto (México, 2010), de Ignacio Ortiz, merece otra cosa que no anotaré aquí porque luego me regaña Paxton por mis exabruptos. En cierta noche trágica, en alguna ciudad de México -evidentemente es Oaxaca-, un grupo de personajes cruzan sus destinos: un boxeador apodado "el asesino de Tlatelolco", un par de hermanas prostitutas llamada María y Magdalena -es en serio-, una mesera que le tiene miedo a todo lo que se mueva, un sacerdote que no quiere aceptar narcolimosnas y que como castigo le mandan una cabeza de "recuerdito", unos cuicos buenos para nada que se llevan patrullando sin intervenir un solo momento y un viejito -que luego sabremos que es papá del boxeador- que vive solo en alguna casucha, expiando sus pecados y tratando de olvidar un crimen bíblico que cometió cuando era joven.

Los personajes son chocantes y lo que les sucede más: el boxeador es orinado en la cara por una muchacha, como castigo, por no ganar su pelea; el cura se lleva a la prostituta Magdalena para "desogarse" y al rato sin decir agua va se cuelga nomás porque sí; el boxeador mata a la otra puta, María, en un arranque de mal guión y cuando Magdalena va tras él para matarlo, le dice que le dispare, que es lo justo, que se lo merece, y le echa un choro tan mareador que Magdalena mejor se pega un tiro ella misma antes de morir de aburrimiento; la mesera se deja violar por el dueño del cafetín, un chino lamentable y lamentador; y mientras todo esto sucede, un grupo neocristero, "Los chichimecas", cortan la luz eléctrica de la ciudad mientras gritan arengas harto trascendentes ("¡Viva Cristo Rey!", "¡Mueran las putas!", "¡Viva el Arcángel Gabriel!", "¡Viva el presupuesto federal que nos permite hacer estas películas que nadie va a ver!").

Al final, todo tendrá sentido (es un decir): las culpas transferidas/aceptadas se develarán cuando el viejito del inicio (Don Mario Almada, nada menos) le confiese a su hijo (al boxeador encarnado por Joaquín Cosío) cierto secreto familiar. Ya libre de esa culpa, el papá será cargado en brazos por el hijo, quien lo levantará en vilo y caminará literalmente sobre las aguas de una laguna oaxaqueña. Que alguien le diga a Sokurov que él no tiene la culpa de esta pedantería monumental. No vaya a ser que se pegue un tiro.

Menos mal que, para quitarme el mal sabor de boca, vi a continuación el vital y muy divertido filme documental Vuelve a la Vida (México, 2009), opera prima en solitario de Carlos Hagerman, pues el cinesta ya había codirigió con Juan Carlos Rulfo esa obra maestra llamada Los que se Quedan (2008).

Vuelve a la Vida surgió de un accidente: Hagerman fue a Acapulco a hacer un documental sobre los tiburoneros y en su lugar se encontró con la leyenda de Hilario Martínez Valdivia, "el Perro Largo", un buzo, nadador, pescador y mujeriego que conquistó, por allá en los años 50, a una despampanante top-model a la que llamaba, de cariño, "La Jirafa". La señora, Robin Sidney, sigue vivita, coleando y contando anécdotas de su marido, que le enseño a bucear a los tres hermanos Kennedy y a Johnny Weissmuller, ahí nomás pa'l gasto.

Hagerman entrevista a Robin, al hijo de ella e hijastro del "Perro" John Grillo, y a los tres hijos de la pareja Robin-Hilario, además de amigos, compadres y demás fauna de acompañamiento de ese hombre cuya idea de festejar el año nuevo era sacar un chico escopetón para tirar balazos a lo baboso, que nomás para demostrar que podía hacerlo cazó una enorme tintorera que tenía asoladas las playas de Acapulco y que ya tenía dos mujeres y ocho hijos antes de conquistar, increiblemente, a esa muñequita de sololoy que fue Robin Sidney de joven.

La galería de personajes es inolvidable y la empatía de Hagerman con ellos no se discute -se ve que algo aprendió con Rulfo-, aunque, al final de cuentas, hay otro gran personaje que termina emergiendo al final del filme. Me refiero a John Grillo, el hijastro de Hilario y coproductor de la cinta, un gringo pecoso "caga-leche" por fuera pero inevitablemente mexicano por dentro, quien llegó a Acapulco a los tres años de edad y que tuvo que aprender a decirle "papá" a ese hombrón moreno, dicharachero, bravucón y alcohólico que, de todas formas, todo mundo recuerda con un cariño que se siente genuino. Vuelve a la Vida podría ganar el Mayahuel a Mejor Documental, si no se estuviera por ahí Perdida (García Besné, 2010), que vi posteriormente, o Presunto Culpable (Hernández y Smith, 2009), que todavía no he visto.

Y a propósito de papás legendarios: Pecados de Mi Padre (Argentina-Colombia, 2009), documental de Nicolás Sentel, es la sentida búsqueda de la expiación y la reconciliación, más allá de la sangre, los rencores y los muertos. El hijo del celebérrimo capo Pablo Escobar, Sebastián Marroquín, decide hablar no sólo frente a la cámara sobre su papá y su familia, sino dar un paso insólito: pedirle perdón a los hijos del Ministro de Justicia Lara Bonilla y el candidato presidencial Galán, quienes fueron las víctimas más famosas de su padre, a mediados y finales de los años 80, cuando Pablo Escobar decidió combatir frontalmente al Estado colombiano.

Ver Pecados de Mi Padre es verse en una especie de espejo deformado: lo que sucedió en Colombia está empezando a suceder aquí en México y a pasos agigantados. Más allá de la enorme carga ética de la cinta -el clímax es el encuentro del hijo del asesino con los hijos de las víctimas-, Pecados de Mi Padre funciona también como un emocionante reportaje histórico, construido a través de un preciso manejo de la información y una sabia elección del montaje.

Más o menos en este mismo tono transcurre Voces del Subterráneo (México, 2009), de Boris Goldenblank, sobre los 65 mineros muertos en Pasta de Conchos, en febrero de 2006. Lo malo es que la película no trasciende más allá de lo que, por desgracia, sabemos: que la compañía Minera México no invirtió en seguridad para sus trabajadores -sale más barato pagar multar y si alguien se muere se le entierra y ya-, que el gobierno de Fox fue cómplice al hacerse pendejo en el mejor/peor estilo de su "¿Y yo por qué?" y que la pérdida de esos 65 hombres dejó una huella imborrable en las madres, esposas, padres, hermanos, que aún hoy luchan por conseguir los cuerpos de sus familiares para darles cristiana sepultura.

El momento cumbre del filme llega al final, cuando una llorosa mamá le dice al retrato de su hijo: "Ya no te voy a llorar en un rincón". Y ustedes saben de lo que es capaz una mujer mexicana -y madre por añadidura- cuando se decide hacer algo.

26 comentarios:

Paxton Hernandez dijo...

Jajajaja. Se confima lo que ya habíamos visto en esa mierda de Mezcal: el Ortiz es el burro que tocó la flauta.

Mi más sentido pésame, Ernesto, por haberte chutado su nuevo bodrio.

El Duende Callejero dijo...

Hey, a pesar de mi religión quiero ver Ciudades Oscuras 2: El Mar Muerto ¿Se estrenará comercialmente? (¡Jo!).

Tyler dijo...

p*ta madre! esa del mar muerto se ve que es una porquería patetica y nefasta!

ya ves Ernesto? con todo esto que cuentas quieres que vea cine nacional?

noooo gracias, paso...

Anónimo dijo...

y cuándo hablarás de DE LA INFANCIA? estaba esperando tu comentario.

Joel Meza dijo...

Esos arranques de mal guión son rete peligrosos.

kolinazo dijo...

Namas te queria pasar a decir que me das un chingo de envidia Ernesto
(con todo y que hayas sufrido ese bodrio de Ortiz cuyo efecto se me hace que estas exagerando jaja pero no puedo saber ya que no tuve chance de ver Mezcal) y que tu cobertura de guadalajara 2010 esta increible; por cierto, porque hubo tan apasionada reaccion negativa contra la cinta gore por parte de los otros criticos??

Diezmartinez dijo...

Anónimo: Apenas la vi hoy. Pero adelanto: es la mejor película de la competencia. Con mucho.

Kolinazo: En realidad, estoy de acuerdo con todo lo que dicen de ella (es muy dispareja, los actores están sin dirección, los tonos de la cinta son diferentes, etcétera). Lo que sucede es que a mí no me molestó del todo: resisto más un intento de película de género aunque sea fallido, que las fallidas pretensiones de Novaro u Ortiz.

Joel Meza dijo...

Te entiendo, Ernesto: me acaba de pasar con Bajo Amenaza, 42 km de angustia, de Christian González. Un mal intento de suspenso, pero al menos no se la pasa uno tratando de adivinar qué quería el autor.

Diezmartinez dijo...

Exacto: Lo que sucede con Mar Muerto o las Hierbas de la señora Novaro es que les da por la poesía y las profundeces. Y como dijera el Filósofo de Güemes: "Está bien que te guste recitar poesías, pero no odas".

Paxton Hernandez dijo...

Además, Joel, ya lo había dicho Patricia Rojas, la esposa del González: 42 kilómetros bajo angustia o no sé qué madre, es una película chafita.

Joel Meza dijo...

Lo que yo digo, Paxton: ya estando ahí, con el equipo, los actores, los técnicos, las tortas, los chescos, etc. ¿Por qué no hacer una película buena en lugar de una mala?

Joel Meza dijo...

¡¡¡Y arriba el pretólio y Tata Lázaro!!!

El Duende Callejero dijo...

Luchemos unios para que PEMEX no caiga en las garras de los que no se cortan las uñas.

Tyler dijo...

jajajajaja

(por aquello de la recitada de poesías)

Tyler dijo...

cual es tu religión Duende? no ver cine mexicano?

me declaro fiel devoto!

jo

Joel Meza dijo...

Ya me imagino a Ernesto, saliendo exhausto de las salas de Guadalajara, después de ver bodrio tras bodrio, checando su correo esperando encontrar una refresacante discusión de altura sobre sus reseñas... y mejor se vuelve a meter al siguiente bodrio.
¡Salud!

El Duende Callejero dijo...

Pues no es esa, pero dentro de sus normatividades o mandamientos sí viene eso. Dicen por aquí que soy el ¿Qué? Sumo no sé qué.

Ah, oigan, entonces por este día no se trabajó el lunes... Dijo el enterado ¿O por qué fue? Ash, con eso de los jodidos "fines de semana no sé qué" uno acaba perdido.

Paxton Hernandez dijo...

Chale. No sé qué es peor. Si el malinchismo de mi tocayo o que los programadores metan cuanto bodrio encuentren sólo porque lo produjo el IMCINE y anexas.

Tyler dijo...

pues es que con esas historias tan "edificantes" que cuenta Ernesto (como la de Mar Muerto) no dan ni tantitas ganas de ver cine nacional tocayo...

cuando se trata de algo bueno si lo veo, por ejemplo, fui a ver 'Los Ladrones Viejos' je

Tyler dijo...

oh pues Joel, estamos aquí intercambiando opiniones a gusto...

jo

Anónimo dijo...

En relalción al cortometraje "Alitas", me parece que el autor del comentario no lo entendió. Fuí a ver "Somos lo que hay" y vi Alitas y debo decir que me sorprendió gratamente. No es un ejercicio modesto.
Es trabajo serio, un corto de gran manufactura, los enfoques de cámara, la fotografía y la luz y el color están muy bien manejados.
El tema, es el problema de cientos de miles, si no de millones, de hogares mexicanos desmembrados por el abandono de los padres, ya sea por la migración en busca de trabajo ya por otras razones. Es una modalidad de desintegración de la familia, que si no es dramática, como la violación o el insesto, no deja de ser grave. Son muchos los niños, los jóvenes qe crecen sin sus padres. niños que deben madurar demasiado pronto, que hacen gran esfuerzo por estudiar y resolver problemas cotidianos y que enfrentan un futuro nada promisorio.
En el corto se presentan varios conflictos, dignos de tener en cuenta por la sociedad: niños y adolecentes que tienen qe enfrentar la vida prácticamente solos, sin el apoyo y la guía de sus padres. Que cuentan con el cariño de la abuela; que no entiende ni siquiera cómo ayudar a juanita a hacer las tareas. De pronto esta buena abuelita nunca fue a la escuela: una gran brecha generacional. Y el trabajo de la buela no alcanza para satisfacer el sueño de una niña! Y talvez pronto ya no pueda trabajar y las dos niñas deban hacerse cargo de ella.
Y es un mundo sin hombres. O mejor, la presencia masculina está en muchacho que trata de besar a la hermana mayor.
Y está el sueño no realizado o realizado a medias: no logra Juanita sus alas blancas. Sacrifica la gallina y hacen las dos unas alas entre grises y cafés, feas. Pero baila, contenta, mientras su hermana mira las luces de la gran ciudad. ¿Otro sueño?
Cuándo nos haremos cargo, tomaremos conciencia como sociedad, de esta dura realidad y la dejemos de como algo intrascendente?
La vida cotidiana vale ser contada, presentada con realismo. No sólo la degradación.
Me decidí a escribr esta nota animada por los excelentes comentarios de Carlos Bonfil, en la Jornada de hoy 21 de marzo, sobre el Festival de Guadalajara.

Diezmartinez dijo...

Anónimo: Gracias por el extenso comentario. Sólo un detalle: creo que es de muy mala educación cuando se discute algo decirle al otro: "no lo entendiste". Es como cuando se insulta al espectador diciéndole que tal cinta es "apantallapendejos" o algo por el estilo (mea culpa: hace muchos años llegué a usar ese término que ahora me avergüenza). Por lo demás, magnífica reseña la que has escrito. Felicitaciones.

PS. Y claro que todo eso lo vi y entiendo la metáfora nada sutil de las "alitas". Simple y llanamente no me entusiasmo tanto como a ti. En lugar de apuntar: "no entiendes lo que yo sí", bien se puede discutir anunciando de antemano: "Difiero de tu visión porque esto, aquello y lo otro...". Vamos, creo que se puede entablar una discusión directa y sana sin llegar al muy mexicano ninguneo.

Anónimo dijo...

No deseaba de ninguna manera ningunearlo. Le presento excusas si asì pareciò y causò ese efecto.
Y le reitero mi opiniòn. Ni el corto es un ejercicio trivial ni los problemas que presenta son anodinos.

Diezmartinez dijo...

Insisto: no he dicho que el corto era trivial ni anodino. Le colgué dos adejtivos que no pueden ser negativos exactamente: simpático y modesto. Distó mucho de molestarme pero tampoco me entusiasmó. Esa es la diferencia entre la lectura mía y la tuya que, por lo demás, es muy rica y pertinente. Ojalá que comentes más, estés o no de acuerdo con el que regentea este blog. Saludos.

Joel Meza dijo...

Ah, discusión. Bien.

El Duende Callejero dijo...

Ehm... Joel, eso no fue discusión ¿No entendiste? Te explicaría, pero... Ehm... Ni yo entendí. Fue algo, sí, pero ya se fue.

El caso real es que Alitas ya la vieron los que la vieron y el resto, quizá jamás. Trate o no "problemas riales" "alegóricos" y demás... La distribución de ese tipo de material es de mala a fantasma. Así que...